¿Qué está pasando?
Ezequiel ha dedicado los últimos 24 capítulos a profetizar acerca del enojo de Dios frente al mal, la idolatría y la opresión en Israel. Pero ahora Ezequiel cambia el blanco de su profecía y apunta a los enemigos de Israel. Ezequiel dice que Amón, Moab, Edom, Filistea, Tiro y Sidón caerán. Cuando Babilonia invadió Jerusalén, estas naciones celebraron la caída de su rival e incluso saquearon la ciudad en ruinas. Isaías profetiza que, una por una, serán destruidas para que algún día Israel pueda volver a casa y nunca más sea dañado por sus enemigos (Ezequiel 28:25-26). Aunque Dios está enojado por el mal de su pueblo, eso no significa que no lo vaya a proteger.
Con malicia, Amón y Moab se regocijaron por la ruina de Israel, así que Ezequiel dice que Dios entregará sus naciones como botín a Babilonia (Ezequiel 25:1-11). Cuando Israel estaba débil, Edom y Filistea vieron su oportunidad de vengarse y lo atacaron en su vulnerabilidad. Por eso Dios dice que vengará a su pueblo y destruirá a estas naciones por el placer que sienten al tomar revancha (Ezequiel 25:12-17). Dios también anuncia que Sidón, el vecino del norte de Israel, caerá (Ezequiel 28:20-24). Ezequiel termina cada uno de sus oráculos contra los enemigos de Israel diciendo que, en su destrucción, Dios demuestra que es fiel a Israel (Ezequiel 25:7, 11, 14, 17; 28:24). Aunque Dios está enojado por el mal en Israel y Babilonia lo ha conquistado, Dios no ha olvidado que los israelitas siguen siendo su pueblo.
Ezequiel dirige la mayor parte de su condena a la ciudad isleña de Tiro. Es probable que Tiro reciba una atención especial porque se había vuelto extremadamente rica y poderosa por medio del comercio y la navegación. Además, el rey de Tiro cree que es un dios y que es invulnerable a la campaña militar de Babilonia y al juicio de Dios (Ezequiel 28:1-5). Así que Dios promete convertir su reino insular en una roca desnuda en medio del mar (Ezequiel 26:1-21). Anticipando esta destrucción, Ezequiel escribe dos lamentos fúnebres: uno para ser leído sobre la futura tumba de la nación de Tiro, y otro para ser leído sobre el rey. En el primero describe a Tiro como un lujoso barco mercante lleno de tesoros y tripulado por un grupo diverso de marineros, comerciantes y mercenarios (Ezequiel 27:1-24). Pero, cargado de mercancías y de personas, el barco de Tiro se hunde hasta el fondo del océano (Ezequiel 27:25-36). En el segundo lamento, Ezequiel exalta satíricamente al rey de Tiro antes de describir su trágica caída (Ezequiel 28:6-19). El propósito de estos lamentos es demostrar una vez más que Dios sigue siendo leal a su pueblo. Incluso en su desobediencia, Dios no lo ha olvidado y ha salido a la batalla contra sus enemigos.
¿Dónde está el evangelio?
Aunque estos oráculos son contra naciones orgullosas, son a favor de un Israel destruido. Cada profecía demuestra que Dios no ha olvidado a su pueblo en el exilio. Aunque Israel ha abandonado a Dios, Dios está peleando y conquistando a los enemigos más antiguos de Israel. Pero la derrota de los enemigos de Israel por medio del ejército de Babilonia era solo el comienzo. Con el tiempo, Dios enviaría a su Hijo, Jesús, a hacer guerra contra enemigos más grandes, más parecidos a dioses y más orgullosos que Tiro.
Cuando todavía éramos desobedientes y desleales a Dios, nuestros enemigos antiguos, Satanás y la Muerte, saquearon nuestras vidas e intentaron devorarnos como los enemigos de Israel (Génesis 4:7; Santiago 1:14-16). Pero en su amor por nosotros, Jesús salió a la batalla contra ellos y entregó su vida para librarnos de su poder. Jesús humilló y avergonzó el poder de Satanás y de la Muerte cuando resucitó de la tumba (Colosenses 2:15). Nuestros enemigos más antiguos ya no son una amenaza para nosotros. El juicio de Dios sobre la Muerte y el Pecado demuestra que Dios sigue peleando por nosotros. Podemos volver seguros a nuestro hogar con Dios y saber que ellos no volverán a dañarnos. No importa cuán desobediente o cuán lejos de Dios creas que estás: Jesús no te ha olvidado. Al contrario, ha peleado y ha muerto por ti.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos y veas al Dios que es leal cuando nosotros no lo somos. Y que veas a Jesús como aquel que ha derrotado a nuestros enemigos por medio de su muerte.

