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devocional

Salmo 94

El Dios que venga

En el Salmo 94 vemos que Jesús es el protector y el vengador de los débiles.

¿Qué está pasando?

El salmista está indignado por la injusticia que lo rodea y quiere que Dios ajuste cuentas. Los malvados acechan a los inocentes, y los fuertes aplastan a los débiles. Frustrado, el salmista clama a Dios para que ponga fin al mal en el mundo y rescate a los oprimidos (Salmo 94:1-2).

El salmista pregunta hasta cuándo Dios se quedará de brazos cruzados mirando cómo la impiedad acecha a sus compatriotas. Quiere que Dios acabe con la risa arrogante de quienes se jactan de sus campañas para aplastar a los vulnerables (Salmo 94:3-4). Ellos degüellan a las viudas, matan a los extranjeros y asesinan a los huérfanos. Aplastan al pueblo de Dios con su violencia (Salmo 94:5-6). Con orgullo afirman que Dios ni los oye ni los ve, así que pueden hacer lo que les plazca (Salmo 94:7). El salmista no puede soportar la injusticia que esto le hace a su pueblo ni la burla que hace de su Dios.

El salmista advierte a los asesinos que afirman que Dios es ciego y sordo que el juicio se acerca. Dios no es ciego, Dios no es sordo a su mal, sino que conoce plenamente sus crímenes y sus pensamientos (Salmo 94:8-10). Dios lleva registro de los crímenes que han cometido y de los que aún están por cometer. El mundo entero está bajo la jurisdicción de Dios, y él se ocupará de la injusticia que ve y de la opresión que oye (Salmo 94:11).  

Luego el salmista se dirige a los oprimidos y los anima a confiar en Dios, quien ve su dolor y oye su clamor (Salmo 94:12-14). Dios es el protector y el vengador de los débiles. Sus leyes existen para su seguridad y su florecimiento (Salmo 94:20). Dios protegerá a su pueblo y castigará a los impíos (Salmo 94:16-17). Hará que el mal de los opresores se vuelva contra ellos mismos (Salmo 94:13-14, 21). Para quienes siguen sus leyes, él es como una fortaleza a la que pueden correr en busca de refugio ante los que se juntan contra ellos (Salmo 94:22). En su amor, calmará sus corazones angustiados mientras esperan que la justicia caiga sobre sus enemigos (Salmo 94:18-19, 23).

¿Dónde está el evangelio?

Aun cuando el alivio del mal parece tardar, Dios promete rescatar y vengar a los oprimidos (Salmo 46:7-9). Quienes acechan a los marginados deben tomar en serio esta advertencia: la aparente falta de consecuencias no significa que Dios apruebe sus crímenes. Dios ve todo el mal, y sus leyes de justicia no cambian con los tiempos. En última instancia, él se ha ocupado de la injusticia enviando a Jesús.

Jesús es el protector y el vengador de los débiles. Vino a poner fin a la violencia en el mundo. A lo largo de su ministerio, Jesús pasó tiempo con los marginados, sanando sus heridas y diciéndoles que su Reino pondría fin a la injusticia y al sufrimiento (Lucas 4:40-44). Jesús estaba familiarizado con la debilidad; oyó su clamor y vio su opresión (Marcos 1:32-34). Prometió a los oprimidos refugio en él mismo mientras entraba en batalla a favor de ellos contra la injusticia que los oprimía.

Jesús se ocupó del mal de los opresores de su pueblo haciendo que se volviera contra ellos mismos. Jesús permitió que lo condenaran a muerte en un juicio manipulado (Mateo 26:59-60). El vengador de los débiles permitió que la injusticia lo devorara. Para todos los que miraban, parecía que Dios estaba ciego a la opresión de Jesús y sordo a su clamor (Mateo 27:46-50). Pero Dios resucitó de la tumba al inocente Jesús. Los planes de la injusticia y del mal se volvieron contra ellos mismos. Jesús desarmó el arma máxima del mal, la muerte, y demostró que Dios salvará a cualquiera que clame a él pidiendo ayuda. Gracias a Jesús, ninguna barrera puede impedir que Dios vea y oiga el clamor de su pueblo (Romanos 8:38-39). Su resurrección también prueba que Jesús vendrá otra vez y juzgará el mal de manera plena y definitiva (Hechos 17:31). Un día, Jesús vendrá otra vez para aniquilar todo mal y toda impiedad (Apocalipsis 22:11-12). Jesús conoce el dolor de la opresión, y él le pondrá fin (1 Pedro 5:10). Cuando Jesús vuelva, la justicia y la rectitud llenarán la tierra, y no quedará rastro del mal (Apocalipsis 21:4-5). Así que deja que Jesús calme tus ansiedades, recuerda su resurrección y clama a él pidiendo ayuda.

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que venga a los oprimidos. Y que puedas ver a Jesús como aquel que viene en justicia para castigar a los impíos y rescatar a sus víctimas de sus manos.

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