¿Qué está pasando?
Los Salmos 111 y 112 son gemelos literarios. El Salmo 111 alaba el buen carácter de Dios, y el Salmo 112 alaba al hombre dichoso que refleja el buen carácter de Dios. Ambos salmos comparten la misma estructura hebrea, donde cada línea comienza con una letra del alfabeto hebreo, para mostrar cómo el hombre dichoso llega a ser como Dios al hacer lo que él hace.
El Salmo 111 alaba a Dios por las obras que ha hecho a favor de su pueblo (Salmo 111:1-3). Dios rescató a Israel de la esclavitud en Egipto, lo alimentó en el desierto, lo hizo su pueblo y lo llevó a una tierra nueva. Dios obró poderosamente en el mundo para hacer de Israel su pueblo. A Israel se le dijo que recordara estas obras maravillosas y se deleitara en ellas, porque revelan cómo es Dios. La rectitud de Dios es eterna, es decir, él nunca deja de poner el mundo en su orden recto y bueno (Salmo 111:4). Dios siempre está alimentando a los que tienen hambre, liberando a los esclavos de la opresión y restaurando la relación recta entre los seres humanos y él mismo (Salmo 111:5-9). Las obras de Dios no solo nos muestran quién es él, sino también quiénes quiere que sean los seres humanos. Por eso, la persona sabia verá las obras de Dios y hará como él hace, mientras que la persona impía odiará las obras de Dios y se negará a hacer como él hace (Salmo 112:10).
Luego, el Dios del Salmo 111 se ve reflejado en el hombre dichoso del Salmo 112 (Salmo 112:1). Esta imagen humana de Dios hace las mismas obras que Dios hace. Como Dios, este hombre alimenta al hambriento y da al necesitado. Como Dios, nunca deja de poner el mundo en su orden recto y bueno. Como Dios, es clemente y compasivo con los demás (Salmo 112:4). Como Dios, usa generosamente sus riquezas para ayudar al pobre (Salmo 112:5,9). Y como Dios, sus obras son recordadas y celebradas con deleite (Salmo 112:6,7). Dios ha obrado poderosamente en el mundo para hacer de Israel su pueblo. Ahora obra poderosamente a través de su pueblo para actuar en el mundo.
¿Dónde está el evangelio?
Desde el principio, Dios creó al hombre a su propia imagen. Como la imagen de Dios, el hombre debía ser como Dios en el mundo. Pero los seres humanos no se deleitaron en la rectitud de Dios y por eso no la reflejaron en el mundo. En lugar de poner el mundo en su orden recto y bueno, la humanidad desordenó el mundo con su impiedad.
Pero el Dios que nunca deja de poner el mundo en su orden recto y bueno vino a reordenar su imagen en la humanidad. Jesús es los Salmos 111 y 112 hermosamente unidos en Dios y hombre (Colosenses 1:15-20). Dios vino en la imagen del hombre para restaurar la imagen de Dios en el hombre. Jesús nos mostraría cómo ser humanos de nuevo.
Como la imagen de Dios, Jesús es como los seres humanos debían ser (1 Pedro 2:21). Jesús alimentó al hambriento, dio generosamente al necesitado y liberó a los que estaban esclavizados a la impiedad. Jesús restauró a la humanidad a la imagen que Dios había querido para ella. Dondequiera que veía a la humanidad quebrantada y mutilada, la restauraba a su orden recto y bueno. Jesús restauró manos atrofiadas, ojos ciegos, piel leprosa, piernas paralizadas y cadáveres (Marcos 1:40-42; 3:5; 5:41-42). Jesús sanaba la imagen humana por donde iba.
Al final, él no solo realineó nuestros cuerpos dañados, sino que restauró nuestra imagen dañada. Porque Jesús unió perfectamente la imagen de Dios con la humanidad, él puede restaurar la imagen de Dios en nosotros cuando somos unidos a él. Tal como el Salmo 111 nos invita a hacer, recordamos las obras y la imagen de Jesús y nos deleitamos en ellas (Juan 14:21). Y como muestra el Salmo 112, cuando hacemos esto, llegamos a ser como él al hacer lo que él hace. Por eso la iglesia es llamada el cuerpo de Jesús en el mundo (Colosenses 1:24). Jesús ha obrado poderosamente en el mundo para hacernos su pueblo. Ahora obra poderosamente a través de su pueblo, la iglesia, para reflejar su imagen y hacer sus obras en el mundo.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para que veas al Dios que nos hizo para ser como él. Y que veas a Jesús como aquel que se hizo como nosotros para hacernos como Dios.

