
Practicar los dones espirituales con amor: una lección de 1 Corintios
El amor jamás se extingue
Quizá te sean familiares las palabras de Pablo en 1 Corintios 13: «el amor es paciente, es bondadoso» y «el amor jamás se extingue», porque a menudo se leen en las bodas. Pero este capítulo no trata en absoluto del matrimonio. Pablo les está hablando a los corintios sobre cómo deben usar sus dones espirituales.
Así como el cuerpo de una persona está formado por muchas partes que tienen distintas capacidades, Pablo dice que Dios les había dado a los creyentes de Corinto diferentes dones y capacidades espirituales con los cuales podían apoyarse y amarse los unos a los otros (1 Corintios 12:27-28). Pero algunos de los corintios habían empezado a creerse espiritualmente superiores porque practicaban un don bastante especial: hablar en idiomas que nunca habían aprendido. Y para colmo, cuando ejercían ese don, ¡nadie podía entenderlos! En resumen, los dones que Dios le había dado a la iglesia para su unidad, los corintios los estaban usando para su división.
La respuesta de Pablo a toda esta competencia y afán de superioridad fue decir que ninguno de estos dones vale nada si no se ejerce con amor. Dice que si con su don de lenguas no ama a su hermano en Cristo, entonces no importa si puede cantar en todas las lenguas del Cielo y de la Tierra; no es más que ruido (1 Corintios 13:1). De igual manera, si el don de profecía no se usa para amar a los demás, ese don no significa nada, por maravillosa que sea la revelación (1 Corintios 13:2). El amor está destinado a edificar el cuerpo de Cristo, así que los creyentes deben usar sus dones con ese fin.
Por eso Pablo dice que el amor es paciente, no competitivo. El amor es bondadoso, no grosero. El amor no es jactancioso ni busca promoverse a sí mismo. Los dones espirituales ejercidos con amor no humillarán a los demás ni promoverán el pecado, sino que protegerán a los demás y promoverán la verdad (1 Corintios 13:4-7). Si los corintios se concentran en amarse unos a otros, entonces usarán sus dones como Dios lo quiso y alcanzarán el propósito por el cual Dios se los dio: la unidad. Por eso Pablo señala que, en última instancia, el amor perdurará más que todos los alardes espirituales.
Así que las palabras de Pablo no son solo para las parejas de casados el día de su boda, sino para cada creyente, cada día. Dios le ha dado al cuerpo de Cristo diversos dones para que se edifiquen unos a otros en amor.
