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devocional

Jeremías 23:9-40

Dios defiende su Palabra

En Jeremías 23:9-40 vemos que no tenemos razón para temer a los falsos maestros y profetas de nuestro tiempo, porque el verdadero maestro y profeta, Jesús, está sentado en el Cielo.

¿Qué está pasando?

En los días de Jeremías, el oficio de profeta de Dios estaba corrompido. La posición privilegiada del profeta de Dios estaba ocupada por gente adúltera, malvada e injusta que presumía hablar de parte de Dios cuando él no había hablado. Por lo que sabemos, solo queda un buen profeta: Jeremías. Y Dios lo ha comisionado para condenar a los falsos profetas de Israel, defender su palabra y anunciar el juicio venidero de Dios contra ellos y contra su presunción (Jeremías 23:9-12). 

En un repudio público de los falsos profetas de Judá, Jeremías reconoce que siempre ha habido profetas infieles. Pero los que ahora están en Judá son excepcionalmente malvados. Peores que los falsos profetas que los precedieron, los profetas de Jerusalén afirman hablar de parte del Dios verdadero, solo para mentir en su nombre y dar justificaciones religiosas a su maldad (Jeremías 23:14). Para Dios, los profetas de Jerusalén son peores que las ciudades de Sodoma y Gomorra, que él redujo a cenizas. Jeremías dice que estos profetas no deben esperar nada menos que el mismo tipo de juicio (Jeremías 23:15).

Los habitantes de Israel también deben rechazar las profecías de estos falsos profetas y escuchar a Jeremías. Dios ha decretado que el juicio y la devastación están en el horizonte, y a pesar de lo que dicen sus líderes, nada detendrá esto (Jeremías 23:16-17). Solo Jeremías tiene las palabras de Dios en su boca, y los días venideros pronto demostrarán que tiene razón (Jeremías 23:18-20). Además, los profetas que ahora asesoran a los reyes de Judá han abandonado una y otra vez las leyes de Dios, han avalado la idolatría y han justificado la maldad. Judá debe rechazar sus palabras y aceptar las palabras de Dios en boca de Jeremías (Jeremías 23:21-22).

Para Jeremías, estos falsos profetas y sus profecías son como paja, y la palabra de Dios es fuego. Y Dios ha comisionado a Jeremías para defender su palabra y quemar sus falsedades hasta borrarlas de la mente del pueblo de Dios (Jeremías 23:25-31). Dios tiene un solo mensaje para estos falsos profetas: el juicio y el exilio se acercan. Todos los que pretenden ser profetas deben dejar de hablar de inmediato, porque esta es la última palabra que Dios les dirigirá jamás (Jeremías 23:33-40). 

¿Dónde está el evangelio?

En toda época hay falsos profetas y maestros que afirman hablar de parte de Dios, pero hacen la vista gorda ante el mal y desechan el juicio de Dios. La mayoría de las cartas del Nuevo Testamento tratan con algún tipo de sucesor espiritual de los falsos profetas mencionados en Jeremías. Podemos sentirnos impotentes al ver cómo cada vez más maestros en quienes una vez confiamos abandonan la Palabra de Dios cuando cambian los vientos culturales o cuando cambian las personas en el poder. Pero Jeremías nos da esperanza. Ningún falso profeta permanecerá para siempre. Dios siempre defiende su palabra, y la falsa enseñanza se marchita cuando se anuncia la palabra de Dios. Al final, Jeremías demostró que los falsos maestros estaban equivocados cuando sus profecías se cumplieron y Judá fue llevada al exilio. Dios defendió sus palabras en boca de Jeremías haciendo que se cumplieran. 

Pero Dios ya no nos habla por medio de profetas como Jeremías, porque nos ha hablado de manera más plena y definitiva en su Hijo, Jesús (Hebreos 1:1-4). Como a Jeremías, a Jesús se le opusieron líderes religiosos y falsos profetas que no creían que él había venido a derribar su corrupción (Juan 2:19-22; Lucas 19:45-47). Pensaron que, matando a Jesús, podrían impedir que sus profecías se cumplieran. Pero no fue así. Jesús resucitó de su exilio en la tumba, tal como lo había profetizado. Dios defendió su Palabra; la historia demostró que Jesús tenía razón, y él destruyó las mentiras de sus enemigos.

Dios siempre defiende su Palabra. La Palabra de Dios siempre es victoriosa sobre las mentiras de nuestro momento cultural. La Palabra de Dios siempre lleva ante la justicia a quienes presuntuosamente afirman hablar de parte de él. Como el fuego quema la paja, la Palabra de Dios siempre vencerá a las mentiras. No tenemos razón para temer a los falsos maestros y profetas de nuestro tiempo, porque el verdadero maestro y profeta, Jesús, está sentado en el Cielo. Y él siempre defenderá perfectamente su Palabra y a su pueblo de las mentiras que los atacan. No necesitamos temer las mentiras de afuera, porque Jesús —la Palabra y la Verdad de Dios— vive para siempre.

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que defiende su Palabra. Y que veas a Jesús como el profeta supremo que juzga a todos los que hablan falsamente.

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