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devocional

Salmo 119

Llegar a ser como Jesús por medio de su Palabra

En el Salmo 119 vemos que Jesús es la Palabra que revela a Dios plenamente, para que podamos llegar a ser como él mientras nos conforma a su imagen.

¿Qué está pasando?

El Salmo 119 destaca por su extensión, pero también armoniza con todo el Salterio, pues resalta en cada línea la idea central del libro. El libro de los Salmos comienza proclamando que quienes se deleitan en Dios son dichosos y bendecidos, mientras que quienes lo rechazan mueren en su impiedad (Salmo 1). Dios revela cómo es él para que su creación lo imite, caminando por la senda justa que lleva a la vida: la vida misma que Dios posee, llena de plenitud, bondad y gozo. El autor del Salmo 119 anhela participar de esa vida.

Él declara que la vida y la plenitud que desea son inseparables del conocimiento de las palabras de Dios (Salmo 119:1-2, 40, 50, 77). La conexión entre la palabra de Dios y la vida de la creación se remonta al mismísimo principio. Allí, Dios habló al mundo sin forma e infundió vida en todo el cosmos (Génesis 1:1-26). Y la revelación de las palabras y las obras de Dios sigue sosteniendo toda la creación (Salmo 119:89-91). Apartarse de ella sería separarse de la vida misma (Salmo 119:92-96).

Dado que la revelación de Dios está ligada a la vida de Dios, el deseo más profundo del salmista es conocer y reflejar el carácter de Dios (Salmo 119:16, 52, 171-172). Su hambre de Dios supera con mucho cualquier otro anhelo (Salmo 119:14, 72, 103, 127, 162). Pero simplemente conocer acerca de la vida de Dios sin ser transformado por ella lo aplastaría (Salmo 119:5, 10, 116). Por eso le ruega a Dios que lo ayude a guardar y obedecer, a caminar fielmente en los caminos de Dios (Salmo 119:12, 68, 135, 169). 

Su deleite en lo que deleita a Dios da lugar a una pasión igual y opuesta: aborrecer lo que Dios aborrece (Salmo 119:53, 126). Probablemente canta esta oración desde el exilio, rodeado de quienes se oponen a Dios (Salmo 119:23, 51, 61, 157, 161). Detesta la impiedad que oprime a su pueblo (Salmo 119:104, 113, 136). Sin embargo, se aferra a Dios, confiando en que Dios le dará vida en medio de la muerte (Salmo 119:8, 17, 25, 134, 143). El salmista incluso ve la opresión que sufre como un medio para moldearlo más a la semejanza de Dios (Salmo 119:67, 71). Al final, confía en que los impíos, a medida que se parecen cada vez menos a Dios, serán entregados cada vez más a la muerte (Salmo 119:78, 149-151, 155).  

El salmista se consagra a buscar el conocimiento de Dios por todos los medios posibles. Nombra la revelación de Dios en sus muchas formas: palabras, leyes, mandamientos, maravillas, decretos justos, caminos y estatutos. Cada aspecto importa: las palabras que Dios ha hablado, sus obras milagrosas, sus promesas a Israel y los caminos justos por los que se relaciona con su pueblo. El salmista se esfuerza por conocerlo, atesorarlo y encarnarlo todo (Salmo 119:9, 11). Medita continuamente en la revelación de Dios, de día y de noche (Salmo 119:15, 48, 55, 148). Habla y canta de ella para sí mismo y para otros (Salmo 119:54, 147, 164). Deja que gobierne su vida (Salmo 119:30, 44, 57-60, 105-106, 112). Toda su existencia está orientada a conocer a Dios y a llegar a ser como él, porque sabe que ese es el único camino a la vida verdadera.

¿Dónde está el evangelio?

Puesto que Dios es la vida misma, llegar a ser como él es participar de la vida: bondad, gozo y plenitud. Apartarse de él es participar de la muerte: impiedad, corrupción y futilidad. Sin la autorrevelación de Dios y sin su obra transformadora en nosotros, seguimos caminando por la senda de los impíos, acercándonos cada vez más a la muerte. 

La buena noticia es que Dios nos ha mostrado plenamente cómo es él en la persona de Jesús. Jesús es la Palabra que dio vida a la creación (Juan 1:1-4). En Jesús, la revelación de Dios que da vida se hizo carne, para que Dios y su vida pudieran ser vistos y conocidos (Juan 1:14). Jesús encarna las palabras, las obras y los caminos de Dios. Cuando vemos a Jesús, vemos a Dios (Juan 8:19; 12:45). Ni un solo detalle de la gloria o la naturaleza de Dios falta en Jesús (Hebreos 1:3). En él, el Dios que es vida se ha revelado para que participemos de su vida (Juan 17:3). 

En Jesús vemos la vida verdadera y la plenitud en medio de la muerte y la impiedad. En Jesús vemos la misericordia, el perdón, la humildad y la compasión de Dios. En Jesús vemos el cuidado de Dios por los pobres y los marginados, su bondad perfecta y su sabiduría infinita, y su disposición a recibir a todos los que se acercan a él. En Jesús vemos el desprecio de Dios por la muerte y por todo el mal que la causa. En la cruz, el Dios de la vida muere para revelar las profundidades de su amor. Y en la resurrección, su poder derrota a la muerte. En el triunfo de Jesús sobre el sepulcro, toda oración del salmista encuentra su respuesta: Dios es capaz de levantar a su pueblo de la muerte y enseñarle su camino de vida. 

Dios se nos reveló en Jesús para que Jesús pudiera ser revelado en nosotros. Así como el salmista anhelaba conocer a Dios y llegar a ser como él, nosotros anhelamos contemplar a Jesús para llegar a ser como Jesús (2 Corintios 3:18; Colosenses 3:10). Jesús se nos revela continuamente y nos moldea por medio de sus palabras y sus obras en las Escrituras, por su Espíritu y por medio de su Iglesia (Filipenses 3:20-21; 2 Pedro 1:3-4). Ahora, como el salmista, nos consagramos a buscar el conocimiento de Jesús por todos los medios posibles (Filipenses 3:12-14; 2 Timoteo 4:7-8). Incluso nuestro sufrimiento sirve, en última instancia, para hacernos semejantes a Jesús (Romanos 8:17-18; 1 Pedro 2:19-21). Y un día Jesús volverá y se revelará plenamente a toda la creación (Hechos 1:10-11; Apocalipsis 1:7; 21:1-5). Cuando eso ocurra, seremos totalmente transformados a su imagen para participar de su vida para siempre (Colosenses 3:4; 1 Juan 3:2). 

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que se revela por medio de sus palabras y sus obras. Y que veas a Jesús y llegues a ser como él, mientras te conforma a su imagen. 

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