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devocional

Santiago 1

La sabiduría de Jesús

En Santiago 1 vemos que Jesús ha escogido el sufrimiento como el camino por el cual crecemos, maduramos y vivimos para siempre.

¿Qué está pasando?

El autor de la carta de Santiago es el hermano de Jesús. Mientras su hermano vivía, Santiago pensaba que Jesús y sus enseñanzas eran una locura (Marcos 3:21). Pero ahora Santiago relata las enseñanzas de Jesús con el estilo del libro de Proverbios de la Biblia hebrea. Santiago pasó de ver a su hermano como un loco a presentarlo como el hombre más sabio de la historia del mundo. 

La carta de Santiago está dirigida a «las doce tribus en la dispersión» (Santiago 1:1). Es a la vez una alusión a las doce tribus de Israel que fueron llevadas al exilio en Babilonia y una referencia a los doce discípulos de Jesús, que ahora hacen discípulos de la sabiduría de Jesús por todo el mundo (Mateo 28:19-20). Santiago escribe a todos los seguidores de la sabiduría y la enseñanza de Jesús, sin importar de dónde vengan.

La sabiduría de Jesús, en boca de Santiago, comienza reconociendo que la vida es un conjunto complejo de pruebas diseñadas para producir una fe genuina que persevera bien en el sufrimiento (Santiago 1:2-3). Eso es así porque la sabiduría de Jesús consiste en que después del sufrimiento, la humillación y la muerte siempre hay resurrección. Cuando perseveramos en las pruebas, podemos estar seguros de que nos harán maduros, íntegros y completos (Santiago 1:4). Como seguidores de Jesús, debemos abrazar esta sabiduría con gozo, aunque sea difícil de aceptar. 

Pero Dios dará generosamente la sabiduría de que la muerte precede a la vida a todo el que se lo pida de corazón (Santiago 1:5-8). Los que ahora están siendo levantados de su humillación pueden celebrar que son prueba viviente de la sabiduría de resurrección de Jesús (Santiago 1:9). Y los que ahora están siendo humillados también pueden celebrar. Sus vidas quizá estén tan quemadas y muertas como la hierba a finales del verano, pero Dios promete restauración y vida si perseveran en su prueba (Santiago 1:10-12).

Cuando las pruebas son intensas, nos sentimos tentados a sobrellevarlas cediendo a nuestros deseos más oscuros, y luego a culpar a Dios por habernos puesto en camino al fracaso. Pero Dios es demasiado bueno para ser tentado o para tentarnos a fracasar (Santiago 1:13). Dios no desea el desastre para nadie. Nuestros deseos son solo eso: nuestros (Santiago 1:14). Puede que Dios nos ponga a prueba, pero sus pruebas no tienen como fin matarnos. Están diseñadas para darnos vida (Santiago 1:18). Somos tentados por nuestras propias complacencias mortales, porque Dios solo hace bien a su pueblo (Santiago 1:15-17).

¿Dónde está la buena noticia?

En Jesús, el sufrimiento garantiza la resurrección. No necesitamos complacernos, darnos atracones ni automedicarnos para escapar del sufrimiento, porque Jesús ha escogido el sufrimiento como el camino por el cual crecemos, maduramos y vivimos para siempre. Antes de morir, sufriremos. Y seremos tentados a culpar a Dios por la oscuridad que el sufrimiento revela en nosotros. Pero esos momentos están diseñados por Dios para darnos vida. En esos momentos debemos elegir no solo escuchar la sabiduría del sufrimiento y la resurrección de Jesús, sino actuar como si fuera verdad (Santiago 1:22). Debemos aceptar nuestra humillación, nuestra pobreza o nuestro sufrimiento. Debemos negarnos a culpar a Dios. Debemos perseverar porque sabemos que Dios nos levantará. 

Si no perseveramos, se demostrará que somos necios, más torpes que quienes ven su rostro en un espejo y de inmediato olvidan cómo son (Santiago 1:24). Pero si vemos la cruz y la resurrección de Jesús como sabiduría, y perseveramos en esas verdades, se demostrará que somos sabios. Recibiremos la misma integridad, madurez y resurrección que Jesús recibió (Santiago 1:25). 

Los seguidores de Jesús no pueden simplemente «creer» la buena noticia de que Jesús fue levantado de entre los muertos; también debemos estar dispuestos a vivirla. Con gozo, debemos aceptar la humillación que trae el sufrimiento, si queremos celebrar ser levantados. Así que fija tus ojos en Jesús, quien madura y perfecciona nuestra fe por medio de las pruebas. Con gozo, Jesús soportó la humillación de su cruz y ahora está sentado a la derecha de Dios (Hebreos 12:2). Y si ves a Jesús y no lo olvidas, tu vida pronto reflejará la suya.

Compruébalo tú mismo

Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que solo te da cosas buenas. Y que veas a Jesús y sus enseñanzas como el único camino sabio para ser levantado de tu humillación.

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