
¿Qué significa ser parte del cuerpo de Cristo?
El cuerpo de Cristo es un todo interconectado.
Los problemas en Corinto
Si has estado cerca de cristianos por algún tiempo, quizás hayas escuchado las frases «cuerpo de Cristo» o «mi cuerpo es un templo». Normalmente, los cristianos usan estas frases cuando hablan de la comunión o cuando explican por qué no debemos participar en ciertos tipos de pecado. Pero ambas frases las usa el Apóstol Pablo para unir a una iglesia profundamente dividida y a punto de desmoronarse.
La iglesia en Corinto es un desastre. Se emborrachan durante la comunión (1 Corintios 11). Exhiben a un hombre que se acuesta con su madrastra como ejemplo de la amplitud de criterio cristiana (1 Corintios 5:1-5). Se demandan unos a otros por cosas insignificantes (1 Corintios 6). Están obsesionados con demostrar su espiritualidad hablando en lenguas (1 Corintios 14). Y lo más grave: niegan que Dios resucitará sus cuerpos (1 Corintios 15).
Esta negación de la resurrección es probablemente la causa de fondo de todo lo malo que hay en Corinto. Como no creen que Dios restaurará sus cuerpos después de la muerte, no importa lo que hagan con sus cuerpos ahora. Pueden acostarse con quien quieran. Pueden beber cuanto deseen. La verdadera espiritualidad no se encuentra en ayudar o animar a otros, sino en experiencias espirituales privadas en las que hablan en lenguas que nadie entiende.
El cuerpo de Cristo es un todo unido
Así que Pablo le dice a esta iglesia dividida que sus cuerpos son mucho más importantes de lo que se imaginan. Así como el cuerpo de Jesús murió y resucitó, así también sucederá con los suyos. Pablo dice que sus cuerpos están misteriosamente unidos al cuerpo de Jesús. Esta unión es tan real que, cuando tienen relaciones sexuales con prostitutas (al parecer, otro problema común en Corinto), en efecto están uniendo a Jesús con esa persona también (1 Corintios 6:12-17). Pablo dice que lo que los corintios deben tener presente es que, gracias a Jesús, vivirán en cuerpos para siempre, y por eso importa profundamente cómo usan sus cuerpos ahora. De hecho, Pablo dice que sus cuerpos son templos del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19). Su espiritualidad está íntimamente conectada con su realidad física, y menospreciar esa conexión es un error enorme.
Más adelante en Corintios, Pablo amplía la metáfora de los «cuerpos» para referirse a todos los miembros de la iglesia de Corinto. Al parecer, algunos en Corinto se jactaban de que sus dones espirituales los convertían en una parte más importante de la iglesia. Pero para Pablo, eso no tiene ningún sentido. Él dice que, cuando se reúnen, forman un solo cuerpo: el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:12-31). Como en un cuerpo humano normal, el cuerpo de Cristo es un todo interconectado. Cada parte necesita a la otra. Y ninguna parte es más esencial que otra. Les dice a los corintios que deben recordar que son como un cuerpo. En lugar de centrarse en sus propios dones espirituales, deben dar prioridad a ayudarse y animarse unos a otros. En vez de exaltarse a sí mismos, deben tratar cada parte del cuerpo con el respeto, la honra y el cuidado que necesita.
La caótica y dividida iglesia de Corinto necesitaba que se le recordara la importancia del cuerpo, y nosotros también. Ahora mismo, nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo. Estamos misteriosa y profundamente unidos a Jesús. Cada uno de nuestros cuerpos individuales vivirá para siempre, y lo que hacemos ahora tiene consecuencias eternas y espirituales. Además, somos miembros o extremidades de un cuerpo mayor: el cuerpo de Jesús, la iglesia. Y debemos usar nuestros dones espirituales para animar y edificar a quienes nos rodean.
