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devocional

2 Crónicas 1:1-5:1

Construyendo el templo de Dios

En 2 Crónicas 1:1-5:1 vemos que Jesús construye un templo espiritual, levantado no por artesanos sino por el Espíritu Santo: un templo vivo formado por personas de todas las naciones.

¿Qué está pasando?

Como Dios está con Salomón, Israel se convierte en una nación rica y poderosa (2 Crónicas 1:1). El primer acto de Salomón como rey que se nos relata es ofrecer mil sacrificios para expiar sus pecados y los de sus líderes, comenzando así su gobierno con las cuentas limpias ante Dios (2 Crónicas 1:2-6). En respuesta, Dios visita a Salomón y le dice que pida lo que quiera (2 Crónicas 1:7). Salomón medita en la historia de Israel al dar su respuesta. Dios le prometió a Abraham que engendraría una nación que superaría en número al polvo de la tierra, y así es como Salomón describe a Israel bajo su liderazgo (Génesis 26:4; 2 Crónicas 1:9). Dios le prometió a David, el padre de Salomón, que una dinastía eterna comenzaría cuando uno de sus hijos construyera el templo de Dios (1 Crónicas 17:10-15). Y pronto lo hará. Salomón siente el peso de las generaciones y las expectativas de una nación, así que le pide a Dios sabiduría para gobernar bien (2 Crónicas 1:8-10). Complacido con esta petición, Dios le da a Salomón la sabiduría que pidió y también toda la riqueza, la honra y el éxito político que no pidió (2 Crónicas 1:11-12). Con la sabiduría de Dios habitando en Salomón, Israel llega a ser inmensamente rico y extremadamente poderoso (2 Crónicas 1:14-17).

El segundo acto de Salomón como rey que se nos relata es ordenar la construcción del templo de Dios. Pero en Israel no hay suficientes trabajadores ni materiales para completar el proyecto. Así que Salomón propone una nueva alianza con Hiram, el rey de Tiro (2 Crónicas 2:1-3). Con sabiduría, Salomón le recuerda a Hiram su antigua alianza con su padre. Con astucia, Salomón reconoce que, sin la ayuda de Hiram, el templo de Dios no sería mucho más que una choza para quemar sacrificios. Pero si Hiram ayuda, puede ser parte de la construcción del templo más grandioso para el Dios más grande de todo el mundo (2 Crónicas 2:4-6). En concreto, Salomón pide un artesano hábil que dirija al equipo de arquitectos y artesanos de Israel, y madera suficiente para completar el proyecto (2 Crónicas 2:7-10). Hiram acepta con gusto y no solo se compromete a ayudar a Salomón, sino que reconoce que el Dios de Israel es el verdadero Dios de toda la creación y merece el mejor templo que puedan construir (2 Crónicas 2:11-12). 

Salomón comienza de inmediato a construir el templo con la ayuda de estos aliados extranjeros. Hiram le envía a Salomón un artesano mitad israelita y mitad tirio, y hace los arreglos para la madera (2 Crónicas 2:13-16). Con estos planes en marcha, Salomón moviliza una fuerza laboral de más de 150,000 trabajadores, y juntos, extranjeros e israelitas, comienzan a construir el templo de Dios (2 Crónicas 2:17-18). En los siguientes dos capítulos encontramos un relato detallado de 22 estructuras que los artesanos de Salomón y de Hiram construyeron juntos. Es el mismo número que la cantidad de letras del alfabeto hebreo (2 Crónicas 4:1-22). Juntos, tanto el extranjero como el israelita, construyen todo lo necesario para la casa de Dios, de la A a la Z. 

¿Dónde está el evangelio?

Salomón vive en una época en la que todas las promesas de Dios parecen cumplirse. Salomón es uno de los pocos reyes en el libro de Crónicas de quien no se dice nada negativo: nunca se mencionan sus pecados. Pero tanto los lectores modernos como los antiguos de Crónicas saben también que Salomón estaba lejos de ser perfecto (1 Reyes 11:1-6). Los pecados de Salomón inician una decadencia moral en Israel y en la familia real que finalmente lleva a Dios a enviar a Babilonia para reducir a cenizas una Jerusalén y un templo corrompidos. El autor de Crónicas pinta intencionalmente a Salomón como un rey «perfecto» para que su audiencia reconociera que la esperanza eterna de su reino está en un hijo de David verdaderamente perfecto. Salomón era solo un retrato parcial del reinado mayor que Jesús traería (Mateo 12:42).

Como Salomón, Jesús es hijo de David (Mateo 1:1). Como Salomón, su primer acto, una vez coronado rey, fue ofrecer expiación por los pecados de su pueblo y dejar sus cuentas limpias (1 Corintios 15:3). Como Salomón, Jesús también construyó un templo, no con materiales como piedra, cedro u oro, sino con su propio cuerpo (Juan 2:19-22). El templo que Jesús construye es un templo espiritual, levantado no por artesanos sino por el Espíritu Santo. Cuando Jesús fue resucitado de entre los muertos, se convirtió en la primera piedra de un nuevo templo vivo formado por personas de todas las naciones (Efesios 2:19-22). Jesús, el hijo definitivo de David, reina ahora eternamente. Bajo su sabio gobierno estamos seguros, y nunca habrá un enemigo capaz de destruir el reino perfecto que Dios ha comenzado y está construyendo en nosotros y por medio de nosotros. 

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que ha hecho promesas a su pueblo. Y que veas a Jesús como aquel que hace que todas las promesas de Dios se cumplan. 

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