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devocional

Ezequiel 35-36

Dios perdonará

En Ezequiel 35-36 vemos que Jesús consiguió el perdón que el pueblo de Dios esperaba y derribó a nuestros enemigos por medio de su cruz.

¿Qué está pasando?

Cuando los ejércitos de Babilonia atacaron a Israel y llevaron al exilio a muchos de sus habitantes, la nación vecina de Edom se aprovechó de la vulnerabilidad de Israel y tramó saquear varias de sus ciudades y tomar el control de la región. Por esto, Ezequiel dice que Dios castigará a la nación de Edom (a la que llama el monte de Seír). Dios ha escuchado todas las conspiraciones de Edom y pronto los tratará como ellos trataron a Israel. Puesto que Edom celebró la desolación de Israel, ellos mismos se convertirán en una tierra desolada (Ezequiel 35:1-15). 

Ezequiel también le dice a Israel que, aunque su tierra ha sido invadida y saqueada, Dios los restaurará. Él ha visto la invasión oportunista de Edom y promete vengarlos (Ezequiel 36:1-7). Dios está comprometido a restaurar a su pueblo y a protegerlo de sus enemigos. Promete volver a hacer de Israel una tierra fructífera y una nación próspera. Repoblará los pueblos de Israel, multiplicará su ganado y volverá a sembrar sus cultivos (Ezequiel 36:8-12). Dios está a favor de Israel y derribará a todos sus enemigos (Ezequiel 36:13-15).

Pero Ezequiel le recuerda a Israel que no son víctimas inocentes. Israel debía mostrarle al mundo la bondad de su Dios amándolo a él y amándose los unos a los otros. Sin embargo, durante siglos Israel se ha matado entre sí y ha amado a los ídolos más que a su Dios. Las acciones pasadas de Israel han oscurecido la visión que el mundo tiene de la bondad de Dios y han deshonrado la reputación de Dios entre las naciones (Ezequiel 36:16-23). Su exilio en Babilonia es un castigo merecido por una historia de maldad. No obstante, Dios promete limpiar pronto a su pueblo de su culpa y ablandar sus corazones para que lo obedezcan. Incluso pondrá su propio Espíritu en ellos para que finalmente puedan amar tanto a su Dios como los unos a los otros (Ezequiel 36:24-27). Ezequiel insiste en que Israel no merece esto, pero Dios lo hará de todos modos. Por causa de su propia reputación, Dios perdonará a su pueblo. Entonces el mundo por fin sabrá que Dios es un Dios de bondad, gracia y perdón para los que no lo merecen (Ezequiel 36:28-32). Pronto Dios reconstruirá sus pueblos en ruinas y los hará ciudades fortificadas, convertirá los páramos de Israel en jardines cultivados, y el pueblo de Dios habitará de nuevo en la tierra (Ezequiel 36:33-38).

¿Dónde está el evangelio?

Tal como Ezequiel profetizó y Dios prometió, Israel sí regresó a su tierra. Pero su regreso hizo poco para ablandar sus corazones. Israel no mejoró en mostrarle al mundo la bondad de Dios. Sin embargo, Dios no olvidó su promesa de llenar sus corazones con su Espíritu y transformarlos en un pueblo capaz de representarlo ante el mundo, al poder finalmente amar a Dios y amarse los unos a los otros. Estas promesas por fin se cumplieron cuando Dios decidió vindicar su reputación enviando a su Hijo, Jesús. Jesús consiguió el perdón que el pueblo de Dios esperaba y que el mundo necesitaba ver.

A lo largo del Antiguo Testamento, el pueblo de Dios recibía perdón de sus pecados y su maldad por medio del sacrificio. Así que Dios, en Jesús, murió como sacrificio para perdonar públicamente a todo su pueblo. En la cruz, la reputación de Dios como un Dios de amor y perdón quedó demostrada ante el mundo entero. Jesús consiguió el perdón de todos los fracasos, pecados y desobediencias de su pueblo. Pero Dios no solo prometió perdón, sino también un corazón transformado por el Espíritu de Dios (Ezequiel 36:26-27). 

Así que, por el poder del Espíritu de Dios, Jesús resucitó de entre los muertos y se preparó para enviar su Espíritu a sus seguidores (Romanos 8:11; Juan 14:15-17). Y solo unos días después, el Espíritu de Dios vino sobre el pueblo de Dios. Y tal como Dios lo había prometido, su Espíritu transformó a quienes aceptaron su regalo. Movidos por el amor, todos los que estaban reunidos comenzaron de inmediato a vender sus posesiones para ayudar a los necesitados. De una manera pequeña, el saqueo de Israel a manos de naciones como Babilonia y Edom por fin estaba siendo revertido (Hechos 2:42-47). Y desde aquel día, la buena noticia de la gracia y el perdón de Dios hacia los que no lo merecen ha viajado por todo el mundo y a través de internet. Si estás leyendo esto ahora mismo, es prueba de que Dios ha vindicado su reputación y ha transformado a su pueblo, tal como lo prometió. 

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que nos limpia de todo nuestro pecado. Y que puedas ver a Jesús como aquel que nos limpia con su sangre y nos hace nuevos con su Espíritu.

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