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devocional

Isaías 40-41

El Dios que crea

En Isaías 40-41 vemos que Jesús nos recrea por medio de su Espíritu y nos lleva a nuestro hogar final con Dios.

¿Qué está pasando?  

Israel va camino al exilio en Babilonia. Como Dios no los salvó, se preguntan si los dioses de Babilonia han triunfado sobre el Dios de Israel. Pero el profeta Isaías consuela a Israel y les asegura que los dioses de sus captores no se pueden comparar con el Dios que los hizo a ellos y al mundo. Este es el consuelo de Israel en el exilio: el Dios que creó el mundo y creó su nación es más fuerte que los dioses de Babilonia, y viene a rescatarlos.

El rescate de Israel de Babilonia será como el relato de la creación. En el principio, el Espíritu de Dios se movía sobre un páramo vacío y desolado, y creó el jardín del Edén, donde él y su pueblo podían vivir juntos (Génesis 1-2). Ahora Isaías describe otra vez una voz que clama en un lugar desierto, preparando el camino para que el poder creador de Dios actúe una vez más (Isaías 40:1-3). La misma voz que habló y el mundo llegó a existir ahora anuncia que Dios viene a recrear a su pueblo desde el desierto del exilio y a llevarlo a casa (Isaías 40:4-11). 

Isaías le recuerda a Israel que su Dios es quien estableció los cielos, midió los océanos y pesó las montañas (Isaías 40:12,21-22). Él forma las naciones del mundo, y los gobernantes se levantan y caen por su palabra (Isaías 40:15-17, 23-24). Isaías confronta a Israel preguntándoles si los ídolos de Babilonia merecen siquiera compararse con el Creador de todas las cosas (Isaías 40:25; 41:1-5). Los dioses de Babilonia son hechos por manos humanas, tallados en madera y clavados para que no se caigan (Isaías 40:18-20; 41:6-7). Estos dioses falsos no pueden ayudarse a sí mismos, mucho menos a los humanos que los hacen (Isaías 41:21-24). Israel puede confiar en el Dios que creó a los artesanos, la madera y las estrellas mismas.  

Isaías consuela a Israel diciéndoles que Dios no los ha abandonado en el exilio. El Dios que conoce el nombre de cada estrella del universo no ha olvidado a su pueblo y los conoce por nombre (Isaías 40:26). Aunque los israelitas más jóvenes y fuertes pueden envejecer y debilitarse mientras esperan que Dios los salve del exilio. Pero Isaías les recuerda que la fidelidad de Dios hacia ellos nunca se cansa ni envejece (Isaías 40:27). Dios vendrá por ellos, incluso si su fe es demasiado débil para creerle (Isaías 40:28-31). Dios los llevará en sus brazos como un pastor fuerte lleva a los corderos débiles desde terrenos escabrosos hasta pastos frondosos (Isaías 40:11; 41:10).

Por último, Isaías le recuerda a su pueblo el momento en que Dios creó su nación. Les recuerda a Abraham y su llamado (Isaías 41:8-9). Dios escogió crear un pueblo nuevo por medio de Abraham, a quien sacó de Babilonia. Si Dios creó a Israel una vez sacándolo de Babilonia, puede hacerlo otra vez. Así como llamó a Abraham fuera de Babilonia, rescatará a Israel de Babilonia y lo restaurará a su tierra (Isaías 41:11-20). 

¿Dónde está el evangelio?  

No importa cuán desesperanzador parezca el exilio, la promesa de Dios se mantiene firme: él salvará a su pueblo y lo llevará a casa. Israel sí regresó de Babilonia a su tierra, pero todavía estaba lejos del Edén, su hogar final con Dios. Sin embargo, Isaías prometió que una voz proclamaría una nueva creación sobre el desierto. Y esa voz llega cuando Juan el Bautista anuncia que Jesús ha entrado en el desierto de Israel (Marcos 1:2-4). Jesús es la Palabra de Dios que hizo el mundo y que viene a recrear a su pueblo y a llevarlo a su hogar final en el Edén (Juan 1:3,12).

Así como Dios podía recrear a Israel porque él es más poderoso que los ídolos de Babilonia, Jesús demostró su poder para recrearnos al vencer a los poderes del mal y al sepulcro (1 Corintios 15:22). En su resurrección, Jesús derrotó nuestro exilio definitivo: la muerte (1 Corintios 15:25-26). Y cuando ascendió al Cielo, se sentó en un trono muy por encima de todo poder y de todo ídolo (Efesios 1:20-21; 1 Pedro 3:22). Desde el Cielo, Jesús envía su Espíritu, que crea el mundo y trae vida, para crear vida nueva en nosotros y llevarnos a nuestro hogar del Edén con Dios (Romanos 8:11).

Así como Dios llamó a Abraham fuera de Babilonia y creó un pueblo nuevo, Jesús nos ha llamado a salir del mundo para crear un pueblo nuevo (1 Pedro 2:9-10). Así como Isaías consoló al débil Israel con la fuerza de Dios, nosotros también podemos ser consolados en nuestra debilidad. Jesús es fuerte, incluso cuando a nosotros nos cuesta creer que él puede recrearnos. Como un pastor que carga a sus corderos, Jesús nos lleva sobre sus hombros y nos hace llegar a salvo a nuestro hogar final con él (Juan 10:11; 2 Timoteo 4:18). No importa cuán desesperanzada parezca la vida, la promesa de Dios se mantiene firme. Jesús nos está recreando por medio de su Espíritu, y nos resucitará y nos llevará a nuestro hogar final con Dios (Judas 24-25).

Compruébalo tú mismo  

Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que viene a recrear a su pueblo en el exilio. Que puedas ver a Jesús como aquel que nos lleva fuera de la muerte y nos restaura a nuestro hogar final con Dios. 

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