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devocional

Isaías 45-47

El único Dios

En Isaías 45-47 vemos que Jesús es el único Dios verdadero, quien planeó salvarnos antes de que el mundo comenzara.

¿Qué está pasando?

Dios le demuestra al Israel exiliado que él tiene el control de la historia al decirle lo que sucederá en el futuro. El profeta Isaías les dice a sus compatriotas exiliados en Babilonia que Dios está enviando un Mesías para salvarlos. El título de «mesías» estaba reservado para los reyes, sacerdotes y profetas de Israel, los líderes escogidos por Dios para su pueblo escogido. Pero la identidad de este mesías que Dios escogerá es tan impactante que roza la herejía. Dios declara que un rey persa llamado Ciro será su mesías (Isaías 44:28; 45:1). Ciro es un pagano que no reconoce a Dios y, aun así, es a quien Dios escoge para usarlo (Isaías 45:4). Dios probará que tiene el control de todo cuando su afirmación de que un futuro rey pagano liberará a su pueblo se cumpla. 

Una de las cosas que Dios dice que sucederá antes de que suceda es que Ciro derrotará a Babilonia y rescatará a Israel (Isaías 44:28; 45:13). Dios usará a Ciro para humillar a los ídolos, la magia y la astrología de Babilonia, y así dejar al descubierto su vacío (Isaías 47:1-15). Sin embargo, Ciro no logrará esto con su propia fuerza, sino por medio del Dios que lo escogió (Isaías 45:5). Cada victoria que Ciro alcanza —tomar naciones por las que no peleó, atravesar puertas de ciudades que no derribó, reclamar un botín que no se ganó— es el cumplimiento de lo que Dios anunció de antemano (Isaías 45:2-3). Este es el testimonio de Dios a Ciro y a las naciones de que no hay Dios aparte de él (Isaías 45:7-8, 13-14).

Dios no solo promete levantar un mesías de fuera de Israel; también promete salvar a las naciones que están fuera de Israel. Y les demostrará a las naciones que él es el único Dios verdadero de la misma manera en que se lo demostrará a Israel. Dios le dirá al mundo lo que sucederá antes de que suceda (Isaías 45:21). Dios es el único dios que predice las cosas antes de que ocurran, y Dios es el único dios que realmente puede hacer que ocurran. Cuando estas naciones vean a Dios actuar de esta manera, se darán cuenta de la insensatez de su idolatría y se volverán al Dios de Israel, quien es el único que gobierna la historia (Isaías 45:14, 18). Cuando las naciones vean cuán superior es Dios a sus ídolos, toda rodilla se doblará ante él y declarará que solo él es Dios (Isaías 45:23-24). 

Dios les pide a todas las personas que comparen sus falsos ídolos con él (Isaías 46:5). Los ídolos agobian a sus adoradores y necesitan que los lleven a todas partes (Isaías 46:1). Pero el Dios de Israel levantará a su pueblo y lo llevará en brazos fuera del exilio (Isaías 46:3-4, 11-13). Los ídolos no pueden moverse ni pueden rescatar. Pero el Dios de Israel se mueve libremente por todo el tiempo y el espacio, y promete acercarse a ellos para librarlos mucho antes de que siquiera fueran exiliados (Isaías 45:15-25; 46:10, 13). Dios prueba que tiene el control al decirle al mundo lo que sucederá antes de que suceda. 

¿Dónde está el evangelio?

La prueba máxima del control de Dios no estuvo en prometer a su mesías Ciro, sino en prometer a su verdadero y definitivo Mesías: Jesús. 

Así como no había comparación entre el Dios de Israel y los ídolos de las naciones, Jesús también es incomparable. Los ídolos no pueden moverse, ni hablar, ni tocar, ni actuar. Pero Jesús se acercó a su pueblo exiliado. Jesús habló palabras de vida y de verdad (Juan 6:63, 68). Jesús tocó a los enfermos y los sanó (Marcos 1:41-42). Jesús actuó con misericordia y bondad. A los ídolos les da vida quien los fabrica: los seres humanos. Pero Jesús, el hacedor de todos los seres humanos, entregó su vida (2 Corintios 5:15). 

Para mostrar que tenía el control de la historia, Jesús les predijo a sus discípulos cómo moriría antes de que sucediera (Mateo 16:21). Igual que el exilio de Israel, la crucifixión de Jesús no fue un accidente, sino parte del plan que Dios había determinado de antemano (Hechos 2:23). Desde el comienzo de la creación, cada profecía, promesa, prototipo y parábola apuntaba a nuestro Mesías definitivo, Jesús, quien moriría y resucitaría para salvarnos del exilio (Génesis 3:15; Lucas 24:25-26). Israel podía confiar en Dios porque él prometió al mesías Ciro unos años antes de que llegara. Nosotros podemos confiar en Dios mucho más, porque él prometió al Mesías Jesús desde el comienzo del mundo. 

Confiar en cualquier cosa que no sea Jesús es como confiar en un ídolo: terminarás cargando todo el peso tú mismo. Pero Jesús lleva tus cargas sobre sí. Nosotros sostenemos a los ídolos, pero Jesús nos sostiene a nosotros. Jesús no es un ídolo inmóvil y sin vida, ni una deidad lejana y sin poder. Él es el Dios que tiene el control de la historia y que orquestó todo para morir por nosotros. Por eso toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesús es el único Dios verdadero (Filipenses 2:8-11). 

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que anuncia el fin desde el principio. Y oro para que confíes en Jesús, el único Dios verdadero, quien planeó salvarte antes de que el mundo comenzara.

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