¿Qué está pasando?
Judas, el hermano de Jesús, responde a una crisis teológica y llama a los suyos a luchar por la fe que les fue transmitida (Judas 1, 3). Los falsos maestros afirman que la gracia de Dios ha anulado sus mandamientos morales. Dicen que perdonar es tarea de Dios, así que Jesús ya no es el Soberano moral ni la Autoridad de sus vidas (Judas 4). La falsa enseñanza dice que, como seres humanos, somos libres de perseguir nuestras pasiones, especialmente las sexuales, porque somos dueños de nuestros cuerpos y de todos modos Dios nos perdonará.
Así que Judas les recuerda a sus lectores varias historias de la Biblia hebrea donde Dios ejerce su autoridad moral juzgando a quienes desprecian esa autoridad. En el Éxodo, Dios salvó a Israel de la esclavitud, pero juzgó a los israelitas que no creyeron que Dios estaba al mando (Judas 5). Antes del diluvio, un grupo de seres angelicales desatendió la autoridad de Dios, se acostó con mujeres humanas y fue juzgado por cruzar ese límite divino (Judas 6; Génesis 6:2). En Sodoma y Gomorra ocurrió lo contrario, pero con el mismo resultado. Un grupo de hombres quiso violar a seres angelicales y fue castigado por ello (Judas 7). Para Judas, estos falsos maestros son simplemente nuevas encarnaciones de una antigua hostilidad contra la autoridad moral de Dios (Judas 8).
Luego Judas toma prestado un escrito de la literatura popular que adaptaba la historia del entierro de Moisés del Antiguo Testamento (Deuteronomio 34:5-6). En la versión popular, el diablo afirma ante el arcángel Miguel que el cuerpo de Moisés le pertenece, porque Moisés asesinó a un hombre. Miguel, en lugar de acusar al diablo de calumnia, refrena su lengua y dice, en efecto: «Dejo el juicio de este caso en manos de Dios» (Judas 9). El punto de Judas es que incluso en su literatura popular todos los seres celestiales admiten que Dios es Soberano y Juez.
Estos falsos maestros ignoran la realidad. Y en su ignorancia se han vuelto animales gobernados por lo que sea que sus corazones deseen (Judas 10). Como Caín, que asesinó a su hermano por envidia; como Balán, que traicionó a Israel por avaricia; y como Coré, que cometió traición para conseguir poder, estos falsos maestros, atraídos por el anzuelo de sus deseos, atraen sobre sí el juicio (Judas 11).
Judas advierte a los fieles que estas almas náufragas son ahora como arrecifes ocultos: peligrosos y portadores de muerte para cualquiera que se acerque demasiado (Judas 12). Como un cometa desprendido de su órbita, el destino final de su autonomía y de su gracia barata es la oscuridad eterna (Judas 13). Citando el libro de Enoc, popular en aquel entonces, Judas advierte que Dios viene a traer condena y justicia contra todos los que rechazan su autoridad y se aprovechan de su gracia (Judas 15-16).
¿Dónde está el evangelio?
Los falsos maestros no son nada nuevo y no deberían sorprendernos (Judas 17-18). Los falsos maestros siempre han intentado arrebatar y dividir al pueblo de Dios (Judas 19). Pero la buena noticia es que, en un mundo de maestros engañosos, Jesús nos guarda para sí mismo (Judas 1). En un mundo que nos seduce a seguir nuestro corazón y nuestros instintos, Jesús nos guarda de quedar atrapados en esa antigua hostilidad (Judas 24). Y en lugar de que quedemos esclavizados a nuestros instintos, Jesús, nuestro Soberano, nos libera para perseverar en misericordia y amor, como él lo hizo en la cruz.
Jesús nos ha guardado para sí mismo, arrebatándonos misericordiosamente del fuego. Y nos capacita para mostrar misericordia hacia quienes dudan de la realidad del juicio de Dios (Judas 22). Dios no desea que nadie muera, y por eso nos hace ministros de preservación para arrebatar de las llamas a otras almas que dudan (Judas 23). Quizá, mientras ves esto, dudas de la autoridad moral de Dios. Si es así, que este video te advierta que el juicio de Dios viene. Pero si aceptas esa advertencia, ten por seguro que el Soberano moral del universo usará toda su autoridad para salvarte del juicio que has rechazado. Él te liberará de tus apetitos y te hará verdaderamente humano y justo para siempre.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que tiene toda la gloria, majestad, dominio y autoridad para siempre. Y que veas a Jesús como Aquel que puede guardarte y presentarte sin tacha delante de Dios.


