Hace 1600 años, los cristianos comenzaron a llamar «Semana Santa» a los últimos días de la vida de Jesús. La palabra «Maundy» (del nombre en inglés de este día, «Maundy Thursday») proviene de una palabra latina que significa pacto. El Jueves Santo recuerda el día en que Jesús compartió una última comida con sus discípulos y les dio un nuevo pacto.
Hasta ahora, cada uno de los últimos días de Jesús ha dejado cada vez más claro que él tiene la intención de derribar el orden religioso vigente e inaugurar un nuevo Reino. Los líderes religiosos han estado buscando la manera de matar a Jesús por causa de este mensaje, y Judas, uno de los propios discípulos de Jesús, acaba de ofrecerse para traicionar a su maestro (Lucas 22:4-6). Y en el primer día de la Pascua, Judas decide traicionar a Jesús con un beso.
La Pascua era una fiesta judía que recreaba la manera en que Dios rescató a su pueblo de la esclavitud en Egipto. Dios prometió que si su pueblo sacrificaba un cordero, pintaba su sangre en la parte superior y a los lados de las puertas, y luego comía el cordero sacrificado con pan sin levadura, él los liberaría (Éxodo 12:1-10). Dios cumplió este pacto cuando, después de la comida, un ángel vino y mató a los hijos primogénitos del Faraón y de todos los demás que desafiaban los planes de Dios de liberar a su pueblo. Pero después de la muerte de los primogénitos, el pueblo de Dios quedó libre del poder egipcio y pronto llegó a ser su propio reino.
Jesús les dice a sus discípulos que hagan los preparativos para celebrar este día (Lucas 22:7-13). Pero mientras comen el cordero y el pan y beben algo de vino, Jesús reorienta el significado de esos símbolos. Según Jesús, no solo miran hacia atrás, a un acto de salvación pasado, sino hacia adelante, a uno nuevo. Jesús tomó el pan y dijo: «“Este pan es mi cuerpo, entregado por ustedes; hagan esto en memoria de mí”. De la misma manera, después de la cena tomó la copa y dijo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes”» (Lucas 22:19-20). El pacto de Dios en aquella primera Pascua prometía libertad y un Reino al otro lado de un cordero sacrificado y un primogénito muerto. Y en esa misma comida Jesús hace un nuevo pacto y promete que, por el cuerpo y la sangre sacrificados del primogénito de Dios, el pueblo de Dios será liberado una vez más. Pero primero deben aceptar, comer y beber su cuerpo y su sangre.
Mucho ocurre después de ese momento. Judas se retira de la cena para traicionar a Jesús. Los discípulos discuten sobre quién es el mejor líder. Jesús va a un huerto cercano a orar y por un momento le pide a Dios que le quite la responsabilidad de ser la copa sangrienta que acaba de ofrecer. Judas regresa con una turba que arrastra a Jesús ante un tribunal judío. Los discípulos se dispersan. Pedro, el discípulo principal, niega incluso conocer a su Maestro. Entonces los líderes religiosos condenan a Jesús como hereje y lo golpean hasta que sale el sol.
Pero el Jueves Santo es una buena noticia, porque Jesús anuncia que la oscuridad y la desilusión de estas últimas horas conducirán a la libertad y a un Reino. Así como el pan no puede comerse hasta que se parte y el vino no puede beberse a menos que se derrame, un pacto no puede hacerse sin sangre. Como ya dijimos, «Maundy» proviene de una palabra latina que significa pacto. Y en este día Jesús promete que él llevará el costo de nuestro pacto de libertad. Así como Israel fue liberado de la esclavitud por la sangre de un cordero, nosotros somos liberados de la esclavitud por la sangre de Jesús. Él es el hijo primogénito que fue perdido para que ya no estemos cautivos de los poderes, las tentaciones, los pecados y las consecuencias de este mundo. Gracias al Jueves Santo somos ciudadanos libres del nuevo Reino eterno de Jesús.
Así que oro para que en este Jueves Santo aceptes el cuerpo y la sangre de Jesús como un nuevo pacto: la promesa de Dios de liberarte y llevarte a su Reino.


