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devocional

Salmo 27

Buscar la presencia de Dios

En el Salmo 27 vemos que esperar la presencia de Dios es la única manera de escapar de nuestros enemigos. Pues Jesús fue sometido por sus enemigos hasta la muerte, pero obtuvo la victoria sobre ellos esperando la presencia de Dios incluso a través de la tumba.

¿Qué está pasando?

Este es un salmo de confianza en Dios. Dios es la luz y la salvación de David, por eso él no teme (Salmo 27:1). Aunque sus enemigos quieren devorarlo, atacarlo y asediarlo, David confía en que Dios lo protegerá y lo rescatará (Salmo 27:3).

Pero este salmo también es una súplica por la presencia de Dios. David no solo anhela desesperadamente la derrota de su enemigo; anhela desesperadamente la presencia de Dios (Salmo 27:4a). Como Moisés en el monte Sinaí, David quiere experimentar toda la hermosura y el poder del rostro de Dios (Salmo 27:4b). Él suplica poder «contemplar la hermosura del SEÑOR». 

David cree que experimentar la hermosura estética de Dios y la adoración que eso produce en su corazón es más apropiado que las oraciones por la destrucción de sus enemigos. Después de todo, la presencia de Dios es su refugio (Salmo 27:5). La presencia de Dios es el medio por el cual vencerá a esos enemigos (Salmo 27:6).

Lo más terrible para David no es perder una ventaja militar estratégica, sino perder de vista el rostro del SEÑOR (Salmo 27:9). Por eso David le pide a Dios que le enseñe a permanecer en su presencia y a obedecer sus palabras (Salmo 27:11). Los opresores de David son calumniadores y violentos (Salmos 27:12). Pero David está seguro de que Dios sacará algo bueno de su maldad (Salmo 27:13).

David termina citando las palabras que Dios le dijo a Josué: sé fuerte y valiente (Josué 1:6). Pero mientras que a Josué le fueron dichas esas palabras en la víspera de la batalla, David las ora mientras busca la presencia de Dios (Salmo 27:14). David sabe que la verdadera batalla está en la espera, no en la guerra. Hace falta valor para esperar. Pero si espera, verá la bondad del SEÑOR en la tierra de los vivientes (Salmo 27:13).

¿Dónde está el evangelio?

Esperar en el SEÑOR requiere valor, y Jesús fue la persona más valiente que jamás haya vivido. Jesús esperó más de 30 años hasta que la presencia de Dios descendió sobre él como una paloma en su bautismo (Lucas 3:22). Luego esperó en el SEÑOR otros 40 días —en presencia de su enemigo, Satanás— antes de comenzar su ministerio (Marcos 1:12). Y el resto de su vida estuvo marcado por la espera en el SEÑOR mediante la oración (Marcos 1:35). 

Jesús vio el rostro de Dios como nadie antes de él (Juan 5:19). Sin embargo, las tragedias que David estaba seguro de que no les ocurrirían a quienes están en la presencia de Dios, sí le ocurrieron a Jesús. 

Jesús fue entregado a los caprichos de sus enemigos y a sus falsas acusaciones (Salmo 27:12). Jesús estuvo rodeado de hombres malvados que querían devorarlo (Salmo 27:2). El Padre de Jesús lo abandonó (Salmo 27:10). Dios apartó su rostro de él (Mateo 27:46; Salmo 27:9). Y por un tiempo, Jesús no vio la bondad del SEÑOR en la tierra de los vivientes (Salmo 27:13). Esperó en el valle tenebroso de la muerte (Salmo 23:4). 

Y fue allí donde la presencia de Dios lo exaltó (Salmo 27:6). La resurrección de Jesús demuestra que esperar la presencia de Dios nunca es tiempo perdido. Los cristianos somos un pueblo que espera; algunas de las últimas palabras de las Escrituras son palabras que nos animan a esperar. Jesús dice: «¡Vengo pronto!» (Apocalipsis 22:20). Y cuando esperamos la presencia de Dios como David, nos unimos a la historia de Jesús en la cruz. Esperamos con la esperanza de que Dios viene a derrotar a nuestros enemigos con su luz. Él nos salvará con su vida de resurrección. 

Compruébalo tú mismo

Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que es nuestra luz y salvación. Y que veas a Jesús como aquel que nos da la confianza para ver la bondad del SEÑOR tanto en la tierra de los vivientes como en la de los muertos.

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