4 maneras en que el libro de Filipenses da esperanza a quienes sufren4 maneras en que el libro de Filipenses da esperanza a quienes sufren

4 maneras en que el libro de Filipenses da esperanza a quienes sufren

¿Qué significa sufrir como Jesús?

Dios puede usar nuestro sufrimiento para el bien de otros

En Filipenses, Pablo está en la cárcel por predicar la buena noticia de que la muerte de Jesús lleva a la vida eterna (Filipenses 1:7). Pero Pablo les dice a los que leen su carta que su sufrimiento no es en vano. Dios lo ha estado usando para el bien de otros. Su sufrimiento ha sido la causa directa de que otros afirmen y prediquen que Jesús es Rey y Salvador (Filipenses 1:12-14). Incluso los guardias de la cárcel están escuchando la buena noticia de Jesús, y algunos han comenzado a seguir a Jesús. Aunque está encarcelado, encadenado y quizá pronto enfrente la muerte, Dios usa el sufrimiento de Pablo para la salvación y el bien de quienes lo rodean (Filipenses 1:18). Un aliento que podemos recibir en nuestro sufrimiento es que Dios puede usarlo para el bien, la salvación y la transformación de otros. 

Sufrir como Jesús lleva a una resurrección como la de Jesús

Cuando Jesús obedeció a Dios, fue atacado, perseguido y asesinado. Sin embargo, su obediencia a Dios lo llevó a resucitar de entre los muertos. El libro de Filipenses nos dice que la obediencia de Jesús hasta la muerte no es solo un ejemplo inspirador, sino una promesa. Cuando seguimos a Jesús en obediencia e incluso hasta la persecución, también seremos resucitados como él (Filipenses 2:8-9, 3:10-11). Jesús les dijo a sus discípulos que todo el que lo siga será perseguido como él, pero tenemos la esperanza de que, al unirnos a Jesús en su sufrimiento y muerte, también nos uniremos a él en su resurrección. En lugar de evitar el sufrimiento, los cristianos pueden tener gozo en sus sufrimientos, sabiendo que la resurrección de Jesús garantiza la nuestra. 

Jesús no vino a salvar a las personas buenas 

A veces el sufrimiento que experimentamos no viene de afuera; nosotros mismos lo creamos. Sufrimos porque creemos que tenemos que ser perfectos. En Filipenses 3, Pablo presenta un currículum espiritual. Es su prueba de que, si alguien pudiera llegar al Cielo por sus buenas obras, ese habría sido él. Incluso afirmó haber cumplido las 613 leyes del Antiguo Testamento sin falla alguna.

Pero Pablo dice que su obsesión con la perfección era una distracción. Todo lo que Dios quería de él era que confiara en Jesús y lo siguiera (Filipenses 3:9-10). Si creciste en un hogar religioso, probablemente puedas identificarte con esos intensos sentimientos de culpa religiosa. Pero la buena noticia para quienes sufren bajo el peso de la perfección religiosa es que Jesús no vino a salvar a las personas buenas, sino a los pecadores (Marcos 2:17).  Filipenses nos dice que no necesitamos sufrir bajo el peso de cumplir perfectamente una serie de expectativas religiosas. Jesús nos acepta con defectos y todo. Somos salvos por gracia mediante la fe, como un regalo de Dios. (Efesios 2:8-9).

La esperanza de relaciones restauradas

Uno de los asuntos más grandes que Pablo aborda en Filipenses es el sufrimiento que experimentamos en nuestras relaciones con otras personas, en especial con quienes amamos. Con frecuencia, Pablo les ruega a sus lectores que dejen a un lado sus divisiones y pleitos internos, y que en cambio estén unidos en un mismo pensar y un mismo espíritu en torno a la buena noticia de que Jesús los ha salvado de la muerte por su resurrección (Filipenses 4:2-3). Una de las mejores maneras de detener el sufrimiento que nos causamos unos a otros es recordar que la muerte del Señor y Salvador que tenemos en común nos ha rescatado tanto a nosotros como a aquellos con quienes no estamos de acuerdo. En lugar de luchar con pleitos internos y ansiedad, podemos distinguirnos por la unidad: resolviendo conflictos, dejando atrás injusticias del pasado y eligiendo amarnos unos a otros. Cuando recordamos la buena noticia de lo que Jesús ha hecho por nosotros, recordamos que, aunque nosotros habíamos obrado mal contra Dios, él no respondió peleando con nosotros, iniciando un conflicto ni ejecutando justicia contra nosotros. ¡Él nos amó! Envió a su Hijo para que nadie muera a causa de una relación quebrantada con Dios (Juan 3:16). Cuando recordamos cómo Dios ha restaurado su relación con nosotros, podemos orar con esperanza de que él repare el sufrimiento en nuestras relaciones unos con otros. 

Aunque Filipenses ofrece esperanza a quienes están sufriendo, no abarca todo lo que la Biblia tiene que decir sobre el sufrimiento. Para aprender más sobre el sufrimiento, estudia con nosotros el libro de Job, que muestra que Dios está obrando de maneras que nuestra mente y nuestra lógica no pueden comprender.

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