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devocional

2 Timoteo 1:1-2:13

La última carta del Apóstol Pablo

En 2 Timoteo 1:1-2:13 vemos que, una vez que decidimos participar en los sufrimientos de Cristo, quedamos unidos inseparablemente a Jesús y a su victoria.

¿Qué está pasando?

El Apóstol Pablo está siendo juzgado en Roma y no está seguro de que vaya a sobrevivir (2 Timoteo 4:6). Esta es la última carta de Pablo y la dirige a su protegido Timoteo, quien él espera que continúe su ministerio después de su muerte (2 Timoteo 1:14). 

Pero Timoteo está desanimado. Los mismos falsos maestros que Pablo confrontó en su primera carta siguen engañando con éxito a las iglesias, a pesar de todos sus esfuerzos por detenerlos (2 Timoteo 2:17; 1 Timoteo 1:20). Sin embargo, Pablo anima a Timoteo diciéndole que el éxito de ellos no es razón para menospreciar su propio don y liderazgo (2 Timoteo 1:6). Timoteo no solo ha heredado una fe sincera y vibrante de su madre y de su abuela, sino que además está lleno del Espíritu de Dios (2 Timoteo 1:5; 6). No necesita ser tímido, porque Dios lo ha llenado del poder, el amor y el dominio propio que hacen falta para la tarea que tiene por delante (2 Timoteo 1:7). 

Mientras otros se avergüenzan de Pablo y de su ministerio (2 Timoteo 1:15), Timoteo debe saber que, al unirse a Pablo en su sufrimiento, también se está uniendo a Jesús y a su poder (2 Timoteo 1:8). Jesús salvó tanto a Pablo como a Timoteo por medio de su muerte. Y Dios llamó a los dos al ministerio, no porque fueran más valientes que los demás, sino porque Dios decidió que un fariseo asesino y un Timoteo tímido predicaran la vida de resurrección que se ofrece en Jesús (2 Timoteo 1:9-10). Timoteo no tiene por qué desanimarse. Su fe es real; está lleno del Espíritu de Dios y Dios lo ha escogido. 

Mientras otros ven el encarcelamiento y el sufrimiento de Pablo como razones para rechazar su mensaje, Timoteo debe guardar la verdad de que su Salvador fue atado, sufrió y murió para dar vida a todos (2 Timoteo 1:14). A pesar de las afirmaciones de los falsos maestros, el sufrimiento es el camino de Jesús y la senda hacia la resurrección. Los seguidores de Jesús son como soldados que no se avergüenzan del sufrimiento de la guerra, con la esperanza de una victoria segura (2 Timoteo 2:4-5). O como atletas y agricultores que no se avergüenzan de cargar con el peso del trabajo duro y del entrenamiento doloroso para obtener una cosecha y un premio (2 Timoteo 2:5-6).

Así que, aunque es cierto que Pablo está encadenado por causa del evangelio, la Palabra de Dios no está encadenada (2 Timoteo 2:8-9). Jesús ha resucitado de entre los muertos. Y si el sufrimiento es la senda hacia la resurrección, Pablo y Timoteo deben estar dispuestos a soportar lo que sea necesario para ver a más hijos de Dios en la eternidad (2 Timoteo 2:10).

¿Dónde está el evangelio?

Pablo termina sus párrafos iniciales a Timoteo con un himno. Es uno de los muchos cánticos compuestos por los primeros seguidores de Jesús. Y su propósito es dar aliento adicional a Timoteo para que no se avergüence ni tema. El cántico dice que si morimos con Jesús, viviremos con Dios. Y que si soportamos el sufrimiento, reinaremos junto a Dios (2 Timoteo 2:11-12a). Son recordatorios solemnes del sufrimiento inevitable que trae el evangelio, pero también son promesas inquebrantables de que ni la muerte ni un encarcelamiento prolongado pueden encadenar a Dios, ni a su evangelio, ni a sus seguidores. No hay razón para que Timoteo se avergüence del evangelio, aun cuando este produzca sufrimiento. El evangelio nos recuerda que, cuando sufrimos, la victoria de Jesús se vuelve nuestra. 

El cántico continúa con aliento para aquellos de nosotros que no estamos seguros de cómo responderíamos al llamado de Jesús a sufrir. Dice que si negamos a Dios, Dios nos negará; pero que si somos infieles, él permanece fiel, porque Dios no puede negarse a sí mismo (2 Timoteo 2:12b-13). Una vez que decidimos participar en los sufrimientos de Cristo, quedamos unidos inseparablemente a Jesús y a su victoria. Puede que haya momentos en que la carga de seguir a Jesús parezca demasiado grande y la vergüenza demasiado profunda. Puede que Timoteo mismo estuviera al borde de uno de esos momentos. Pero la fidelidad de Dios es más poderosa que nuestra infidelidad. Él no niega a aquellos con quienes ha compartido su sepultura. 

Así que anímate junto con Timoteo. La timidez, la vergüenza o las veces que has evitado el sufrimiento no revierten tu resurrección. Dios no se niega a sí mismo, y Dios será fiel para llevarte a la vida eterna. Reinarás con él para siempre. 

Compruébalo tú mismo

Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que no se niega a sí mismo. Y que veas a Jesús como aquel que murió para que podamos unirnos a él en su vida. 

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