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devocional

Amós 3-6

Que la justicia fluya como un río

Amós 3-6 muestra que, cuando Jesús murió, resucitó y envió su Espíritu, creó una comunidad global definida por su libertad de la opresión del pecado y de la muerte.

¿Qué está pasando?

Amós le recuerda a Israel que Dios la rescató de la esclavitud en Egipto (Amós 3:1), y que Dios escogió a Abraham, el antepasado de Israel, para que fuera el medio por el cual todos los pueblos de la tierra serían bendecidos (Génesis 12:2-3). Israel lleva un llamado único: adorar a Dios y amar a su prójimo, y al hacerlo, bendecir al mundo. Pero Amós declara que Israel ha fallado en su llamado global, ha maldecido al mundo y sufrirá las consecuencias por ello (Amós 3:2).

En una serie de cuatro discursos, Amós expone la injusticia, la hipocresía, la idolatría y el juicio venidero de Israel. La situación es tan grave que Amós le dice a Israel que reúna a las naciones brutales que la rodean y las invite a juzgar la violencia y el crimen de Israel (Amós 3:9-10). Lejos de simpatizar con los métodos de Israel, Amós anuncia que esas naciones perversas se llenarán de asco por lo que verán y la borrarán del mapa (Amós 3:11; 6:14).

Amós dice que las mujeres de Israel son como vacas que se alimentan de los pobres y aplastan a los necesitados con su peso (Amós 4:1). Los hombres de Israel se recuestan borrachos en camas de marfil y se niegan a mostrar compasión, incluso hacia sus propios hermanos (Amós 6:4-6). Israel ha olvidado su llamado. Ha reemplazado la adoración a Dios y el amor al prójimo por el amor a dioses extranjeros y por la injusticia.

En la misma medida en que Israel adora a los dioses del sexo, del poder y de la guerra de las naciones que la rodean, en esa misma medida hará violencia y oprimirá a quienes debía proteger. La adoración y la justicia van de la mano. Por eso Amós le ruega a Israel que busque a Dios solamente y que busque el bien en lugar del mal (Amós 5:6, 14). El hecho de que los israelitas no practiquen la justicia es prueba de que no hay verdadero amor por Dios y de que su religión es una farsa (Amós 5:21).

Así que Amós le ruega a Israel que deje fluir la justicia como las aguas, y la rectitud como un río inagotable (Amós 5:24). Si el pecado ha cubierto la tierra como una inundación, Israel debe restaurar su llamado de inundar la tierra con la adoración a Dios y con el amor mutuo. Si Israel quiere escapar de su juicio y cumplir su llamado de bendecir a las naciones, Dios debe ser su único Dios, y su justicia abundante y constante, su única norma.

¿Dónde está el evangelio?

La adoración y la justicia van de la mano. Amós podía medir la idolatría de Israel midiendo la desigualdad entre sus habitantes. Por el contrario, cuidar de los pobres es señal de una fe sincera y verdadera. Santiago, el hermano de Jesús, dijo algo parecido. Afirmó que «la fe sin obras es estéril» y que incluso la fe de Abraham quedó demostrada por sus acciones (Santiago 2:20, 22).

Como cristianos, ahora somos parte de la familia de Abraham y del llamado único de Israel a bendecir al mundo (Gálatas 3:29). Igual que Israel, ¡hemos sido salvados de la esclavitud y puestos en libertad! (Romanos 6:7). Y, como dijo Jesús, nuestra misión se resume en los mandamientos gemelos de amar a Dios y amarnos unos a otros (Mateo 22:37-39). Como nuevos miembros de esta familia antigua, hemos heredado un gran llamado: amar y proclamar la buena noticia de Jesús, y poner en práctica el amor y la justicia que Amós anhelaba ver.

Y mientras a los pobres siempre los tendremos con nosotros (Mateo 26:11), y mientras esperamos el día en que Jesús, el más grande Hijo de Abraham, regrese y haga que la justicia fluya como las aguas e inunde el mundo de rectitud, nos queda una advertencia. La adoración a Dios y la verdadera justicia van de la mano. Y cuando no van juntas, como predicó Amós, puedes estar seguro de que aquello que se está amando no es Dios.

Pero en esta advertencia hay buena noticia. Las advertencias son precisamente eso, e implican que la justicia puede gobernar y reinar en la Tierra si escuchamos. La injusticia se puede evitar, la adoración sincera a Dios es posible y pronto Jesús volverá para destruir toda injusticia. Él inundará el mundo con su bendición.

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que odia la injusticia. Y que puedas ver a Jesús como el Hijo de Abraham que nos incluye en su familia para llevar bendición al mundo entero.

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