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devocional

Amós 7-9

La plomada

En Amós 7-9, vemos cómo Jesús cumple las promesas de Dios tanto de justicia como de misericordia.

¿Qué está pasando?

En una serie de visiones, Amós ve cómo la destrucción de Israel se desarrolla cinco veces.

La primera visión es una plaga de langostas (Amós 7:1). Después de verla, Amós le pide perdón a Dios y le recuerda cuán pequeño es Israel (Amós 7:2). Mencionar el tamaño de Israel no es solo una manera de pedir misericordia, sino también un recordatorio de por qué Dios escogió a Israel como su pueblo desde el principio: Israel era la más pequeña de todas las naciones (Deuteronomio 7:7). Dios los escogió a pesar de ellos mismos. Y por causa de las oraciones de Amós, Dios se compadece y no envía la primera plaga (Amós 7:3).

La segunda visión es un fuego devorador que consume la tierra (Amós 7:4). Amós le ruega a Dios que se detenga y de nuevo le recuerda por qué escogió al diminuto Israel (Amós 7:5). Dios otra vez se compadece (Amós 7:6). Pero Amós no puede discutir con la tercera visión. Dios coloca una plomada, un cordel largo con un peso en el extremo que marca una línea perfectamente recta (Amós 7:7). Comparado con la línea recta de la justicia y la rectitud, Israel está torcido más allá de toda salvación. Dios no va a barrer sus injusticias e idolatría bajo la alfombra (Amós 7:8). Dios destruirá los templos falsos de Israel y a los líderes que los construyeron (Amós 7:9).

La cuarta visión es un canasto de fruta madura (Amós 8:1). El punto es sencillo: la opresión de Israel está madura para ser devorada (Amós 8:2). Y la visión final es de Dios mismo bajando del Cielo y destrozando los ídolos, los templos y los idólatras de Israel (Amós 9:1). Amós ve que los ojos de Dios permanecerán fijos sobre el Israel pecador hasta que sea borrado del mapa (Amós 9:8).

Pero también hay esperanza. Los fieles de la familia de Jacob, la diminuta familia que Dios escogió de entre todas las demás, serán preservados. Después del juicio de Dios, Dios reconstruirá algo del pasado fiel de Israel a partir del linaje de David, un descendiente de Jacob (Amós 9:11). Dios incluso invitará a las naciones enemigas a esa nueva era de paz y prosperidad (Amós 9:12). La visión final de Amós entonces revierte la destrucción que las visiones anteriores habían presentado (Amós 9:14). Un día Dios restaurará, renovará y hará permanente todo lo que Israel perdió (Amós 9:15).

¿Dónde está el evangelio?

Dios no puede tolerar la injusticia. El descuido de Israel hacia los pobres y su alianza con deidades falsas deben terminar. Pero Dios también permanecerá fiel a sus promesas y compromisos. Dios le dijo a Abraham y a Jacob que Israel bendeciría al mundo (Génesis 12:3; 28:14). Le dijo a Moisés que no había escogido a Israel porque fuera fuerte o justo, sino porque era pequeño (Deuteronomio 7:7). Le prometió a David que su trono duraría para siempre (2 Samuel 7:13). De manera aterradora, Amós nos advierte que la justicia de Dios debe llevarse a cabo. Pero, misericordiosamente, también se cumplirán las promesas de Dios.

Jesús, descendiente tanto de Jacob como de David, juzgará la opresión, cumplirá las promesas de Dios, bendecirá a las naciones enemigas y renovará y restaurará lo que Israel perdió. En la cruz, Jesús fue medido con la plomada torcida de la justicia de Israel y destruido, como Amós profetizó acerca del templo falso de Israel (Juan 2:19). La idolatría y la injusticia de Israel estaban maduras, pero Jesús —como representante de Israel— murió por ellos (1 Pedro 2:24).

Por causa de Jesús, la misericordia de Dios ahora puede fluir desde Israel y bendecir al mundo. Así como Dios se compadeció y no envió el desastre sobre Israel, Dios se compadecerá de cualquier nación arrepentida, a pesar de su injusticia (Hechos 15:11). En el libro de Hechos, cuando algunos objetaron esto, el Apóstol Santiago cita a Amós para demostrar que todas las naciones tienen acceso a las promesas de Dios (Hechos 15:18-19). Y Jesús promete que un día hará nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21:5). Todo lo perdido será restaurado y renovado. Por causa de Jesús, el Hijo fiel de Jacob y de David, Dios será fiel a sus promesas y viviremos para siempre en un Reino de paz y prosperidad.

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que odia la injusticia. Y que veas a Jesús, quien misericordiosamente cumple todas las promesas de Dios.

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