¿Qué está pasando?
Dios, como un león, ruge desde Jerusalén (Amós 1:2). Amós, agricultor y pastor, recibe la tarea de llevar el mensaje de juicio de Dios desde Judá, en el sur, hasta Israel y sus líderes, en el norte (Amós 7:14-15).
Pero Amós no comienza enumerando las faltas de Israel. Primero condena a las naciones que rodean a Israel por su inhumanidad. La frase «por tres pecados… y aun por cuatro» se repite siete veces. Y cada vez esta frase antecede al detalle del cuarto y más atroz crimen de cada nación. Siria arrasó brutalmente el territorio de Galaad (Amós 1:3). Los filisteos hicieron incursiones y luego traficaron con sus prisioneros vendiéndolos a Edom (Amós 1:6). La nación de Tiro conquistó a todo un pueblo y lo vendió como esclavo (Amós 1:9). Edom atacó con saña a un país hermano y masacró a sus mujeres (Amós 1:11). Los amonitas arrancaron a los niños del vientre de sus madres embarazadas (Amós 1:13), y Moab profanó la tumba de su rey (Amós 2:1). Luego Amós se vuelve hacia su tierra, Judá, y la condena no solo por ser inhumana, sino también por quebrantar las leyes de Dios (Amós 2:4).
Amós condena a cada nación que geográficamente rodea a Israel. Ahora Israel y sus líderes quedan en el centro de su mira profética. Repite su patrón, pero se asegura de enumerar los cuatro pecados atroces de Israel (Amós 2:6). Israel ha vendido a su propio pueblo como esclavo por deudas insignificantes y ha oprimido a los pobres al desatenderlos (Amós 2:6b-7a). Padres e hijos, en su embriaguez, abusan de las mujeres de Israel sobre los mismos mantos que tomaron de los pobres como garantía de sus deudas (Amós 2:7b-8).
Estas perversiones tanto de la justicia como de la humanidad eran precisamente aquello a lo que Dios se opuso y que destruyó cuando los sacó de la esclavitud en Egipto y los llevó a la tierra prometida (Amós 2:9-10). Que Israel vuelva a eso no es solo trágico e hipócrita, sino un rechazo total del Dios que los salvó. Por eso Dios promete debilitar a estos opresores (Amós 2:14). Despojará de sus armas a los violentos (Amós 2:15). Y los abusadores más descarados y osados huirán desnudos de su justa ira (Amós 2:16).
¿Dónde está el evangelio?
Es una buena noticia que Dios no puede tolerar la injusticia y la inhumanidad. Es una buena noticia que Dios desatará toda la fuerza de su poder y la ferocidad de su ira contra los abusadores, los traficantes de personas y los corruptos.
Si eres víctima de la injusticia o de la inhumanidad, Dios está de tu lado. Jesús vendrá pronto. Y él le hará guerra al mal en todas sus formas (Apocalipsis 19:11). Destruirá al opresor y desarmará a los violentos (Colosenses 2:15). Cuando Jesús murió en la cruz nos mostró una imagen de la justicia inevitable de Dios contra el mal. El Apóstol Pablo dice que, si Dios no escatimó ni a su propio Hijo, ¿cómo no nos dará también la victoria en Jesús sobre nuestros enemigos (Romanos 8:32, 37)?
Por eso el libro de Apocalipsis presenta a Jesús enfrentando a las fuerzas del mal con un manto teñido en sangre (Apocalipsis 19:13). Es un símbolo no solo de la sangre que Jesús derramó en la cruz, sino también un presagio de destrucción para quienes se atrevan a dañar a los suyos. Para la mayoría de las víctimas, la justicia es demasiado lenta. Con demasiada frecuencia los impíos se salen con la suya. Pero la cruz de Jesús y su Palabra prometen que él vendrá otra vez. Ningún mal quedará sin castigo, y toda víctima que clame a él será vindicada.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que odia la injusticia y la inhumanidad. Y que veas a Jesús como aquel que viene pronto para rescatar al oprimido y vindicar a la víctima.

