¿Qué está pasando?
El Apóstol Pablo termina su carta a los colosenses con varios mensajes personales que sirven para recalcar tres puntos que ya había señalado antes.
Unos versículos antes, Pablo les dijo a los esclavos que sirvieran de buena voluntad, como si estuvieran sirviendo a Jesús. Y les dijo a los amos que recordaran que ellos son esclavos de su Amo, Dios (Colosenses 3:22-4:1). Así que Pablo presenta a su colaborador Tíquico y a un esclavo fugitivo llamado Onésimo (Colosenses 4:7-9). La iglesia de Colosas se reunía en la casa del amo de Onésimo y sabía muy bien que Onésimo se había escapado (Filemón 1-2). Sin embargo, Pablo le dice a la iglesia que reciba de nuevo a Onésimo como a un hermano, aun cuando Onésimo regresa por voluntad propia como esclavo (Colosenses 4:9). Con esta presentación, Pablo prepara a la iglesia de Colosas para practicar un amor familiar que cuesta caro, en una relación que de otro modo exigiría un castigo.
Antes, Pablo se esforzó mucho para demostrar que no existía una manera judía y una manera gentil de agradar a Dios. Todas las personas están unidas como criaturas de Dios, y todas son salvas solo por Jesús (Colosenses 3:10). Así que Pablo enumera los nombres de tres judíos y tres griegos que son sus colaboradores y deja constancia de sus saludos (Colosenses 4:10-11, 12-14). Esta lista de seis nombres les recuerda a los colosenses que ellos son parte del plan de Jesús de unir a todas las personas en su salvación (Colosenses 3:11).
A lo largo de su carta, Pablo insiste en la necesidad que tienen los colosenses de madurar en las enseñanzas de Jesús. Al profundizar en el mensaje de Jesús, Pablo sabe que los colosenses experimentarán la plenitud de Dios y reflejarán la vida de Jesús (Colosenses 2:6-3:17). Así que Pablo destaca a Epafras, el fundador de la iglesia de Colosas. Epafras viajó para ver a Pablo en la cárcel, tanto para animarlo como para pedirle consejo acerca de su iglesia. Durante ese tiempo, Pablo vio el profundo amor de Epafras por los colosenses y cómo oraba con fervor para que ellos maduraran en su dedicación a Jesús (Colosenses 4:12-13). Como Apóstol, Pablo compartía esa responsabilidad (Colosenses 1:28-29). Y mencionar la oración de Epafras por la madurez de ellos es una manera eficaz de terminar su carta y, a la vez, recordarles a los colosenses su necesidad de profundizar en la verdad y la vida de Jesús.
¿Dónde está el evangelio?
Un seguidor maduro de Jesús acepta que es salvo solo por Jesús y ama sacrificialmente incluso cuando estaría en su derecho de exigir un castigo. Son lecciones difíciles de vivir, pero el libro de Colosenses termina con esperanza: la esperanza de que es posible madurar como seguidor de Jesús.
Podemos tener la esperanza de madurar en piedad por todo lo que Pablo escribió antes de estos mensajes personales. La plenitud del poder de Dios vive en nosotros (Colosenses 2:9-10). Las partes viejas, muertas y pecaminosas de nosotros han sido clavadas en la cruz (Colosenses 2:12-13). Somos completamente perdonados de nuestras faltas del pasado. Y la vergüenza que debería acompañar el enfrentar nuestros pecados ha sido desarmada, porque en Jesús nuestras humillaciones se convertirán en momentos de resurrección (Colosenses 2:15).
En Jesús, tú vas madurando, día tras día y paso a paso, a la imagen de Jesús (2 Corintios 3:18). Ten confianza: estás madurando cada vez que recuerdas lo que Jesús ha hecho por ti. No eres el mismo que fuiste antes. Aunque sientas que nada ha cambiado y que eres la misma persona que eras hace tres años, no es cierto. Si mantienes la mirada puesta en Jesús, él promete hacerte madurar.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que nos transforma. Y que puedas ver a Jesús haciéndote madurar a su imagen cada vez que recuerdas lo que él ha hecho por ti.


