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devocional

Efesios 4

Vivir de manera digna del llamado

En Efesios 4 vemos que, como Jesús entregó su vida voluntariamente, ahora nosotros también podemos entregar nuestra vieja vida.

¿Qué está pasando?

En la primera mitad de su carta, Pablo pone una lupa sobre el misterio de que Dios incluya tanto a judíos como a gentiles en Jesús. En el capítulo cuatro, Pablo se acerca para mostrar lo que ese misterio, comprado con sangre, exige de nosotros. Pablo dice que debemos vivir una vida digna de este llamado (Efesios 4:1). Si nos hemos puesto la libertad de la división y del pecado, debemos quitarnos las viejas costumbres que producen división y pecado (Efesios 4:22). Debemos despojarnos de nuestra vieja naturaleza, con su amargura, ira, enojo, gritos, calumnia y malicia (Efesios 4:31). En su lugar, debemos ponernos aquello que refleja una nueva identidad, hecha justa y santa por Dios y ya no marcada por la división (Efesios 4:24-25). Y este llamado a quitarnos lo viejo y ponernos lo nuevo no es solo individual, sino también colectivo.

Colectivamente, debemos ponernos la adopción en una nueva familia: la Iglesia (Efesios 4:25). Y Pablo dice que esta nueva familia debe distinguirse por su unidad. La Iglesia tiene una sola esperanza, que se encuentra en un solo cuerpo y un solo Espíritu, unidos bajo un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo (Efesios 4:4-6). Vivir de manera digna de este llamado significa tratarnos unos a otros como miembros unidos de un solo cuerpo (Efesios 4:25). También debemos aprovechar los dones que Dios nos ha dado de forma individual para fortalecernos y hacernos madurar unos a otros de forma colectiva, como cuerpo de Cristo (Efesios 4:11-12).

Solo los inmaduros niegan la necesidad de la unidad y del servicio sacrificial (Efesios 4:14). Si queremos crecer y madurar como cuerpo de seguidores de Jesús, debemos parecernos cada vez más a Jesús, quien entregó su cuerpo para unirnos (Efesios 4:15). Debemos despojarnos de la complacencia egoísta, la impureza y la avaricia, tal como él lo hizo (Efesios 4:19). Debemos quitarnos la vieja naturaleza y ponernos la nueva naturaleza, creada para ser como Dios en bondad y rectitud (Efesios 4:24). Ya no podemos mentir. Ya no podemos robar (Efesios 4:25). Ya no podemos destruirnos unos a otros con nuestras palabras, sino que debemos aprovechar cada palabra para edificar el cuerpo por el que Jesús murió (Efesios 4:29). Hemos sido recreados, tanto individual como colectivamente, en un cuerpo nuevo: la Iglesia. Y ahora, como un cuerpo, debemos madurar hacia ese llamado.

¿Dónde está el evangelio?

En la creación, la humanidad fue hecha para vivir con Dios y escoger las cosas de Dios: aquello que es justo y santo (Génesis 2:15-16). Sin embargo, tristemente, nuestros primeros padres escogieron apartarse de las cosas de Dios y así vistieron a la humanidad de pecado (Génesis 3:6). Todo lo que Pablo nos dice que nos quitemos nos fue transmitido y puesto encima por Adán y Eva.

Como simiente de Adán, nacemos con una naturaleza inclinada al pecado, incapaz de escoger las cosas de Dios (Romanos 6:20). Necesitamos ser hechos nuevos, recibir una naturaleza nueva y ser recreados. Solo al ser hechos nuevos podemos tener otra vez el poder de escoger las cosas de Dios, como la bondad, la compasión y el perdón (Efesios 4:32).

Y la buena noticia es que, como Jesús entregó voluntariamente su vida por nosotros, ahora también nosotros podemos entregar nuestra vieja vida. La vida marcada por el pecado ha sido clavada en la cruz, y la vida justa de Jesús nos ha sido dada a cambio (2 Corintios 5:21). Ahora somos nuevas creaciones. Tenemos una naturaleza nueva de manera individual y un cuerpo nuevo de manera colectiva. Gracias a Jesús, podemos quitarnos la vieja naturaleza y vivir otra vez una vida que escoge las cosas de Dios. Gracias a Jesús tienes una naturaleza nueva, libre del pecado y capacitada para vivir una vida digna de la unidad y de la salvación que nuestro Salvador compró para ti.

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que te ha hecho una nueva creación. Y que puedas ver a Jesús como aquel que ha cambiado su vida por la tuya, para que seas libre del pecado y andes de manera digna de su llamado.

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