¿Qué está pasando?
Israel vive una edad de oro bajo el malvado rey Jeroboán (Oseas 1:1). Pero Dios utilizó a este rey para salvar a Israel de sus enemigos, restaurar sus fronteras y fortalecer su economía (2 Reyes 14:27). Lo desgarrador es que, aunque Dios cuidaba de Su pueblo como un buen esposo, este entregó su lealtad a dioses falsos de naciones extranjeras y les atribuyó su prosperidad. Por eso, a lo largo de Oseas, Dios se refiere a Su pueblo como una esposa adúltera o, dicho con más franqueza, una prostituta.
En respuesta al adulterio espiritual de Israel, Dios levanta a un profeta llamado Oseas. Le ordena casarse con una mujer promiscua y adúltera llamada Gómer y tener hijos con ella (Oseas 1:2). Su matrimonio es un espejo profético —una imagen viva— de la relación de Dios con Israel. Dios, como Oseas, es el esposo fiel. Israel, como Gómer, es la esposa adúltera. Pero esta imagen viva no termina con el matrimonio, sino que se extiende a los hijos que Oseas tiene con Gómer. Son tres, y cada uno recibe un nombre simbólico como señal de que el Señor rechaza a Israel.
El primer hijo se llama Jezrel (Oseas 1:4). Jezrel era una región sinónimo de muerte. Desde hacía mucho tiempo había sido escenario de derramamiento de sangre por motivos políticos, donde se asesinaba a reyes y reinas (2 Reyes 10:11). El primer hijo de Oseas anunciaba a Israel que Dios estaba a punto de acabar con el linaje del rey Jeroboán, convirtiéndolo en un lugar de matanza como Jezrel (Oseas 1:5).
La segunda hija de Oseas se llama “Sin compasión” o “No amada” (Oseas 1:6). Su nombre es una sombría advertencia de que Dios ya no tendrá misericordia de Israel ni le mostrará actos salvadores de amor. El tercer hijo recibe quizá el nombre más incisivo: “No es mi pueblo” (Oseas 1:9). Israel ya no será Su pueblo, ni Él será su Dios. Los nombres de los hijos de Oseas profetizan que el Señor destruirá a Israel sin piedad, pues ya no es su Dios.
Pero justo después de este impactante anuncio, Dios promete volver a tener misericordia. En última instancia, no exterminará a Su pueblo, sino que lo multiplicará como juró a sus antepasados. Volverá a llamarlo Su pueblo (Oseas 1:10). Esto sucederá cuando Dios designe a un solo líder que lo reúna y lo saque de Jezrel, transformando un lugar de muerte en un lugar de salvación (Oseas 1:11).
¿Dónde está el evangelio?
El líder del que habló Oseas es Jesús. Él es quien toma a los que no son Su pueblo y los hace Su pueblo (1 Pedro 2:10). Es quien toma a los que necesitan misericordia y la derrama abundantemente sobre ellos. Jesús es quien viene a nuestros lugares de muerte y trae vida.
Jesús lo hace cumpliendo el matrimonio prefigurado en Oseas y Gómer. Él mismo se llamó el novio de Israel (Mateo 9:15). Aunque ella era promiscua y adúltera, Jesús demostró que Su amor por Israel había perseverado al mostrar misericordia a los promiscuos y adúlteros durante Su ministerio (Lucas 7:37). Fue fiel a Su pueblo cuando este le era infiel, incluso cuando le dio muerte.
Al igual que el de Oseas, el ministerio de Jesús también es un espejo vivo. Nos muestra que nosotros somos las prostitutas que necesitan ser rescatadas. Hemos entregado nuestro corazón a otros proveedores en lugar de Dios, así que merecemos heredar los nombres de los hijos de Gómer: No amada, No reclamado y Lugar de muerte.
Pero así como Dios juró hacer que el rey de Israel fuera como Jezrel, el Rey del Cielo pasó de la cruz a la tumba. Jesús transformó un lugar de muerte en un lugar de salvación al convertir la tumba en una cámara nupcial donde puede encontrarse con Su novia y llevarla a una vida nueva. Y como nuestro esposo murió con nosotros, cuando morimos y resucitamos con Él, podemos volver a ser llamados pueblo de Dios. Podemos llegar a ser la novia amada de Jesús y los hijos amados de Dios.
La única esperanza para prostitutas espirituales como nosotros es que un buen esposo venga a desposarnos (Apocalipsis 21:2). Jesús se ha casado con una novia adúltera y la está transformando en una esposa intachable y amada (Efesios 5:27).
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos y puedas ver al Dios que ama a Su pueblo como un esposo ama a su esposa. Y que puedas ver a Jesús como nuestro esposo definitivo, que murió para hacer Suyos a adúlteros como nosotros.

