¿Qué está pasando?
La tierra, el legado y el sustento de Noemí dependen por completo de Booz. Él es su posible redentor, y Rut acaba de proponerle matrimonio. Un redentor es alguien que asume las responsabilidades legales, familiares y económicas de sus parientes más pobres, especialmente las viudas.
Booz acepta casarse con Rut, pero hay un problema. Booz no puede actuar como redentor de Noemí, porque primero se le debe dar la oportunidad a un redentor de parentesco más cercano (Rut 3:12).
Booz no pierde tiempo. La mañana siguiente a la propuesta espera en la puerta de la ciudad hasta que ve al posible redentor (Rut 4:1). Sin mencionar a Rut, Booz le explica a este redentor —cuyo nombre no se menciona— que Noemí ha puesto en venta la tierra de su esposo y que él tiene el derecho de compra preferente (Rut 4:3).
Pensando que se trata de una inversión de bajo riesgo y gran ganancia, de inmediato dice «sí» (Rut 4:4). Pero luego el posible redentor descubre que comprar la tierra también incluye la responsabilidad de cuidar de Noemí y de Rut, ambas viudas. Así que se niega. Comprar la tierra es una cosa, pero casarse con Rut y posiblemente dividir su herencia y perder esa tierra a manos de algún futuro hijo de Rut es un riesgo demasiado grande (Rut 4:6).
Así que Booz hace lo que este hombre no quiere hacer (Rut 4:9). Acepta los riesgos para su herencia y carga con la responsabilidad de dar continuidad al legado y a la tierra de Noemí (Rut 4:10).
Todos los que observan se dan cuenta de que Rut —viuda, sin hijos y nacida en tierra extranjera—, junto con Noemí, también viuda, han recibido provisión de una manera extraordinaria. Oran para que Dios haga de Rut, la moabita, como las madres fundadoras de Israel: Raquel, Lea y Tamar (Rut 4:11). Entonces Dios responde a sus oraciones dándole milagrosamente a Rut un hijo llamado Obed, después de diez años sin poder concebir (Rut 4:13).
El pueblo estalla en celebración. Ahora Noemí tiene un redentor no solo en Booz, sino también en este bebé recién nacido (Rut 4:14). Cuando Obed crezca, cuidará de ella y se asegurará de que el legado de Noemí jamás muera (Rut 4:15).
¿Dónde está el evangelio?
El libro comienza recordándonos que Rut vivió en «el tiempo en que los jueces gobernaban» y que no había rey en Israel (Rut 1:1). Pero el libro termina con una genealogía real. Obed es el abuelo del rey David (Rut 4:22).
Eso significa que Rut no fue simplemente bondadosa. Booz no fue solo alguien que se sacrificó. El vacío de Noemí no se llenó sin más. Estos personajes nos muestran cómo Dios planea redimir a su pueblo. Por medio de la bondad sacrificial de Booz y de Rut, Dios proveyó un redentor tanto para Noemí como para Israel.
Obed un día llegaría a ser el padre del rey David, quien un día ocuparía el trono. David asumiría la responsabilidad del legado y de la tierra de Israel, así como su bisabuelo Booz asumió la responsabilidad del legado y de la tierra de Noemí. Y tal como el nacimiento milagroso de Obed aseguró la continuación del linaje de Noemí, Dios le dice milagrosamente a David que su linaje continuará para siempre (2 Samuel 7:16). Dios le promete al bisnieto de Rut que un hijo de David reinará eternamente.
El autor del Evangelio de Mateo nos dice que Rut y Booz no son solo antepasados de David, sino también de Jesús (Mateo 1:5). Jesús es descendiente de Booz y de David. Como sus antepasados, la bondad sacrificial de Jesús redimirá a su familia de su indigencia. En la cruz, Jesús se convierte en nuestro redentor definitivo. Él asume la responsabilidad de nuestra indigencia física y espiritual para que nunca nos quedemos sin tierra, sin legado ni sin sustento (Lucas 4:18).
Tal como Dios le prometió a David, Jesús vive y reina resucitado para siempre. Como Rut y Noemí, podemos acercarnos a él con nuestro vacío. Podemos pedirle que nos redima. Podemos pedirle a Jesús que asuma la responsabilidad de nuestro pecado y de nuestra desesperanza, y que haga algo para remediarlo. ¡Y la buena noticia del libro de Rut es que Jesús nos rescatará como un pariente cercano y como un Rey poderoso!
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que no deja a su pueblo sin Redentor. Y que veas a Jesús como nuestro Salvador de bondad sacrificial, quien muere para redimirnos a todos.

