¿Qué está pasando?
El salmista, el rey David, está en peligro y solo Dios puede rescatarlo (Salmo 86:1, 14). Por eso le pide a Dios, su Señor y Amo, que tenga misericordia. David ha demostrado una y otra vez que es un siervo fiel que confía en él, y quiere que Dios actúe conforme a eso (Salmo 86:2-4). David sabe que Dios responde fielmente a sus siervos. Cuando Dios rescató a Israel de la esclavitud, les dijo que siempre sería grande en amor y fidelidad hacia sus siervos (Salmo 86:5). Así que David le pide a Dios que sea fiel a sí mismo y le responda en su angustia, tal como lo hizo con Israel en su esclavitud (Salmo 86:6-7; Éxodo 34:6). No hay otra deidad que dividiría los mares por su pueblo, y no hay otro dios que algún día reciba la adoración de todas las naciones que él ha creado (Salmo 86:8-9). Dios es singularmente poderoso, y David quiere que ese poder único actúe a su favor (Salmo 86:10).
Pero David también le pide a Dios que le enseñe a permanecer fiel, incluso cuando todavía no ha visto la fidelidad de Dios (Salmo 86:11). Le pide que le dé un corazón íntegro, que no acuda a otros dioses ni a otros medios para aliviar su sufrimiento. Quiere confiar plenamente en el Dios que ha estado tan lleno de amor y fidelidad en el pasado (Salmo 86:11-12). No quiere medir la fidelidad de Dios por su angustia presente, sino creer, con base en lo que sí sabe acerca de Dios, que él será fiel para levantarlo aun si muere (Salmo 86:13).
Ahora mismo, su muerte parece probable. Hombres violentos lo persiguen (Salmo 86:14). Pero, haciendo referencia de nuevo al gran amor y la fidelidad que Dios prometió a su pueblo después de salvarlo de la esclavitud, David le pide a su Amo que proteja, dé fuerza y muestre misericordia a su siervo (Salmo 86:15-16). Mientras espera, David pide una señal. Le pide a Dios que le dé un símbolo de que el amor rescatador de Dios y la destrucción de sus enemigos están en camino (Salmo 86:17).
¿Dónde está el evangelio?
En última instancia, la señal que David pidió fue dada en Jesús. Como David, Jesús estuvo muchas veces en peligro y fue atacado por hombres sanguinarios. Y como David, Jesús fue fiel aun cuando Dios no lo rescató. Y como David, Jesús confió en que, si moría, Dios lo levantaría de entre los muertos (Filipenses 2:7-8), lo cual Dios hizo. La muerte y la resurrección de Jesús son la señal y el símbolo de David. Lo que le ocurrió a Jesús, el Amo, nos ocurrirá a nosotros, sus siervos (Juan 15:20). Sufriremos a manos de los violentos, pero también nos levantaremos en triunfo sobre nuestros enemigos y sobre la muerte misma (Romanos 6:5).
No hay otra deidad como Jesús. Jesús no solo es el Dios singularmente poderoso que rescató a su pueblo dividiendo los océanos; también es un Amo singularmente humilde que se ha hecho siervo de sus siervos (Marcos 10:45). Ningún otro amo, salvo Jesús, sirve a los que están bajo él, y ningún otro Señor muere por sus súbditos (Mateo 20:28). Jesús es un Dios y Amo único, que sacrificialmente entra en el sufrimiento de su pueblo para levantarlo de él. Así que, junto con David, podemos pedirle con confianza a Dios, nuestro Amo, que sea fiel a sí mismo y nos sirva en nuestra angustia.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que es un Amo compasivo. Y que veas a Jesús como nuestro siervo y como la señal de que Dios ve nuestro sufrimiento y ha determinado levantarnos de él.

