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devocional

Sofonías 2:4-3:8

Los humildes heredan la Tierra

En Sofonías 2:4-3:8 vemos que la vida y la muerte de Jesús nos dicen que el fuego purificador de Dios ha puesto fin a una era de maldad y orgullo, y que los humildes por fin pueden heredar la Tierra.

¿Qué está pasando?

El mundo tal como Judá lo conoce será destruido pronto por la ira ardiente de Dios contra el orgullo, la violencia y la idolatría de sus líderes. Los únicos que hallarán refugio ese día son los humildes (Sofonías 2:3). En los capítulos dos y tres, Sofonías presenta varias profecías que explican que el fuego purificador de Dios dejará desolados a los que ahora tienen el poder y dejará atrás un mundo sin orgullo ni maldad para que los humildes lo hereden. 

Los centros económicos de Filistea, la nación rival, se derrumbarán y sus rutas comerciales caerán (Sofonías 2:4-5). Después del fuego purificador de Dios, la civilización filistea quedará convertida en pastizales (Sofonías 2:6). Y el pueblo de Judá vivirá como humildes pastores entre las ruinas de una potencia económica que antes fue orgullosa (Sofonías 2:7). 

Las naciones de Moab y Amón han sido arrogantes con Judá, la han insultado y amenazado (Sofonías 2:8, 10). Confiadas en sus propios dioses, ven al Dios de Israel como débil. Pero el Dios de Israel destruirá a los dioses de Moab y Amón (Sofonías 2:11). Las tierras que esas deidades protegen, Dios las convertirá en fosas de azufre y sal (Sofonías 2:9a). Pero los humildes sobrevivientes que confían en Dios se apoderarán del botín de lo que no sea quemado (Sofonías 2:9b).

Asiria se jacta de que su capital, Nínive, es única en el mundo (Sofonías 2:15a). Pero todos los logros culturales y los placeres de esa ciudad se secarán bajo el calor del desierto (Sofonías 2:13). Y donde una cultura antes entregada a los excesos se desbordó sin freno, simples animales harán sus hogares (Sofonías 2:14).

Sofonías dice que Dios esperaba que su ira contra el mundo que Judá tan de cerca imitaba la llevara a apartarse de su orgullo, su violencia y su idolatría (Sofonías 3:6-7). Esperaba que su fuego purificador hiciera de Judá un reino al cual acudirían todos los humildes del mundo. Pero como no ha sido así, Dios le dice a la orgullosa Judá que espere su destrucción inevitable (Sofonías 3:8).

Como pueblo de Dios, ellos llevaban un llamado especial: reflejar la pureza moral, el amor y la generosidad de Dios ante un mundo que los observaba (Sofonías 3:5). En cambio, ellos observaron al mundo y reflejaron su opresión, su rebeldía y su impureza (Sofonías 3:1). Desobedientes, los gobernantes de Judá son leones y lobos, sus profetas son traicioneros y sus sacerdotes profanan lo santo (Sofonías 3:2-4). Judá será la última y la menor de las naciones que Dios purificará.

¿Dónde está el evangelio?

El propósito del fuego de Dios no es la aniquilación, sino la pureza. El fuego de Dios humilla a los orgullosos, pero levanta a los humildes. Dios esperaba que, cuando Judá viera su fuego en medio de las naciones, eso la llevara a apartarse de su orgullo y a convertirse en un reino donde acudirían los humildes. Dios espera lo mismo para nosotros por medio de Jesús. 

Como Judá, Jesús llevaba un llamado especial: reflejar la pureza moral, el amor y la generosidad de Dios ante un mundo que lo observaba (Hebreos 1:3). ¡Y lo hizo a la perfección! Él fue la imagen de Dios hecha carne. Pero Jesús también experimentó la ira ardiente de Dios contra el orgullo de Judá. El Apóstol Pablo llega a decir que Jesús se hizo pecado por su pueblo (2 Corintios 5:21). Así como las faltas de los líderes de Judá atrajeron el fuego de Dios sobre ellos mismos y sobre el mundo, Jesús invitó el fuego purificador de Dios sobre sí mismo en lugar del mundo. Y tal como Sofonías esperaba, al otro lado del fuego de Dios, los humildes y los pobres heredan el Reino de Dios en la Tierra (Mateo 5:3, 5).

En los días de Judá, el fuego purificador de Dios dejó atrás un mundo para que lo heredaran humildes pastores, sobrevivientes heridos y animales salvajes. Y en Jesús, son humildes pastores los primeros en encontrarse con el Rey Jesús, que tiene su corte entre simples animales (Lucas 2:8-20). Y es a los pobres y oprimidos a quienes Jesús primero predicó su buena noticia (Lucas 4:18-19). La vida y la muerte de Jesús nos dicen que el fuego purificador de Dios ha puesto fin a una era de maldad y orgullo, y que los humildes por fin pueden heredar la Tierra. 

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos y veas al Dios que purifica el mundo como fuego. Y que veas a Jesús como aquel que fue juzgado para que los humildes pudieran heredar el mundo. 

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