¿Qué está pasando?
Cuando Dios hizo la Tierra al principio, se nos dice que apartó a dos criaturas para que reflejaran ante el mundo su pureza moral, su amor y su generosidad (Génesis 1:28). Dios escogió a la humanidad para ser la única imagen de Dios. Pero, por orgullo, los primeros portadores de la imagen de Dios abdicaron de su llamado. Aquel día llevó al mundo a la ruina (Génesis 3:16-19). El profeta Sofonías advierte que la historia está a punto de repetirse. En un día del futuro cercano, Dios levantará un imperio para acabar con el orgullo, la violencia y la idolatría tanto de Judá como del resto de los líderes del mundo. Sofonías llama a ese día el «Día del Señor» (Sofonías 1:7). Es un día en que Dios visitará la Tierra, no para crearla, sino para deshacerla. Dios descreará todas sus imágenes que no han logrado reflejarlo (Génesis 1:26; Sofonías 1:3).
Como nación, Judá debía reflejar la pureza, el amor y la generosidad de Dios ante un mundo que observaba, pero ha fracasado (Sofonías 1:4). En cambio, su pueblo levantó santuarios a los astros y se inclinó ante las imágenes de los dioses Baal y Moloc (Sofonías 1:5-6). La nación escogida de Dios ha abdicado de su llamado, y su fracaso arruinará la Tierra otra vez. La primera vez que las imágenes de Dios fracasaron de este modo, Dios sacrificó un animal para señalar que él seguiría siendo fiel (Génesis 3:21). Pero ahora Dios dice que hará un sacrificio de su propio pueblo (Sofonías 1:8). En el Día del Señor, Dios consumirá a reyes, príncipes y líderes como una comida de sacrificio (Sofonías 1:9-13).
En la práctica, la descreación y el sacrificio del Día del Señor vendrán por medio de la guerra (Sofonías 1:14). Pronto el imperio babilónico será el instrumento de la ira de Dios contra Judá y contra todas las demás naciones que han imitado la ingratitud idólatra y el orgullo de Jerusalén (Sofonías 1:15-16). En el día de guerra de Dios, el trauma dejará ciego al mundo mientras los ejércitos de Babilonia destripan y desangran a sus víctimas (Sofonías 1:17). La pasión ardiente de Dios consumirá la Tierra por medio de los ejércitos de Babilonia (Sofonías 1:18).
Pero este inevitable día de destrucción para el mundo no significa la destrucción de todo el pueblo de Dios. La profecía de Sofonías es una advertencia para quienes estén dispuestos a escuchar (Sofonías 2:1-2). Sí, el mundo tal como lo conocen llegará a su fin y Judá caerá. Pero durante el Día del Señor, los humildes serán protegidos (Sofonías 2:3).
¿Dónde está el evangelio?
Se nos dice que Sofonías profetizó en los días de Josías (Sofonías 1:1). Josías encontró una copia perdida por mucho tiempo de las leyes de Dios y se dio cuenta, con horror, de la magnitud de los pecados de Judá (2 Reyes 22:13). De inmediato, Josías derribó las imágenes de otros dioses. Pero la disposición de Josías a representar la pureza moral, el amor y la generosidad de Dios solo salvaría a Josías (2 Reyes 22:16). No detendría el inevitable Día del Señor contra las faltas acumuladas de Judá (2 Reyes 22:19). Babilonia seguía en camino. Al parecer, los pecados de unos pocos que representan a los demás pueden incriminar a naciones enteras, e incluso a toda la humanidad. Pero la obediencia de un buen rey solo dura una generación.
Josías no pudo salvar su reino, pero Jesús sí lo hizo. Jesús aceptó su papel de reflejar ante el mundo la pureza moral, el amor y la generosidad de Dios (Hebreos 1:3). Se negó a abdicar de ese llamado, incluso cuando eso significaba convertirse en sacrificio por su pueblo (Lucas 22:42). Y como un guerrero justamente airado, Jesús fue a la guerra contra la idolatría y el orgullo en la cruz. Todo el terror bélico de los juicios de Sofonías se cumplió (Mateo 27:51-52a). Jesús no los ejecutó sobre su pueblo, sino sobre sí mismo. Permite que los ejércitos de Roma cieguen sus ojos en la muerte y desangren su cuerpo, para que sepamos que la pasión ardiente de Dios quedó enteramente consumida. Dios ya no deshará la creación, porque el Creador fue deshecho por nosotros. Dios no sacrificará a su pueblo, porque se ha sacrificado a sí mismo. Jesús experimentó el Día del Señor para que los humildes puedan ser protegidos.
Jesús salva su Reino allí donde Josías fracasó, porque Jesús resucitó de entre los muertos. La obediencia de Josías protegió su vida, pero la obediencia de Jesús protege incluso después de la muerte. Jesús no puede volver a morir. Así como el caos, la ruina y la muerte entraron en el mundo por los pecados de unos pocos que representaban a los demás, la resurrección de Jesús representa la esperanza del mundo (1 Corintios 15:20-22). Jesús es solamente el primero en ser protegido del Día del Señor por medio de la resurrección (1 Corintios 15:23). Todo el que acepta el llamado a extender la imagen de Dios queda invitado a entrar en un mundo recreado, donde ya no habitan ni el orgullo ni la muerte (1 Corintios 15:24-25).
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que trae destrucción. Y que veas a Jesús como aquel que es consumido y sacrificado para que los humildes hereden su Reino.


