¿Qué está pasando?
Abdías es un profeta que recibe de Dios una visión acerca de Edom (Abdías 1). Edom es el vecino de Israel al otro lado del mar Muerto. Pero, más importante aún, esta nación no es solo la vecina de Israel: también es su hermana. Las naciones de Israel y Edom descendieron de dos hermanos que aparecen en Génesis: Jacob y Esaú (Génesis 25:23). Desde su nacimiento, estos gemelos tuvieron una relación conflictiva, porque Dios eligió mantener su pacto con Jacob e Israel en lugar de Esaú y Edom (Génesis 27:41).
En los días de Abdías esta tensión ya tenía siglos y se había convertido en guerra. Israel había decaído en poder político y militar, y estaba sitiado por una nación enemiga. Edom se regodea en la ruina de su hermano, se aprovecha de su debilidad y saquea a Israel para enriquecerse (Abdías 12-13). El orgullo es el pecado principal de Edom (Abdías 3). Las cuevas inaccesibles de las montañas donde vivían los hacían sentirse invencibles, incluso delante de Dios. Se creían como un águila que se remonta por encima de todos los demás (Abdías 4). Su orgullo les impidió ayudar a Israel en el día de su angustia. En cambio, echaron suertes sobre el botín de la ciudad después de que los saqueadores hicieran lo peor (Abdías 11).
Por eso Dios dice que hará caer a Edom, con todo su orgullo (Abdías 10). No solo serán saqueados, como una casa desvalijada por un ladrón, sino que serán reducidos a nada (Abdías 5, 9). Edom será destruido porque su orgullo lo llevó a dañar al pueblo escogido de Dios y a creer que estaba fuera del alcance de su mano.
¿Dónde está el evangelio?
Igual que Abdías, Jesús también profetizó contra los orgullosos de su tiempo. Dijo: «Todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido» (Lucas 18:14). Y vemos un cuadro claro de esto en la cruz. Jesús, aunque debía haber sido enaltecido, se humilló hasta la muerte.
Como hicieron los edomitas en Israel, los que rodeaban la cruz de Jesús echaron suertes con orgullo sobre su cuerpo saqueado (Mateo 27:35). Y como los edomitas se regodearon a costa de Israel durante su destrucción, los que crucificaron a Jesús se regodearon y lo insultaron mientras sufría (Mateo 27:39). Su orgullo los hacía sentirse invencibles, incluso delante del Hijo de Dios en la cruz. Puede parecer una exageración, pero nosotros somos como Edom y como los que estuvieron orgullosamente presentes en la crucifixión. Porque, igual que Edom, y por orgullo, creemos que estamos fuera del alcance de la mano de Dios. Necesitamos la advertencia de Abdías, porque también es la advertencia de Jesús. El Jesús humilde de la cruz volverá y será enaltecido. Y todos los que con orgullo se enaltecen a sí mismos serán humillados por él (Mateo 23:12). Como Edom, serán completamente destruidos.
Pero la buena noticia es que personas orgullosas como nosotros todavía pueden ser salvadas por nuestro humilde Salvador Jesús. Mientras nosotros echábamos suertes por su ropa, él moría por nuestros pecados (Lucas 23:34). Si nos humillamos, reconocemos nuestro orgullo y confesamos que hemos creído falsamente estar fuera del alcance de la justicia y de la mano de Dios, seremos enaltecidos.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que humilla a los orgullosos. Y para que veas a Jesús como el enaltecido que se humilló para salvar a hermanos orgullosos como nosotros.


