¿Qué está pasando?
Abdías profetiza que viene un “Día del Señor” (Abdías 15). Y en ese día Dios se encargará de que toda obra malvada cometida contra Israel dé la vuelta y recaiga sobre quienes la cometieron. Los que saquean a Israel y beben el vino de sus viñedos conquistados, pronto beberán en cambio el vino de la ira de Dios (Abdías 16). La tierra que conquistan se convertirá en el lugar donde Dios los conquiste a ellos (Abdías 17). Y los que destruyen a Israel como un fuego consumidor, serán consumidos por el fuego que pronto saldrá de Israel (Abdías 18).
Pero Abdías también describe el Día del Señor como el cumplimiento de la conquista de la tierra prometida por parte de Israel, la que comenzó en el libro de Josué (Abdías 20). Israel nunca conquistó del todo esa tierra, pero Abdías anuncia un día en que Israel poseerá toda la tierra, junto con sus enemigos y los territorios que los rodean (Abdías 19). El Día del Señor no será solo un día de justicia proporcional contra los enemigos de Israel, sino también un día de victoria para Israel misma.
Así que la profecía de Abdías termina con una imagen de los líderes de Israel (llamados libertadores o mesías) gobernando a Edom desde su fortaleza montañosa (Abdías 21). La elección de la nación “Edom” es intencional. Es un juego de palabras con “adam”, que significa “humanidad”. Abdías está diciendo que, en el Día del Señor, Dios levantará a los mesías de Israel para que gobiernen junto con Dios sobre todas las naciones.
¿Dónde está el evangelio?
La profecía de Abdías sobre el Día del Señor trata de mucho más que un pedazo de tierra, unas cuantas naciones enemigas y una conquista inconclusa. El Día del Señor trata de cómo Dios establecerá un Reino eterno sobre el mundo entero. Trata de cómo las obras de toda la gente, de todas las naciones y de todos los tiempos, darán la vuelta y recaerán sobre ellos. Y trata de cómo Dios proveerá liberación para su pueblo, junto con el juicio de sus enemigos, cuando su Mesías definitivo venga a Israel.
Ese Mesías y Libertador es Jesús. En el Evangelio de Mateo, su ministerio comienza con el anuncio del Reino de Dios eterno (Mateo 3:2). Y su llegada viene acompañada de declaraciones tanto de una justicia venidera (Mateo 3:7) como de una liberación inminente (Mateo 1:21).
Pero Jesús no hizo que el mal de la gente diera la vuelta y recayera sobre ellos, como muchos esperaban (Juan 3:17). En cambio, permitió que el mal de ellos se volviera contra él. En la cruz, Jesús se puso en el camino de nuestras obras impías. Lo que debía haber recaído sobre nuestra propia cabeza, él permitió que cayera sobre la suya (1 Pedro 2:24).
El juicio y la misericordia del Día del Señor ocurrieron simultáneamente en la cruz (Romanos 3:26). Jesús fue juzgado para mostrar misericordia no solo a Israel, sino a todas las naciones. Por eso, después de la muerte y resurrección de Jesús, él envió a sus discípulos desde Jerusalén a Judea y Samaria y hasta los confines de la tierra (Hechos 1:8). Ellos fueron la primera oleada de nuevos mesías enviados a extender el Reino de Dios y a gobernar la tierra con él. La conquista que comenzó en Josué y que Abdías anunció será completada hoy por la iglesia (Efesios 1:22-23). Y un día, muy pronto, todo el mal del mundo será juzgado, y todo el pueblo de Dios gobernará en paz para siempre.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios cuyo Reino venidero trae juicio y misericordia. Y para que veas a Jesús como el Mesías que gobierna para siempre con nosotros—su iglesia—a su lado.


