¿Qué está pasando?
El Apóstol Pablo acaba de decirles a los colosenses que Jesús les ha dado una vida nueva (Colosenses 3:9-10). Están llenos del poder de Dios y libres de los poderes y las motivaciones que antes los controlaban (Colosenses 2:8-9). Pero esa libertad no ha cambiado sus circunstancias sociales, matrimoniales ni institucionales. Estos creyentes siguen casados, siguen teniendo hijos, y algunos incluso son esclavos y otros amos de esclavos. Sin embargo, Pablo les dice que estas relaciones del hogar son oportunidades para mostrar el poder transformador de Jesús al mundo romano en el que vivían.
Las esposas no deben usar su libertad en Jesús como excusa para abandonar, rechazar o rebelarse contra sus esposos actuales, sino para permanecer fieles a ellos (Colosenses 3:18). Los esposos no deben usar libremente a sus esposas para satisfacer sus propios deseos, sino amarlas y considerar los deseos de ellas como más importantes que los propios (Colosenses 3:19). Los hijos no deben usar su libertad en Jesús como excusa para desobedecer a sus padres, sino para obedecerlos con mayor prontitud (Colosenses 3:20). Los padres deben imitar a su Padre celestial y usar su autoridad para animar a sus hijos (Colosenses 3:21). Y los esclavos, que por causa de Jesús podrían exigir su libertad, deben en cambio obedecer a sus amos, no para agradarles a ellos, sino para agradar al Dios que hace a los esclavos herederos de su Reino (Colosenses 3:22-24). Dios no hace favoritismos ni con los esclavos ni con los amos. Así que los amos deben recordar que tienen el mismo Amo que aquellos a quienes emplean (Colosenses 4:1). No son superiores a sus esclavos, y serán juzgados si no tratan con equidad y justicia a quienes están a su servicio (Colosenses 3:25).
Pablo quiere que los hogares de los colosenses sean retratos públicos del Evangelio. Pero Pablo sabe que vivir como Jesús en el matrimonio, como hijos y al servir a otros será difícil. Requerirá oración y gratitud (Colosenses 4:2). Estas son las lecciones que Pablo aprendió en la cárcel, y que él mismo todavía necesita poner en práctica (Colosenses 4:3-4). Todos necesitan oración para perseverar en circunstancias difíciles. Y todos deben mantenerse esperanzados y agradecidos de que Dios obra a través de las familias y los hogares para mostrar el poder de Jesús y su capacidad de liberar al mundo (Colosenses 4:5-6).
¿Dónde está el Evangelio?
Las relaciones más importantes de nuestra vida nos brindan algunas de las mayores oportunidades para mostrar al mundo el amor y el poder de Jesús. Cuando las esposas expresan lealtad a esposos que se sacrifican por ellas, juntos se convierten en un retrato vivo de la Iglesia y del amor de Jesús que se entrega hasta la muerte (Efesios 5:24-25). Cuando los hijos obedecen a sus padres, reflejan la obediencia de Jesús a su Padre (Juan 5:19). Cuando los padres enseñan con paciencia a sus hijos, muestran la paciencia de Dios a un mundo desobediente (Romanos 2:4). Quienes sirven a otros encarnarán el servicio sacrificial de Jesús que nos salva (Filipenses 2:7-8). Y los empleadores piadosos reflejan la manera en que Dios usa su autoridad para hacer justicia. El matrimonio, la niñez, la crianza de los hijos y el trabajo existen (en parte) para mostrar públicamente la buena noticia de Jesús.
Pero estas relaciones no son solo demostraciones del poder y el amor de Jesús; son maneras de participar en ellos. Al amar a quienes están en relación con nosotros, damos y recibimos el amor de Dios (Mateo 25:40). El matrimonio, la familia y el trabajo son lugares sagrados donde nos encontramos cara a cara con Jesús. En distintos pasajes, la Escritura describe a Jesús como esposo, hijo, padre, hermano, esclavo y amo. Jesús incluso se describe a sí mismo como una madre, una gallina que quiere proteger a sus polluelos (Lucas 13:34). El matrimonio, la familia y el lugar de trabajo son algunas de las expresiones más vívidas del amor de Dios que llegaremos a experimentar. Cuando nos sacrificamos, amamos, servimos, obedecemos y permanecemos fieles a aquellos con quienes estamos en relación, lo estamos haciendo para Jesús. Y cuando otros lo hacen por nosotros, estamos siendo amados por Jesús.
En otro lugar, Pablo describe al pueblo de la Iglesia de Dios como el cuerpo de Jesús (1 Corintios 12:27). Y hasta que Jesús regrese, la manera en que un mundo que observa verá y experimentará el cuerpo de Jesús entregado por ellos será cuando esposos, esposas, padres, hijos y trabajadores se amen y se honren unos a otros.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que nos da libertad y vida. Y que veas a Jesús como aquel que usa nuestras relaciones más importantes para mostrar su amor y su poder al mundo.


