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devocional

Esdras 1

Un nuevo éxodo

En Esdras 1 vemos que el éxodo final del exilio que necesitamos ya fue logrado por Jesús. Como Dios no lo abandonó en la tumba, no hay lugar alguno al que podamos ir del cual él no pueda traernos de vuelta.

¿Qué está pasando?

La historia de Esdras vuelve a contar la historia del éxodo de Israel desde Egipto para una nueva generación. Esta generación no es oprimida por Egipto, sino por Babilonia. El ejército babilónico ha conquistado su tierra, ha destruido su templo y ha llevado a Israel al exilio. Profetas como Jeremías prometieron que, después de 70 años, Dios traería a su pueblo de regreso a la tierra para reconstruir el templo (Jeremías 25:12). Y en Esdras, ese momento ha llegado (Esdras 1:1). Es tiempo de un nuevo éxodo.

Babilonia acaba de ser conquistada por Persia, bajo el mando del rey Ciro. Y Dios mueve el corazón de este rey para que envíe a algunos israelitas de regreso a su hogar y a su tierra. Y así como Israel despojó a Egipto de sus riquezas, este rey los envía con todos los recursos que necesitan para reconstruir el templo de Dios (Éxodo 12:36; Esdras 1:6). En Éxodo, Dios endurece el corazón del Faraón para impedir que Israel vaya a adorarlo. Pero en Esdras, Dios ablanda el corazón de Ciro para permitir que Israel reconstruya su templo. Dios está realizando otro rescate milagroso. Dios no ha abandonado a su pueblo durante su exilio. Dios está siendo fiel no solo a la promesa dada por medio de Jeremías, sino también a una promesa mucho más antigua.

En Génesis, Dios le prometió a Abraham que sus descendientes vivirían en su tierra y serían una bendición para todas las naciones (Génesis 12:2). La reconstrucción del templo de Israel da inicio al cumplimiento de la promesa de Dios de bendecir a todas las naciones por medio de los descendientes de Abraham (Esdras 1:2). Isaías, otro de los profetas de Israel, también dijo que la casa de Dios sería reconstruida y que todas las naciones vendrían a ella (Isaías 2:2). Ahora que Israel emprende el regreso a su tierra, las antiguas promesas de Dios se están cumpliendo.

¿Dónde está el evangelio?

Las promesas de Dios no se cumplen definitivamente en las páginas de Esdras, sino en la vida de Jesús. Jesús nos invita a una historia de éxodo nueva y mejor; una historia que demuestra que, no importa cuán lejos estemos de Dios y de su hogar, él provee un camino de regreso.

Así como Esdras repitió la historia del Éxodo para una nueva generación, también lo hace Jesús. Cuando Jesús nace, Herodes, como el Faraón, comete infanticidio (Mateo 2:16). Como los judíos, Jesús es llamado a salir de su exilio en Egipto para volver a casa (Mateo 2:14-15). En su bautismo, Jesús incluso pasa por el río Jordán como lo hizo Israel cuando entró por primera vez en la tierra prometida (Mateo 3:13). Dios no ha abandonado a su pueblo. Él nos traerá de vuelta desde cualquier rincón oscuro y opresivo de la Tierra para vivir libremente en casa con él para siempre.

Pero este regreso final al hogar no puede ocurrir hasta que se realice un éxodo de la muerte. Así como Dios movió el corazón de los reyes en Éxodo y en Esdras, Dios mueve el corazón del gobernador Pilato para que condene a Jesús a muerte (Juan 19:11). Pero así como Dios salvó a Israel de Egipto en Éxodo y los sacó de Babilonia en Esdras, Dios levantó a Jesús de entre los muertos y lo sacó de la tumba en Jerusalén. Este es nuestro éxodo final. Esta es la prueba definitiva de que Dios es fiel a sus promesas. Como Dios no abandonó a Jesús en la tumba, no abandonará a nadie que ponga su fe en él (2 Corintios 4:14).  

Así es como Dios cumple sus promesas a Abraham. Jesús es el descendiente de Abraham que bendecirá e incluirá a todas las naciones (Hechos 26:23). Nadie, sin importar su geografía, nacionalidad o historia, queda fuera del alcance del éxodo final del exilio que Jesús provee.  

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que es fiel a sus promesas. Y que veas a Jesús como aquel que demostró la fidelidad de Dios al realizar el éxodo final por todos nosotros cuando resucitó de entre los muertos.

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