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devocional

Ezequiel 20-21

El silencio de Dios

En Ezequiel 20-21 vemos que Jesús reemplazó a los líderes corruptos de su tiempo, no trayendo un ejército poderoso para arrasar Jerusalén, sino muriendo en obediencia a la guía de Dios.

¿Qué está pasando?

Las naciones de Amón e Israel se preparan para la guerra. Ambas naciones intentaron recientemente golpes de Estado contra Babilonia, y ahora Babilonia reúne sus ejércitos para contraatacar. Presos del pánico, los líderes políticos de Israel le piden a Ezequiel la guía de Dios. Pero Dios se niega a hablarles (Ezequiel 20:1-4). Ezequiel explica que, como Israel no ha escuchado a Dios en el pasado, Dios no ofrecerá ninguna guía ahora. Desde sus comienzos en Egipto hasta este momento, Israel ha rechazado a Dios, ha adorado a otras deidades, ha construido ídolos e incluso ha sacrificado a sus hijos a los demonios (Ezequiel 20:5-29). Durante cientos de años, Israel ha rechazado de forma constante la guía de Dios, ha abrazado voluntariamente la idolatría y ha buscado consejo en deidades paganas. Aunque Israel está amenazado, Dios promete que no hablará a sus líderes hipócritas (Ezequiel 20:30-33). La invasión de Babilonia y el silencio de Dios destruirán a los líderes hipócritas e idólatras de Israel para dar lugar a gobernantes nuevos y mejores (Ezequiel 20:34-38).

Pero Dios también promete que este juicio no será definitivo. Su tiempo de disciplina en los desiertos de Babilonia purificará al pueblo de Dios de su hipocresía e idolatría. En aquel día, Dios mismo será su Rey (Ezequiel 20:33). Y llamará a su pueblo de regreso a su tierra, donde lo adorarán de nuevo (Ezequiel 20:41-44). Pero antes de esa restauración, Ezequiel reitera que Babilonia actuará primero como la espada de Dios en la Tierra y purificará a Jerusalén de su negativa a escuchar y de su idolatría (Ezequiel 21:1-17). 

Para poner de relieve la insensatez de escuchar a otros dioses, Dios le dice a Ezequiel que el rey de Babilonia invadirá Israel porque sus ídolos le dirán que lo haga. Irónicamente, esos ídolos serían los mismos dioses que Israel había importado a su tierra. Los dioses de Babilonia traicionarán a Israel (Ezequiel 21:18-24). Todos los líderes impíos de Israel serán destronados y deshonrados hasta que Dios levante a un rey digno que reemplace su liderazgo corrupto (Ezequiel 21:25-27). Después, Ezequiel le recuerda a Amón que Babilonia también los castigará. Aunque aparentemente Babilonia los pasó de largo en su camino para atacar a Israel, Ezequiel advierte que ellos son los siguientes (Ezequiel 21:28-32).

¿Dónde está el evangelio?

Israel y sus líderes han cerrado sus oídos a la guía de Dios de manera crónica, habitual y rebelde. El silencio de Dios, la invasión de Babilonia y el exilio de Israel fueron los castigos purificadores por la idolatría, el sacrificio de niños y el deshonor que Israel había traído al nombre de Dios. Pero a pesar de esto, Dios prometió que su silencio y la destrucción de su pueblo no serían definitivos. Después del exilio, Dios purificaría a su pueblo y levantaría a un rey digno para guiarlo (Ezequiel 21:25-27). Ese rey se llama Jesús.

A diferencia de los líderes del pasado de Israel, Jesús escucha y obedece perfectamente a Dios (Juan 4:34; 5:30; 6:38; 8:26; 10:18; 12:49-50; 14:30-31; 15:10). En lugar de simplemente aceptar la corrupción que veía a su alrededor, como hicieron tantos reyes de Israel, Jesús dedica gran parte de su ministerio a confrontar a los líderes hipócritas y malvados de Israel (Mateo 21:12-15; 23:23-32). Pero la manera en que Jesús reemplazó a los líderes corruptos de su tiempo no fue trayendo un ejército poderoso para arrasar Jerusalén, sino muriendo en obediencia a la guía de Dios. Los gobernantes de la época de Jesús usaron todo su poder para silenciarlo, pero él resucitó de entre los muertos. Jesús demostró que escuchar y obedecer la guía de Dios es más poderoso que todas las maquinaciones y conspiraciones de los líderes y los imperios (Colosenses 2:15). Jesús ahora se sienta en un trono por encima de toda nación y toda tierra (Hechos 7:55-56). Jesús es Rey sobre la vida, la muerte y la Tierra para siempre, y nos está llamando a todos a escucharlo. Si lo hacemos, no nos llevará a la muerte y al exilio, sino a la vida eterna en su patria eterna. 

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que cumple sus promesas de restaurar a su pueblo a pesar de su infidelidad. Y que puedas ver a Jesús como el Rey que purifica nuestros corazones y nos restaura a nuestra tierra.

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