¿Qué está pasando?
El Apóstol Pablo quiere que la iglesia de Filipos experimente el gozo en Jesús que él tiene. Pero la división en la iglesia amenaza ese gozo. Los conflictos han generado división y caos en Filipos. Muchos se consideran más importantes que los demás y buscan primero que nada sus propios intereses. Las peleas internas, el chisme y la calumnia ya son cosa común (Filipenses 2:3-4, 14). Pablo advierte que, si estos conflictos continúan, cambiarán a Jesús por contiendas, amargura y angustia.
Para combatir esta división, Pablo los anima a estar unidos en su búsqueda de llegar a ser como Jesús (Filipenses 2:1). Los llama a estar tan centrados en Jesús que tengan una sola mente, un solo corazón y una sola devoción por él (Filipenses 2:2). Jesús es su ejemplo perfecto de cómo relacionarse unos con otros (Filipenses 2:5). Pablo les recuerda que Jesús es igual a Dios mismo (Filipenses 2:6). Y luego, en humildad, deja atrás su poder, se niega a hacer uso de su igualdad con Dios y se hace humano (Filipenses 2:7). Jesús no se separa de los demás, ni usa su poder para buscar sus propios intereses. Al contrario, vive y muere para unir a las personas con Dios y unas con otras.
Pablo dice que Jesús se hizo como un siervo con este propósito. Obedeció el mandato de morir en una cruz para nuestro beneficio (Filipenses 2:8). Ahora estamos unidos a Dios por su sacrificio y ligados unos a otros por su sangre. Si este es el camino de Jesús, sus seguidores también deben dejar a un lado toda división y servirse unos a otros con humildad. Pablo anima a los filipenses a trabajar con empeño para hacer de esto una realidad, mientras Dios obra en ellos para su gozo (Filipenses 2:12-13).
¿Dónde está el evangelio?
En el jardín, la serpiente tentó a Adán y Eva con la posibilidad de llegar a ser iguales a Dios (Génesis
3:5). Sin embargo, lo que recibieron en cambio fue división, corrupción y caos. Al querer alcanzar el gozo, Adán y Eva se encontraron separados de Dios y de los demás. Desde el mismísimo comienzo de la Biblia, la humanidad ha sido tentada a servirse a sí misma. Buscar nuestros propios intereses, perseguir ambiciones egoístas, exigir que los demás nos sirvan: eso nos sale con toda naturalidad.
Pero donde nuestra rebelión trae división, Jesús trae unidad. Él ya tenía igualdad con Dios. Y aun así, escogió moverse hacia nosotros y entrar en un mundo lleno de hostilidad. Se hizo carne y sangre para compartir nuestra humanidad (Hebreos 2:14). Jesús se hizo uno con nosotros para poder invitarnos a la unidad con Dios y ser nuestro ejemplo de cómo estar unidos unos con otros. Por medio de su muerte y resurrección, restaura nuestra relación con Dios y con los demás.
Nadie se ha humillado como Jesús. En amor, Jesús lo deja todo a un lado para traernos gozo. Y ahora Jesús está entronizado junto a Dios por causa de su humildad y de cómo se abajó a sí mismo (Filipenses 2:9). Porque estuvo dispuesto a hacerse nada, toda la creación se inclinará ante su poder y su autoridad (Filipenses 2:10-11). El camino al gozo no consiste en pasar por encima de los demás y exigir lo que creemos merecer. El gozo se encuentra al abrazar el camino de Jesús, dejando a un lado la división y haciéndonos siervos (Mateo 20:26-28).
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos y veas al Dios que se hizo nada para rescatarnos. Y que veas a Jesús como aquel que es exaltado por causa de su humildad.


