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devocional

Filipenses 4

Gozo en toda circunstancia

En Filipenses 4 vemos que el amor sacrificial de Jesús nos lleva a una experiencia más profunda de Dios. Porque él nos amó incluso hasta la muerte, se nos ofrece un gozo completo, pues en Jesús tenemos paz con Dios y unos con otros.

Lo que está pasando

Más que cualquier otra carta que Pablo escribió, Filipenses se centra en el gozo que podemos encontrar en Jesús. Trece veces en esta carta tan breve, Pablo menciona el gozo o el alegrarse. No se cansa de repetirse en este punto. Incluso nos dice: «Para mí no es molestia volver a escribirles lo mismo, y a ustedes les da seguridad» (Filipenses 3:1). Esto sorprende aún más si consideramos que Pablo se encuentra en la cárcel, esperando una posible ejecución. Pero, a pesar del gozo de Pablo en Jesús, los filipenses siguen siendo tentados a apartar sus ojos de Jesús. Al cerrar su carta, les advierte que, si se centran en sus ansiedades y en sus peleas internas, no lograrán señalarse unos a otros el gozo más profundo que se encuentra en Dios (Filipenses 4:4).

Pablo les ruega que dejen a un lado las divisiones y las peleas internas, y que en su lugar estén unidos en un mismo sentir y un mismo espíritu alrededor de la buena noticia de Jesús (Filipenses 4:2-3). En vez de dejarse llevar por sus ansiedades hacia el chisme, la calumnia y la manipulación, Pablo los anima a presentar cada situación a Dios en oración (Filipenses 4:6). Les dice que fijen su mente en todo lo que es verdadero, bueno y puro (Filipenses 4:8). De esta manera recibirán una paz que viene de Dios, la cual mantendrá sus ojos apartados de sus conflictos sin resolver y puestos en Jesús (Filipenses 4:7). Pablo ha aprendido a estar contento en toda circunstancia, sea buena o mala. Incluso desde una cárcel romana, su gozo no se tambalea, porque su gozo está en Jesús, quien le da sus fuerzas (Filipenses 4:11-13). Si los filipenses siguen su ejemplo, sus divisiones se resolverán por sí solas.

Pablo termina su carta expresando el gozo que sintió por la ofrenda económica que le enviaron. Durante años, los filipenses le enviaron ayuda a Pablo en sus dificultades y necesidades (Filipenses 4:15-16). Y en su hora más oscura, en una cárcel romana y posiblemente a la espera de ser ejecutado, ellos hacen todo lo posible para sostenerlo. Él habría estado contento en Dios aun si su necesidad no hubiera sido suplida. Pero por medio de su ofrenda, él se alegra aún más (Filipenses 4:10). Su ofrenda llega a ser mucho más que un cheque de apoyo: es una ofrenda de gratitud a Dios (Filipenses 4:18).

¿Dónde está el evangelio?

Jesús vino a formar un nuevo tipo de pueblo. En su muerte y resurrección, creó un pueblo marcado por su amor y su gozo. Jesús no vino solamente a reparar nuestra relación con Dios; Jesús también vino a reparar nuestras relaciones unos con otros. En lugar de peleas internas y ansiedad, su pueblo puede estar marcado por la unidad. Resolver conflictos, dejar atrás las injusticias del pasado y escoger amarnos unos a otros es el rasgo distintivo de las personas y las comunidades que fijan su mente en Jesús. Jesús les dice a sus discípulos que serán reconocidos por el amor que se tengan unos a otros, porque se amarán como él los amó (Juan 13:34-35).

Por supuesto, amar a los demás será difícil. El amor de Pablo por su iglesia lo llevó a lugares oscuros, donde «hasta perdimos la esperanza de salir con vida» (2 Corintios 1:8). Jesús también conoció el alto precio del amor. Fue un varón de dolores, familiarizado con el dolor y la tristeza (Isaías 53:3). Y Jesús murió por su gran amor por el mundo (Juan 3:16). Pero tanto Pablo como Jesús tenían un gozo profundo y duradero que los sostuvo a lo largo de su vida. Jesús encontró gozo en su relación con su Padre, así como Pablo encontró gozo en su relación con Jesús. La relación con Dios, tanto de Jesús como de Pablo, exigió un amor sacrificial; pero en ese amar, incluso hasta la muerte, había un gozo supremo.

Jesús les dijo a sus discípulos que obedecieran los mandamientos de Dios de amar, para que su gozo viviera en ellos y para que su gozo fuera completo y perfeccionado (Juan 15:11). Y Pablo es prueba de que es posible experimentar ese gozo, incluso desde una celda. Cuando nos apartamos de nuestros conflictos y amamos aun cuando duele, no estamos muriendo en vano. Morimos en la esperanza del gozo eterno y de la vida de resurrección que nada en este mundo puede quitarnos.

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos y veas al Dios que nos da gozo en nuestra hora más oscura. Y que puedas ver a Jesús como aquel que es, él mismo, nuestro gozo.

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