Qué está sucediendo
Pablo teme que su trabajo entre la iglesia de Filipos haya sido todo en vano si ellos no viven de acuerdo con las enseñanzas de Jesús (Filipenses 2:16). Quiere que estén llenos del gozo que viene de ofrecer sus vidas a Dios (Filipenses 2:18). Pablo ha ofrecido su vida para servir a otros y señalarles a Jesús. Y en ese sacrificio ha encontrado un gran gozo (Filipenses 2:17). Pablo sabe que si los filipenses siguen su ejemplo, ellos también estarán llenos de gozo y brillarán como estrellas en la oscuridad de nuestro mundo (Filipenses 2:15-16).
Pablo les dice a los filipenses que les envía a sus colaboradores Timoteo y Epafrodito (Filipenses 2:19, 25). Estos hombres encarnan el sacrificio al que Pablo está llamando a la iglesia. Así como Jesús se humilló y entregó su vida para gozo de ellos, así Timoteo y Epafrodito han hecho sacrificios por la iglesia de Filipos.
Timoteo los ama y se preocupa por ellos de verdad. No es un hombre que imponga su propia voluntad, sino que busca la voluntad de Jesús en todo. Y según la experiencia de Pablo, Timoteo ha demostrado ser un siervo fiel de Jesús, así que los filipenses harían bien en confiar en él y en su ejemplo (Filipenses 2:20-22).
De igual manera, Epafrodito es un hombre de Dios dispuesto a sacrificarse. Los filipenses habían enviado antes a Epafrodito con dinero para Pablo, y eso casi le costó la vida (Filipenses 2:25; 4:18). En el camino, Epafrodito se enfermó y estuvo a punto de morir. Pero ahora que se ha recuperado, lo único que desea es reunirse con su iglesia de origen (Filipenses 2:26-27). Pablo anima a los filipenses a recibir y honrar a Epafrodito como un ejemplo del gozo que hay en el riesgo y el servicio que seguir a Jesús exige (Filipenses 2:29-30).
¿Dónde está el evangelio?
Como Timoteo y Epafrodito, nosotros somos llamados a derramar con gozo nuestras vidas en servicio a los demás, como sacrificios a Dios. Y al hacerlo, encontraremos un gozo profundo y duradero en Jesús (Filipenses 2:16-18). Como dice Jesús, cada vez que perdemos nuestra vida por él, en realidad la encontramos (Marcos 8:35). Jesús lo demostró. Se entregó a la voluntad de Dios hasta la muerte. Derramó su vida como ofrenda para rescatarnos y encontró la vida eterna de la resurrección. Nosotros también debemos ofrecer toda nuestra vida a Dios, amando y sirviendo a quienes nos rodean.
Podría ser tentador pasar por alto esta sección de Filipenses y tratarla simplemente como los planes de viaje de Pablo. Pero Pablo señala intencionalmente a Timoteo y Epafrodito como ejemplos para nosotros. Ellos demuestran lo que Pablo ha venido diciendo hasta este punto: una vida cambiada por Jesús, que da como resultado gozo. Estos hombres buscan los intereses de los demás y no los propios (Filipenses 2:21). Entregan sus vidas para servir y amar a otros (Filipenses 2:30). Pablo nos llama no solo a aprender de quienes entre nosotros viven así, sino también a honrar y recibir en nuestra vida a personas como estas (Filipenses 2:29-30). Y al seguir su ejemplo de devoción a Jesús, encontraremos un gran gozo, sean cuales sean las circunstancias.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que nos llena de gozo en el sacrificio. Y que puedas ver a Jesús como aquel que derramó su vida en servicio a los demás.


