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devocional

Génesis 37-38

José y Judá

En Génesis 37-38 vemos que Jesús fue tratado peor que José y que fue descendiente del pecado sexual de Judá; sin embargo, a través de todo esto, Dios cumple todos sus planes.

¿Qué está pasando?

Jacob y sus hijos viven en Canaán, pero la disfunción de su familia sale a la superficie muy pronto. Jacob muestra un favoritismo abierto hacia su hijo José, y le regala una túnica de muchos colores como señal de honra. José echa más leña al fuego al contar sueños que insinúan que algún día sus hermanos se inclinarán ante él (Génesis 37:5). Sus hermanos se hartan de esto.

Llenos de ira, venden a José como esclavo y luego le mienten a su padre, afirmando que una fiera lo mató (Génesis 37:28). La familia escogida se ve fracturada, violenta y casi sin esperanza.

Y la disfunción no termina allí. Otro hijo, Judá, se casa con una mujer cananea y tiene tres hijos (Génesis 38:2). Pero los dos primeros son tan impíos que Dios les quita la vida (Génesis 38:7). Judá promete que su hijo menor finalmente se casará con Tamar, la viuda de su primogénito, para que ella pueda tener hijos. Pero cuando él se niega a entregarle a su hijo, Tamar se disfraza de prostituta, engaña a Judá para que se acueste con ella y queda embarazada (Génesis 38:15).

Cuando el embarazo de Tamar queda al descubierto, Judá intenta condenarla a muerte por inmoralidad. Pero cuando ella demuestra que él mismo es el padre, Judá es humillado y reconoce: «Ella es más justa que yo» (Génesis 38:26). Tamar da a luz gemelos, y uno de ellos —Fares— llega a formar parte del linaje familiar de la bendición (Génesis 38:29).

La familia escogida parece un desastre. La traición, las mentiras, el pecado sexual y la injusticia llenan estos capítulos. Y aun así, a través de todo esto, la promesa de Dios sigue avanzando.

¿Dónde está el evangelio?

Las historias de José y de Tamar apuntan ambas hacia adelante, a Jesús.

Como José, Jesús es el Hijo amado, adornado no solo con una túnica de muchos colores, sino con toda la plenitud de la gloria de Dios (Colosenses 1:19). Y como José, fue traicionado a cambio de plata y entregado a la muerte (Mateo 26:15). Pero así como Dios usó la traición contra José para salvar vidas, así también usó la traición y la muerte de Jesús para salvar al mundo (Hechos 2:23).

Y como Tamar, que estuvo a punto de ser condenada, Jesús entra en el lugar de la vergüenza y la injusticia. Pero a diferencia de Judá, que falló en sus responsabilidades, Jesús es el Hijo justo que no falla. Él no solo intercede por los que son acusados falsamente, sino que también redime a los verdaderamente culpables. Por eso el Evangelio de Mateo incluye a Tamar y a su hijo Fares en la genealogía de Jesús (Mateo 1:3). De esta historia quebrantada, Dios estaba preparando el linaje que llevaría al Salvador.

Esta es una buena noticia para nosotros. Porque igual que la familia de Jacob, nuestras vidas son marañas de quebranto, fracaso y vergüenza. Y aun así, en Jesús, Dios no nos abandona. Él entra en nuestra culpa, carga nuestra vergüenza y la transforma en una historia de bendición y florecimiento. Aquel que fue traicionado, despojado y condenado se ha convertido en el Redentor que nos introduce en la familia de Dios.

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo te muestre al Dios que saca lo bueno de los lugares más oscuros. Y que puedas ver a Jesús como el Hijo que fue traicionado y humillado, pero que transforma nuestro quebranto en bendición y nos hace parte de su familia eterna.

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