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devocional

Génesis 4-5

Caín y Abel

En Génesis 4-5 vemos lo que quiere decir el Nuevo Testamento cuando afirma que la sangre de Jesús habla una palabra mejor que la de Abel.

¿Qué está pasando?

Uno de los hilos más importantes de Génesis es la promesa de dos «descendencias» en Génesis 3:15. Dios dijo que habría enemistad entre los que llevan su imagen de vida y los que se deforman hasta tomar la imagen de muerte de la serpiente.

El relato que sigue de inmediato muestra con qué rapidez comienza esta batalla. Adán y Eva tienen dos hijos: Caín y Abel (Génesis 4:1-2). Abel lleva la imagen de vida de Dios al ofrecerle lo mejor que tiene, y Dios lo acepta. Pero la ofrenda de Caín es rechazada. Dios le advierte a Caín que este momento es una encrucijada: «El pecado te acecha a la puerta y te desea; pero tú debes dominarlo» (Génesis 4:7).

Es la primera vez que aparece la palabra «pecado» en la Biblia. Y se lo describe como una bestia que espera para devorar a Caín, tal como la serpiente engañó a sus padres. En lugar de dominar a esta bestia, Caín se somete a ella. Movido por los celos y la ira, Caín asesina a su hermano Abel (Génesis 4:8). Bajo el poder del pecado, Caín lleva la imagen de muerte de la serpiente. La muerte de Abel es la primera que registra la Escritura, y muestra con qué rapidez se propaga la violencia de la serpiente en la humanidad.

Caín se aleja entonces de la presencia de Dios y construye una ciudad (Génesis 4:16-17). Sus descendientes se multiplican, pero también su violencia. Con el tiempo, uno de los descendientes de Caín, Lamec, se jacta de haber matado a un hombre y canta que su maldición es aún mayor que la de Caín (Génesis 4:23-24). La humanidad queda cada vez más dominada por la bestia del pecado, esparciendo muerte y deformando la imagen de Dios.

Pero la promesa de Dios no ha fracasado. Adán y Eva tienen otro hijo, Set (Génesis 4:25). En la línea de Set, la gente comienza a invocar el nombre del SEÑOR (Génesis 4:26). Sus descendientes se multiplican, pero en lugar de jactarse de la violencia, andan con Dios. De uno de esos descendientes, Enoc, se dice que anduvo tan cerca de Dios que no probó la muerte: Dios lo llevó directamente a la vida (Génesis 5:24). Por medio de Set, Dios muestra que nada —ni siquiera la bestia del pecado ni el aguijón de la muerte— puede detener su promesa.

¿Dónde está el evangelio?

El evangelio nos dice que Jesús es la descendencia prometida de Eva. A diferencia de Caín, Jesús no fue dominado por la bestia del pecado. Aunque nació a semejanza de los hijos de Adán, vivió perfectamente en la imagen de Dios. En lugar de esparcir muerte, trajo al mundo vida, sanidad y florecimiento.

Hebreos dice que la sangre de Jesús «habla una palabra mejor que la sangre de Abel» (Hebreos 12:24). La sangre de Abel clamaba desde la tierra con el trágico testimonio de que el sufrimiento y la violencia solo terminan en muerte. Pero la sangre de Jesús habla una palabra distinta. La bestia del pecado, la descendencia de la serpiente y seres humanos como Caín derramaron su sangre, tal como Caín derramó la de Abel. Sin embargo, cuando la sangre de Jesús cayó a la tierra, sembró la promesa de la resurrección. Al resucitar de entre los muertos, Jesús muestra que la vida brotará de la muerte, y que incluso en un mundo gobernado por el pecado y la violencia, la bendición de Dios se multiplicará.

Así es como Jesús aplasta la cabeza de la serpiente: tomando el arma más poderosa del pecado —la muerte— y destruyendo su poder con vida eterna. Mientras que la línea de Caín llenó la Tierra de violencia, la resurrección de Jesús inaugura una nueva familia que llenará la Tierra de vida.

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo te dé ojos para ver al Dios que cumple su promesa de traer vida incluso cuando el pecado y la muerte parecen vencer. Y que veas a Jesús como la descendencia prometida que derrota a la bestia del pecado, aplasta la cabeza de la serpiente y trae la bendición de vida de Dios a toda la Tierra.

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