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devocional

2 Pedro 1:1-15

Participar de lo divino

En 2 Pedro 1:1-15 vemos que participar de la naturaleza divina de Jesús nos salva de nuestra corrupción moral, nos salva para progresar moralmente mientras vivimos y nos salva para vivir para siempre.

¿Qué está pasando?

El Apóstol Pedro está en su lecho de muerte (2 Pedro 1:14). Y 2 Pedro contiene las últimas palabras de uno de los discípulos más cercanos a Jesús. Comienza diciendo que Jesús es nuestro Dios y Salvador (2 Pedro 1:1). Muchos en los días de Pedro negaban estas afirmaciones y sus implicaciones, y Pedro se ocupará de estos falsos maestros más adelante en su carta. Por ahora, Pedro solo quiere predicar un último sermón antes de morir.

Y el punto de su sermón es que Jesús ha empleado su poder divino para darnos todo lo que necesitamos para vivir una vida piadosa, y esa vida piadosa viene por conocer a Jesús (2 Pedro 1:3). Saber que Jesús es nuestro Dios y Salvador no es simplemente conocer un dato acerca de Jesús, sino participar de la naturaleza divina de Dios (2 Pedro 1:4). Pedro quiere decir que compartimos, tenemos comunión y somos llenos de la virtud moral o la rectitud de Dios. Dice que esta participación en lo divino es Dios cumpliendo sus promesas. Pedro nunca explica con precisión cuáles son esas promesas, pero sí explica lo que hacen. Las promesas de Dios nos unen a su naturaleza divina, moralmente perfecta, y escapamos de la corrupción (2 Pedro 1:4b).

La corrupción moral envenena nuestro planeta. Nuestras relaciones unos con otros y con Dios muchas veces están marcadas por la ignorancia, la falta de dominio propio, la inconstancia, la hostilidad y el odio. Pero Jesús nos llama a su gloriosa rectitud, y por su poder divino compartimos su perfección moral. En Jesús escapamos de nuestra corrupción moral.

Pero este escape es a la vez un acontecimiento y una travesía. Jesús nos salva por la fe, pero también debemos esforzarnos por añadir virtud moral a nuestra fidelidad (2 Pedro 1:5a). Dios emplea su poder divino para añadirnos a su perfecta sabiduría, dominio propio, lealtad, afecto y amor (2 Pedro 1:5b-7). En respuesta al acontecimiento de que Dios incluya a su pueblo en su perfección moral, participamos de lo divino viviendo una travesía de creciente virtud moral y piedad (2 Pedro 1:8). Quienes conocen a Jesús como Dios y Salvador siempre están creciendo de esta manera (2 Pedro 1:10).

La buena noticia que Pedro se lleva a la tumba es que Jesús nos salva para participar de su perfección moral divina y vivir como él en la Tierra. Los que carecen de virtud, de disciplina y de amor han olvidado por qué han sido salvados (2 Pedro 1:9). Pero quienes participan de lo divino experimentarán una confianza creciente en su salvación y una piedad creciente en su vida.

¿Dónde está el evangelio?

Al morir, Pedro sabe que participar de la naturaleza divina de Jesús nos salva de nuestra corrupción moral y también nos salva para progresar moralmente mientras vivimos. Pero la esperanza de Pedro se extiende más allá de esta vida. Participar de lo divino no solo significa ser cada vez más justos con el paso del tiempo; significa participar también de la inmortalidad de lo divino. Jesús se ha unido a nosotros, pero además nos dará la bienvenida a un Reino eterno (2 Pedro 1:11). Al final de su carta, Pedro añade que Jesús nos recibirá en una nueva realidad donde por fin habitará la rectitud (2 Pedro 3:13).

Al final de su vida, Pedro nos deja este sermón: que nuestro Salvador justo comparte con nosotros su naturaleza justa para que podamos vivir vidas justas que lleven a una rectitud eterna. La corrupción moral que hoy es universal desaparecerá, y nuestro progreso moral dará lugar a la perfección moral para siempre.

Una realidad eterna dominada por nuestra corrupción moral se llama infierno. Pero Pedro dice que quienes conocen a Jesús experimentarán la rectitud ahora y para siempre. Así que confía en el Justo que Pedro alaba con sus últimos trazos de pluma. Confía en que Jesús te llamará a toda su gloria y excelencia. Confía en que Jesús puede sacarte de tu corrupción moral y llevarte a la perfección moral eterna.

Compruébalo tú mismo

Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que es justo. Y que veas a Jesús como nuestro Salvador, quien comparte con nosotros su naturaleza justa para que podamos experimentar la gloria para siempre.

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