¿Qué está pasando?
Pedro está a la ofensiva. Unos falsos maestros lo han acusado de enseñar el mito de que Jesús volverá para juzgar su sexualidad y su avaricia (2 Pedro 2:2-3a). Esta falsa enseñanza niega la autoridad de Jesús para reinar y niega que venga un día de juicio; y así niega que los cristianos estén obligados a algún código moral. En otras palabras, si Dios no va a juzgar, podemos hacer lo que queramos (2 Pedro 2:19). Pero Pedro ataca cada una de estas suposiciones.
Primero, en cuanto a la autoridad de Jesús, Pedro dice que no es ningún mito que él y los demás apóstoles fueron testigos oculares de la transfiguración de Jesús (2 Pedro 1:16). La transfiguración de Jesús en los evangelios es el momento en que los apóstoles se dan cuenta de que Jesús tiene la autoridad para gobernar el mundo. Dios habla desde el Cielo y declara que Jesús es su Hijo coronado (Mateo 17:5). Y lo acompañan Moisés, el primer rey de Israel, y Elías el Restaurador, la primera persona en la Biblia que resucitó a alguien de entre los muertos (Mateo 17:11). Los falsos maestros están equivocados. La transfiguración revela que a Jesús se le ha dado autoridad sobre la vida, la muerte y el universo, y Pedro es testigo de ello.
Segundo, Pedro demuestra que viene un día de juicio. Parte del argumento de los falsos maestros era que la idea de un día de juicio anunciado por los profetas era invención del hombre, no de Dios (2 Pedro 1:20). El “juicio” es una herramienta que los religiosos usan para imponer control moral mediante el miedo. Pero Pedro dice que las profecías del juicio no son invenciones humanas, sino producto del Espíritu Santo (2 Pedro 1:21). La idea de que no viene ningún juicio es invención del hombre y, de hecho, esta objeción también fue profetizada por el Espíritu Santo que ellos niegan (2 Pedro 2:1).
Esta negación del juicio inevitable es antigua y tiene consecuencias (2 Pedro 2:3). Pedro lo demuestra con tres historias famosas de juicio del Antiguo Testamento: la caída de los hijos de Dios, el diluvio de Noé, y Sodoma y Gomorra. En estas historias, los seres angelicales, los contemporáneos de Noé y los habitantes de las ciudades gemelas rechazan todos la autoridad moral de Dios, se entregan a sus deseos sexuales y materiales, y se convierten en ejemplos de lo que les sucederá a todos los impíos (2 Pedro 2:6).
Por último, Pedro responde a las afirmaciones de los falsos maestros sobre la moralidad al vincular el juicio inevitable de los impíos con el rescate inevitable de los moralmente justos. Noé y Lot fueron hombres justos, afligidos por el mal moral y espiritual que los rodeaba, y ambos fueron salvados (2 Pedro 2:5, 7-8). La rectitud importa. Al negar que Jesús volverá y al promover una moral del “todo se permite”, estos falsos maestros no solo están negando la Escritura. También están negando cualquier rescate de un mundo lleno de mal (2 Pedro 2:9-10).
Pedro llama a esta manera de pensar propia de animales (2 Pedro 2:12). Estos falsos maestros se arrastran de un apetito a otro, ladrando contra cosas que se niegan a entender (2 Pedro 2:14). Movidos por el dinero, son como Balán, un profeta antiguo que vendía sus encantamientos al mejor postor y cuyo animal era más sensato que su amo (2 Pedro 2:15-16). Como una fuente sin agua, predicar una supuesta libertad mientras se niega la venida de Jesús es inútil en el mejor de los casos, e inhumano en el peor (2 Pedro 2:17-18). Tan temerosos de la autoridad de Dios, se esclavizan a sus propias pasiones primitivas (2 Pedro 2:19-20). Y como los perros y los cerdos, no pueden evitar comer su propia inmundicia (2 Pedro 2:22).
¿Dónde está el evangelio?
Pedro está a la ofensiva, y se nota. Nos habla a nosotros al hablar contra estos falsos maestros. Algunos de nosotros quizá necesitemos oír la dura reprensión de Pedro acerca de lo inevitable del juicio. Otros tal vez compartan el escepticismo de los falsos maestros sobre la venida de Jesús y les atraiga una fe moralmente menos exigente (2 Pedro 2:18). Algunos necesitan oír la advertencia de Pedro sobre el derrumbe inevitable de una vida gobernada por sus apetitos, y someterse a un Gobernante distinto de sí mismos.
Pero todos necesitamos oír la buena noticia de que el rescate y la liberación son inevitables para los justos. Pedro ya ha dicho que quienes conocen a Jesús participan de su naturaleza divina y justa (2 Pedro 1:4). ¡Nuestro rescate está seguro! Como Noé, podemos predicar con valentía la rectitud a un mundo que se hunde (2 Pedro 2:5). Como Lot, podemos llorar por un mundo perdido en su libertinaje (2 Pedro 2:8). Y como ellos dos, podemos estar seguros de que lo más cerca que estaremos de experimentar el juicio será leer acerca de él (2 Pedro 2:9). Dios tiene un historial de salvar a los justos, y lo hará por todos nosotros los que conocemos a su Hijo, el Rey, Jesús, y confiamos en él.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que juzga el mal. Y que veas a Jesús como aquel que gobierna el mundo y salva del juicio a los justos.


