¿Qué está pasando?
Pablo termina su carta recordándole a la iglesia de Éfeso que su vida es una batalla, no unos contra otros, sino contra poderes espirituales (Efesios 6:12). Pablo dirige la atención de sus lectores hacia los poderes espirituales de las tinieblas varias veces. En el capítulo uno se nos dice que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos y lo sentó en un trono por encima de toda autoridad espiritual (Efesios 1:19b-21a). Añade que Dios ha puesto todos los poderes demoníacos bajo los pies de Jesús para el beneficio y la protección de su iglesia (Efesios 1:22-23). En el capítulo dos Pablo dice que antes estábamos gobernados por «el que gobierna el aire» y que antes éramos hijos e hijas espirituales de la desobediencia (Efesios 2:2). En el capítulo tres dice que cuando judíos y gentiles dejan a un lado su división y son unidos en una sola iglesia, eso proclama la sabiduría de Dios a los poderes espirituales (Efesios 3:10). Y en el capítulo cuatro incluso el enojo mal dirigido tiene consecuencias demoníacas (Efesios 4:26-27). Nuestra batalla es principalmente espiritual.
Y como esta batalla es espiritual, nuestra preparación también debe ser espiritual. Pablo nos dice que nos preparemos para la batalla con lo que él llama la armadura de Dios (Efesios 6:11). Pero esta armadura es extraña. Tiene menos que ver con lo listos que estamos para pelear y más con recibir los dones y la gracia de Dios. Cada pieza de la armadura de Dios es una bendición que solo puede venir de Dios: la verdad y la rectitud (Efesios 6:14), la paz (Efesios 6:15), la fe (Efesios 6:16), la salvación y su Espíritu Santo (Efesios 6:17). Los creyentes se arman contra los poderes espirituales recordando lo que Dios ha hecho por ellos. La manera en que los creyentes apagan las mentiras y los ataques del enemigo es recordar, vestirse y armarse con lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo.
La última exhortación de Pablo es sencilla: ora (Efesios 6:18). Por medio de la oración, los poderes de las tinieblas vuelven a ser avergonzados por la luz de la salvación de Dios (Colosenses 2:15). Por medio de la oración, las tinieblas retroceden. Y, de forma más personal, Pablo espera que los efesios oren por valentía para él, mientras anuncia la derrota de los poderes y el misterio del evangelio a los mismos poderes que lo han encarcelado (Efesios 6:19-20).
¿Dónde está el evangelio?
Nuestra batalla es principalmente espiritual, y principalmente es Dios quien la pelea. Jesús ya derrotó a los poderes y nosotros caminamos libremente en su victoria. Incluso la armadura que debemos ponernos la vistió Dios primero. En el libro de Isaías, el profeta nos dice que un Salvador venidero peleará a favor de su pueblo vestido con esa misma armadura que Pablo describe (Isaías 59:16-17). ¡El Salvador que Isaías profetizó es Jesús! Jesús se pone la armadura mientras pelea por nuestra salvación en la cruz. Atraviesa nuestro pecado con su espada, y su fidelidad jamás permitirá que la muerte nos derribe otra vez. En su resurrección, Jesús se convierte en nuestra armadura. En Jesús, la batalla ya está ganada y las armas que ya vencieron a nuestro enemigo son nuestras para vestirlas. Nuestro llamado es a vestirnos de Jesús, quien es nuestra armadura, y caminar en su victoria.
Y no olvidemos que Dios, en su misericordia, nos ha sentado con Cristo en las regiones celestiales (Efesios 2:5). Tenemos autoridad y poder sobre las tinieblas que aún se arrastran por la Tierra. Sí, nuestra vida es una batalla, pero estamos del lado que gana. Nuestro enemigo ha sido aplastado. Sus armas son encendidas, pero débiles, para los que están en Jesús. Así que recuerda que tu batalla es espiritual. Tu peor enemigo no es tu jefe, ni tu cónyuge, ni el guardia de tu prisión. Los poderes de las tinieblas quieren usar tu situación para verte caer, pero recuerda que Jesús ya peleó por ti y venció. Ahora Jesús te cubre con su propia armadura, y por su Espíritu resistirás en estos días malos.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que pelea por nosotros. Y que veas a Jesús como aquel que nos da toda bendición espiritual para que podamos caminar en su victoria.

