¿Qué está pasando?
Según Pablo, una vida digna del evangelio que une tanto a judíos como a gentiles es una vida marcada por el amor (Efesios 5:2), la luz (Efesios 5:8) y la sabiduría (Efesios 5:15). Estas son tres marcas no negociables de la nueva familia y el nuevo pueblo de Dios.
El amor que demuestra esta nueva comunidad unida no es sexual, ni perverso, ni codicioso, y es agradecido en lugar de vulgar (Efesios 5:3-4). La obscenidad, la codicia y la sensualidad prueban que uno es ciudadano de un reino que no es de Dios (Efesios 5:5). Dios ha rescatado a su pueblo de ese reino de tinieblas, y volver a él sería desastroso (Efesios 5:6-7). En cambio, el pueblo de Dios debe rechazar las tinieblas y vivir como hijos de la luz (Efesios 5:8). La luz es buena, justa y verdadera, y expone activamente lo malo, lo injusto y lo falso (Efesios 5:10-11). Esta exposición no busca avergonzar a quienes viven en tinieblas (después de todo, los creyentes antes eran igual que ellos), sino transformarlos. La luz, por su misma naturaleza, disipa las tinieblas, y por la luz de Jesús en la vida de los creyentes las tinieblas pueden ser desplazadas para siempre (Efesios 5:12-13). Por último, vivir en amor y en luz en un mundo de sexo, codicia y tinieblas requiere sabiduría (Efesios 5:15-16). Pero esta sabiduría no consiste primeramente en la sobriedad y la abnegación; la sabiduría consiste primero en ser llenos del Espíritu de Dios y en entender lo que Dios desea (Efesios 5:18).
En última instancia, el amor, la luz y la sabiduría nos llevarán a someternos humildemente los unos a los otros en el poder del Espíritu Santo (Efesios 5:21). Someterse a las necesidades de los demás es lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz (Efesios 5:25-26). Por el amor de Jesús somos hechos santos (Efesios 5:27). Por la luz de Jesús nuestro pecado es expulsado. Por la sabiduría de Jesús se revelan los misterios (Efesios 5:31-32). La humilde sumisión de Jesús a las necesidades de su pueblo es lo que nos salvó.
Así que Pablo nos dice que nuestras relaciones más fundamentales —con padres, cónyuges y patrones— deben reflejar la propia humildad y la sabia sumisión de Jesús. Pablo manda a las esposas que se sometan, pero también manda a los esposos que sometan su propia vida por amor a su esposa (Efesios 5:22, 25). Los hijos deben obedecer y honrar a sus padres, y los padres no deben exasperar ni enojar a sus hijos (Efesios 6:1, 4). Los esclavos deben obedecer a sus amos como si obedecieran a Jesús, y los amos deben recordar que ellos también son esclavos, porque Dios es su Amo (Efesios 6:5, 9). Todas nuestras relaciones deben estar marcadas por el tipo de humildad y amor que Jesús nos mostró (Efesios 5:21).
¿Dónde está el evangelio?
Es significativo que, en tiempos de Pablo, habría sido inaudito dirigirse a un hijo, una esposa o un esclavo antes de reconocer primero al padre, al esposo o al amo. Pero en cada relación Pablo invierte el orden esperado, honrando primero al humilde y al débil y solo después al poderoso (Efesios 5:22; 6:1, 5). En la estructura misma de su carta, Pablo demuestra la humildad que espera que su pueblo viva.
Pero Pablo también sabe que seremos tentados por nuestras viejas costumbres. Nos será fácil caer de nuevo en una vida sin sabiduría, en relaciones sin amor y en la ira orgullosa (Efesios 5:6). Pablo sabe que seremos tentados por la envidia, la impureza sexual y la lascivia. Pablo sabe que la humilde sumisión es difícil, especialmente cuando conduce al sufrimiento. Y por nosotros mismos, es casi seguro que volveremos a nuestros caminos más antiguos y más fáciles.
Pero por eso Pablo solo nos da mandamientos en el contexto de lo que Jesús ha hecho. Podemos andar en amor porque Cristo nos amó y se entregó por nosotros primero (Efesios 5:2). Podemos vivir como hijos de la luz porque, aunque antes éramos tinieblas, ahora somos luz en el Señor (Efesios 5:8). Pablo sabe que lo que él manda solo es posible cuando vemos a Jesús haciendo por nosotros lo que a nosotros nos cuesta hacer por los demás.
A menudo, cuando leemos mandamientos como estos, nos sentimos culpables por no estar a la altura de ellos. Entonces prometemos que mañana nos esforzaremos más y seremos mejores. Pero llega el mañana, y el progreso moral que esperábamos dura poco. Volvemos a reprocharnos y al día siguiente nos esforzamos más. Pero a Pablo no le interesa motivarte con culpa y vergüenza. En cambio, Pablo nos motiva con la gracia, el perdón y el sacrificio que Jesús nos dio cuando aún éramos pecadores.
Ninguno de nosotros es tan sabio, amoroso o humilde como debería ser, pero ¡gracias a Dios que tenemos un Salvador que está a nuestro favor! Así que, si estás en un matrimonio, un trabajo o una familia difícil, o si te encuentras atraído hacia tus antiguas formas de vida, ¡fija tus ojos en Jesús y en su amor, su sabiduría y su humildad! Él no solo te ha salvado, sino que también te perfeccionará hasta hacerte la persona amorosa y humilde que te ha llamado a ser (Hebreos 12:1).
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que te llama a vivir una vida de luz, amor y sabiduría. Y que veas a Jesús como aquel que sabiamente, amorosamente y en sabiduría te salvó, para que puedas andar en obediencia a Dios.

