¿Qué está pasando?
Acercarse al rey sin ser convocado es una sentencia de muerte, y la reina Ester acaba de poner su vida en las manos del rey (Ester 5:1). Tanto ella como el pueblo judío serán masacrados a menos que el rey le muestre misericordia y le dé a Ester la oportunidad de revertir el decreto genocida escrito por Amán. Pero, contrario a sus temores, Ester no muere. En cambio, el rey le ofrece hasta la mitad de su reino (Ester 5:3). Es la primera de varias ironías: reversión tras reversión de lo esperado.
La siguiente reversión es que Ester pide un banquete con el rey y Amán en lugar de pedir la vida de su pueblo (Ester 5:4). Ester sirve vino a su rey y a Amán, e invita a la pareja embriagada a cenar otra vez al día siguiente (Ester 5:8). Cuando Amán sale de la fiesta, ve a Mardoqueo, quien sigue negándose a inclinarse ante su autoridad (Ester 5:9). Amán contiene su ira por un momento y llega a casa. Se olvida de Mardoqueo mientras se jacta ante sus amigos y su familia de su buena fortuna, su poder y sus invitaciones al banquete de la reina (Ester 5:11). Pero su ira se filtra, y su esposa le sugiere que ejecute a Mardoqueo empalándolo en una estaca de veintitrés metros de altura (Ester 5:14). Es una estaca enorme, a la medida del ego inflado de Amán, así que naturalmente este plan le agrada. Pero se está gestando otra reversión más.
Jerjes no puede dormir y pide que le lean sus registros reales (Ester 6:1). Mientras se lee el rollo, Jerjes se da cuenta de que Mardoqueo una vez le salvó la vida y nunca fue debidamente celebrado (Ester 6:3). Amán entra de golpe en la sala, listo para asesinar a Mardoqueo, mientras Jerjes está listo para celebrarlo. Jerjes le pregunta a Amán cómo debería honrar a un hombre en quien el rey se complace (Ester 6:6). Amán, que no conoce a nadie tan grande como él mismo, se deshace describiendo cada honor y celebración que podría desear (Ester 6:8-9). Encantado con los planes de Amán, Jerjes le dice que cumpla todos sus sueños más descabellados y que celebre a Mardoqueo, el hombre al que planea matar (Ester 6:10). Irónicamente, el nombre de Amán significa «el celebrado». Y en ese momento el célebre Amán se ve obligado a celebrar al único hombre que se negó a celebrarlo. El nombre de Amán ha quedado humillado, y su esposa entiende esto como un anticipo de lo que vendrá. La mujer que inspiró a Amán a matar a Mardoqueo en una estaca ahora predice que Amán será empalado en su propia estaca (Ester 6:13).
De inmediato, Amán es llamado a otro banquete (Ester 6:14). Pero Ester revela, por primera vez, que es judía, lo cual significa que Amán ha conspirado para matar a la reina de Jerjes (Ester 7:6). Amán ruega por su vida, pero Jerjes confunde sus ruegos con una agresión. Exige la ejecución inmediata de Amán en la estaca construida para Mardoqueo (Ester 7:7-10).
¿Dónde está el evangelio?
A Dios nunca se lo menciona en el reino pagano de Jerjes. En cambio, se nos da una justicia tan poética que sería irresponsable concluir que no hubo un poeta divino. En el momento en que «el celebrado» pensó que sería honrado, se ve obligado a celebrar a su enemigo; el banquete que Amán creyó que comunicaba su elevado estatus fue su ruina; el momento de sus ruegos fue juzgado como agresión, y la estaca que pensó que vindicaría su honor dañado fue la humillación pública de su nombre. Dios es un historiador irónico, y escribe la historia de tal manera que el mal tramado siempre rima con el mal castigado.
Pero la mayor conspiración contra el pueblo de Dios no fue la de Amán en Persia; fue la de Satanás contra Jesús. Como Amán, Satanás movió todas las palancas del Imperio para masacrar a su enemigo (Mateo 27:1-2). Y como Amán, levanta vigas de madera para empalar a Jesús. Pero, a diferencia del Autor divino de Ester, quien irónicamente deshace la maldad de Amán antes de que suceda, Jesús muere (Mateo 27:50). Sin embargo, tal como Ester tenía un secreto que deshizo el plan de Amán, también había un secreto escondido en la muerte de Jesús (1 Corintios 2:6-7). Si Satanás y sus gobernantes hubieran conocido ese secreto, jamás habrían crucificado a Jesús (1 Corintios 2:8). Y tal como Mardoqueo se levantó en poder por encima de Amán, Jesús se levantó en poder por encima de la muerte misma.
No hay política tan impía ni sepulcro tan oscuro que Dios no pueda revertir a favor de su pueblo. Irónicamente, aunque a Dios no se lo vea, no se lo oiga ni se piense en él —ni en Ester ni en nuestra propia vida—, eso no significa que Dios no esté tramando resurrección y victoria para quienes confían en él (1 Corintios 2:9).
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Autor escondido de la historia. Y que puedas ver a Jesús y su cruz como la victoria irónica y definitiva sobre las maquinaciones de nuestros enemigos.


