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devocional

Isaías 9:8-10:34

El Dios de la historia

En Isaías 9:8-10:34 vemos que Jesús ha entrado en la historia y ha derrotado a sus enemigos por medio de su muerte y resurrección.

¿Qué está sucediendo?

Israel acaba de perder varios territorios del norte ante el creciente imperio de Asiria. Con exceso de confianza, Israel solo ve esta pérdida como una oportunidad para reconstruir ciudades y fortificaciones mejores (Isaías 9:8-10). Pero Isaías profetiza que esta derrota es solo la primera. Dios está convocando a los enemigos de Israel, especialmente a Asiria, y lanzando una campaña contra su pueblo que terminará en su destrucción (Isaías 9:11-12). Los líderes de Israel han envenenado al país. Los ancianos de la tierra son corruptos, los profetas son mentirosos y, juntos, llevan a Israel a rechazar a Dios, a ignorar su consejo y a buscar el mal (Isaías 9:13-16). Israel se ha convertido en una nación sin Dios, impía e insensata (Isaías 9:17). La depravación de Israel está devorando viva a la nación. Sus líderes se asesinan unos a otros por el poder, y los vecinos se destrozan entre sí para su propio beneficio (Isaías 9:18-21). Mientras tanto, los políticos convierten estas injusticias en leyes y se aprovechan de los huérfanos para su propia ventaja (Isaías 10:1-2). Dios está convocando a Asiria para poner fin al reinado de terror e injusticia de Israel (Isaías 10:3-4).

Isaías promete que Israel pronto sentirá todo el peso de la maquinaria de guerra de Asiria. Poco después, Asiria marchará hacia el sur y atacará a Judá y a su capital, Jerusalén. Pero, a pesar de lo inevitable de estos ataques, Isaías consuela a Israel. En última instancia, Asiria no es más que una herramienta en las manos de Dios (Isaías 10:5-6). Sí, el rey asirio es un conquistador orgulloso. Sí, cree que sus victorias militares prueban que sus dioses son superiores a los de Israel. Sí, atribuye todas sus victorias a su asombrosa destreza y estrategia militar. Pero no es más que un hacha en las manos de Dios (Isaías 10:7-15). Así como Dios se ocupará del orgullo de Israel, también se ocupará del de Asiria. Dios tiene el control de la historia mundial y de los imperios globales. Por eso Dios promete que el poderoso imperio que destruirá a Israel será a su vez destruido (Isaías 10:16-19).  

Esto debería consolar a Israel. Si Asiria es la herramienta de Dios y será destruida ella misma, entonces la destrucción que trae sobre Israel no será definitiva. Las campañas de Asiria son parte del plan de Dios para restaurar a su pueblo y llevarlo a confiar en él (Isaías 10:20). Aunque la destrucción está decretada, su propósito es quitar de Israel a los que viven sin Dios, a los impíos y a los insensatos, y dejar tras de sí un pequeño remanente que confiará en Dios y experimentará su bondad una vez más (Isaías 10:21-23). Ni Israel ni Judá necesitan temer a Asiria. Sí, Asiria marchará contra el pueblo de Dios (Isaías 10:28-32). Pero, así como Dios derrotó en el pasado a los enemigos de su pueblo, volverá a hacerlo (Isaías 10:24-27). El hacha que Dios usó una vez para talar el bosque de Israel será ella misma cortada en pedazos, para nunca volver a ser usada (Isaías 10:33-34).

¿Dónde está el evangelio?

Las profecías de Isaías son, a la vez, aterradoras y consoladoras. Son aterradoras porque nos dicen que Dios puede manejar la política mundial, la guerra global y a los reyes orgullosos como si fueran un hacha afilada. Pero son consoladoras porque Dios usa ese poder absoluto para el bien de su pueblo y para la restauración de la justicia y la rectitud. Dios ve con perfecta claridad la profundidad del mal humano y tiene poder absoluto para destruirlo. Las profecías de Isaías son consoladoras porque nada puede impedir que los buenos planes de Dios se cumplan si él tiene el control definitivo de los reyes orgullosos y de la historia mundial. 

Dios es el Dios de la historia. Él conoce y controla todas las cosas. Poco después de que estas profecías fueron escritas, cada una de ellas se cumplió. Asiria invadió Israel, marchó hacia el sur y atacó Jerusalén (2 Crónicas 32). Pero Asiria perdió esa batalla, Jerusalén fue salvada y, poco después, Asiria fue destruida por la nación de Babilonia. El resultado de todos estos conflictos fue que un pequeño remanente del pueblo de Dios permaneció fiel a pesar del caos de la guerra global. Dios es el Dios que conoce y controla la historia, y vale la pena confiar en él. 

No hay mejor lugar para ver el aterrador pero consolador control de Dios sobre la historia que la cruz de Jesús. Jesús era Dios en carne humana, y cuando los líderes políticos y religiosos de su tiempo lo mataron, parecían ser todopoderosos. Pero el Apóstol Pedro dice que, mientras hombres impíos tramaban y planeaban el asesinato de Jesús, Dios seguía teniendo el control (Hechos 2:23-24). Las intenciones malvadas de los seres humanos no eran más que herramientas en las manos de Dios. Su campaña asesina contra Jesús era parte del plan de Dios. Jesús no se quedó en su tumba, sino que resucitó de entre los muertos, humillando a quienes creían ser más poderosos que Dios (Colosenses 2:15). Jesús es el único Dios que ha entrado en la historia mundial, ha demostrado su poder sobre los poderes y ha resucitado de entre los muertos. Vale la pena confiar en Jesús. Él sostiene la historia en sus manos y es aún más poderoso que la muerte misma. Así que únete a su pequeño remanente y ten la certeza de que experimentarás la bondad de Dios una vez más.

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para que veas al Dios que controla la historia. Y que veas a Jesús como aquel que ha entrado en la historia y ha derrotado a nuestros enemigos. 

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