¿Qué está pasando?
Jonás es el único libro profético que no se centra en las profecías del profeta acerca de Israel, sino en el profeta mismo. La vida de Jonás es la profecía. Y el descenso de Jonás al mar por no entregar el mensaje de Dios a Nínive representa el exilio de Israel por no vivir conforme a su llamado como nación.
Israel debía proclamar a todas las naciones el amor abundante y la justicia venidera de Dios. Al hacerlo, Israel bendeciría al mundo (Éxodo 34:6-7, Génesis 22:18). Pero este es precisamente el mensaje que Jonás se negó a dar a sus enemigos, los asirios, cuya capital es Nínive (Jonás 1:2). Y así, por la desobediencia de Jonás, Dios envía un pez para que se trague a su profeta (Jonás 1:17) y para ofrecer a los lectores de Jonás un cuadro profético del descenso de Israel al vientre del exilio.
Dentro del pez y bajo el agua, Jonás apenas está vivo, pero ora (Jonás 2:1). Imitando muchos de los Salmos, Jonás comienza con la esperanza de que Dios ya ha escuchado su oración (Jonás 2:2). Jonás sabe lo que quiso decir el salmista cuando afirmó que todas las ondas y las olas de Dios se habían precipitado sobre él (Salmo 42:7, Jonás 2:3). Las algas se enredan en su cuerpo que se ahoga, mientras desciende aún más hasta las raíces de los continentes (Jonás 2:5-6a).
Hasta ahora en el relato, Jonás solo ha bajado: bajó a Jope, bajó a la barca, bajó al agua, bajó por la garganta del pez y ahora baja hasta el fondo del océano (Jonás 1:3, 5, 15). Pero en lo más profundo ora al Dios que puede levantarlo (Jonás 2:6b-7). Solo Dios puede poner fin a su exilio entre los abismos.
Luego Jonás advierte que los paganos infieles no experimentarán el amor de Dios (Jonás 2:8). Curiosamente, como lectores sabemos que ya lo experimentaron. La vida de los marineros paganos fue preservada de la tormenta que Dios envió contra Jonás. Jonás dice después que hará votos y ofrecerá sacrificios a Dios, a diferencia de los paganos. Pero, de nuevo, sabemos que los marineros ya habían ofrecido sacrificios y hecho votos al Dios de Jonás (Jonás 1:16, Jonás 2:9). La oración de Jonás es sincera, y Jonás está seguro de que Dios lo salvará (Jonás 2:9). Pero su oración está marcada por una ceguera ante lo que Dios ha hecho entre los marineros paganos, y lo que pronto hará en Nínive (Jonás 3:10). Jonás sabe que Dios puede salvar, pero no logra concebir que esa misericordia se extienda a sus enemigos.
Y entonces Dios le ordena al pez que vomite a Jonás en la playa (Jonás 2:10).
¿Dónde está el evangelio?
Muchos de los profetas describen el exilio de Israel como si Israel fuera tragado. El profeta Amós describió el exilio venidero de Israel como un descenso al fondo del mar, donde una serpiente marina gigante los devoraría (Amós 9:3). El profeta Jeremías describe el exilio de Israel como ser tragado por un monstruo del abismo (Jeremías 51:34). E incluso históricamente, cuando el rey asirio finalmente exilia a Israel, toma un enorme garfio, lo atraviesa por la nariz del rey de Israel y lo arrastra fuera del trono como si fuera un pez (2 Crónicas 33:11-12). Jonás trata de mucho más que un gran pez. La vida de Jonás es una profecía. Jonás es una señal. Él representa a Israel y las consecuencias de no vivir conforme a su llamado.
Por eso Jesús llama a Jonás una señal, y a sí mismo una señal aún mayor (Mateo 12:39, 41). Como Jonás fue tragado por el pez e Israel fue tragado por Asiria, así también Jesús será tragado por la tierra y por el poder romano (Mateo 12:40). Igual que Jonás hizo dentro del pez, Jesús cita los Salmos desde la cruz (Salmo 22:1). Como Jonás, Jesús representa al pueblo de Dios, y su descenso a lo profundo representa un exilio venidero. Como Jonás, la muerte de Jesús es señal de un juicio venidero contra todos los que rechazan el llamado de Dios. La tierra de abajo nos tragará para siempre (Jonás 2:6b). Pero la muerte de Jesús también es señal de una resurrección venidera. Jonás no murió en el pez. Israel no murió en el exilio. Y la tumba vomitó a Jesús de vuelta. En el vientre del pez, Jonás dice que la salvación viene de Dios, ¡y Jesús le da la razón a Jonás (Jonás 2:9)!
Pero la salvación no se limita a quienes nosotros consideramos dignos de recibirla. Jonás quería escoger quién oiría el mensaje del amor y la salvación de Dios. Su oración, llena de justicia propia, no podía imaginar que Dios hubiera cambiado el corazón de los marineros, y mucho menos que les hubiera dado vida después de una muerte segura. Pero Dios es el Dios que salva y muestra misericordia a los indignos. Él se juzga y se exilia a sí mismo a la tumba para que todo el que crea en él tenga vida eterna (Juan 3:16). Así que, seas judío o gentil, oprimido u opresor, agraviado o pecador, ¡hay salvación en Jesús!
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que advierte y envía señales. Y que veas a Jesús como aquel que murió en lo profundo de la Tierra para que nosotros tengamos vida con Dios.

