¿Qué está pasando?
Jonás ha sido vomitado en la orilla, y Dios lo llama una vez más a proclamar su mensaje a la gran ciudad de Nínive (Jonás 3:1-2). A Nínive se le llama «gran ciudad» ya en Génesis 10, donde aprendemos que un hombre violento llamado Nimrod es el responsable de fundar tanto Nínive como Babilonia: las ciudades capitales de las naciones que llevarán a Israel al exilio (Génesis 10:9-10). También se nos dice que hacen falta tres días para atravesar Nínive caminando. Es una pista no demasiado sutil de que Jonás está caminando hacia el vientre de un pez más grande y más temible: una antigua ciudad enemiga demasiado deseosa de tragarse por completo al pueblo de Dios. Y como dato curioso, el dios de Nínive era Dagón, la deidad mitad pez.
Una vez allí, Jonás finalmente entrega el mensaje que casi le costó la vida por evitarlo. Es un sermón tenso de cinco palabras en hebreo: «Dentro de cuarenta días Nínive será trastornada» (Jonás 3:4). Es un discurso ridículamente anémico. No menciona quién trastornará a Nínive, si Dios estará involucrado siquiera, ni cómo evitar el trastorno que viene. La palabra «trastornar» también es ambigua. Puede significar «destruida en juicio», como cuando se usó al ser incendiadas Sodoma y Gomorra (Génesis 19:25). O puede significar «transformar», como cuando Dios trastornó la maldición del falso profeta Balán y la convirtió en bendición para Israel (Deuteronomio 23:5). Que es exactamente lo que está a punto de pasarle a Jonás. Lo que Jonás esperaba que sellara la destrucción de los ninivitas produce su transformación.
Nínive le cree a Dios y se arrepiente (Jonás 3:5a). Tanto los poderosos como los pobres ayunan y cambian sus ropas por sacos viejos, como señales de indigencia y vacío delante del Dios contra el que han obrado mal y de quien necesitan misericordia (Jonás 3:5b). Incluso el rey de Nínive reconoce su maldad y se arrepiente (Jonás 3:6). Y formaliza el avivamiento que comenzó entre sus súbditos (Jonás 3:7). ¡Hasta ordena que las vacas y las ovejas de Nínive ayunen y sean cubiertas de tela de saco para demostrar el arrepentimiento total de su maldad (Jonás 3:8)! Al igual que el capitán de los marineros no sabía si serían salvados de la tormenta (Jonás 1:6), el rey no sabe si este arrepentimiento será suficiente para apartar la ira de Dios y salvarlos de la muerte (Jonás 3:9). Pero Dios ve cómo los habitantes de Nínive se vuelven a él, y trastorna la destrucción con la que los había amenazado (Jonás 1:10). Para profunda decepción de Jonás, Nínive sí es trastornada, solo que no de la manera que él esperaba.
¿Dónde está el evangelio?
El capítulo tres de Jonás es un espejo del capítulo uno. En ambos capítulos, la fidelidad de los paganos contrasta con la resistencia y la reticencia de Jonás. Tanto el capitán anónimo de los marineros como el rey anónimo de Nínive son más fieles que Jonás. Y tanto el capitán como el rey salvan a su pueblo a pesar de los «mejores» esfuerzos de Jonás. Dios transforma la destrucción en salvación para los que lo invocan, y usará incluso al infiel Jonás para lograrlo.
Este es el patrón tanto en la historia de Jonás como en la de Jesús. Como el infiel Jonás, los fariseos judíos no podían digerir que se predicara la salvación a personas que ellos consideraban dignas de destrucción (Mateo 23:13). Finalmente, los fariseos mataron a Jesús con un veredicto irónico y lacónico colgado sobre su cruz: «Jesús, Rey de los judíos». Pero lo que ellos pensaban que era una burla sarcástica fue trastornado. Y según el Apóstol Pablo, Dios trastornó la infidelidad de Israel para que el resto del mundo pudiera confiar en Jesús (Romanos 11:11). La infidelidad de algunos ha llevado a la salvación de todos y ofrece la esperanza de que los que al principio fueron infieles (como Jonás e Israel) puedan volver una vez más (Romanos 11:11b).
Pero seas judío o no, el mensaje de Dios para nosotros es el mismo que Jonás entregó. Él viene a trastornar. O bien te trastornará a ti y a tu maldad en su gran ira, o bien te transformará en ciudadano de su Reino y en receptor de su bendición, por su gran misericordia en la cruz. Así que vuélvete, arrepiéntete y pídele misericordia a Dios, y serás salvo.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que viene a trastornar. Y que veas a Jesús como aquel que nos transforma en ciudadanos de su Reino solo por la fe.

