¿Qué está pasando?
Los discípulos están admirados por la belleza del templo, pero Jesús les dice que todo será derribado (Marcos 13:2).
Este anuncio dejó impactados a los discípulos. El templo era la casa de Dios y el centro de la vida judía. La destrucción del templo significaría el fin del mundo tal como ellos lo conocían. Así que le preguntan a Jesús cuándo sucederá esto, y Jesús responde hablándoles de varias señales que deben ocurrir primero.
Este pasaje puede volverse confuso muy rápido. A veces parece que Jesús habla de acontecimientos inminentes, como la destrucción del templo por parte de los romanos en el año 70 d.C. Otras veces parece que Jesús habla de su segunda venida. O quizá Jesús hablaba tanto del presente como del futuro.
Pero, sea cual sea la interpretación correcta, la exhortación de Jesús a sus discípulos es la misma: manténganse alerta. Jesús repite este mensaje nueve veces en este pasaje.
«Tengan cuidado» (13:5). «No se alarmen» (13:7). «Estén en guardia» (13:9, 23, 33). Y «vigilen» (13:33, 35, 37).
Así que, ya sea que Jesús esté hablando del pasado o del futuro, su respuesta a la pregunta de los discípulos tiene menos que ver con una fecha que con una actitud de confianza en Dios.
¿Dónde está el evangelio?
Jesús nos dice que vendrá persecución, y esto es una buena noticia. Cuando parece que la batalla se está perdiendo, Jesús nos está preparando para la victoria. Cuando los discípulos sean apresados y golpeados, proclamarán la buena noticia de Jesús ante reyes y gobernadores (13:9). Cuando sean llevados a juicio, el Espíritu Santo les dará una defensa perfecta (13:11). Cuando sus propias familias los traicionen y los maten, ellos serán salvos (13:12). Por medio de su fidelidad, todas las naciones oirán la buena noticia de Jesús.
Pero ¿cómo lo sabemos con certeza? ¿Cómo sabemos que los golpes, los juicios y la muerte son una buena noticia? ¿Cómo sabemos que el Espíritu Santo nos dará las palabras, o que nuestro sufrimiento terminará en nuestra salvación? Y la respuesta es: porque Jesús lo hizo primero.
Jesús fue golpeado y azotado por los romanos. Fue juzgado falsamente por los judíos. Fue traicionado por Judas. Fue odiado por todo su propio pueblo, que gritaba: «¡Crucifícalo!». Jesús soportó todo esto hasta el fin y luego resucitó de entre los muertos.
Jesús garantiza la promesa viviéndola y cumpliéndola él mismo. Toda autoridad le ha sido dada a Jesús, y esto capacita a sus discípulos para enfrentar con confianza el sufrimiento y el sacrificio. La consecuencia de nuestra persecución y de ser juzgados es el poder de la resurrección, la proclamación del evangelio a todas las naciones y la salvación para todos los que perseveren hasta el fin.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que puede usar el sufrimiento para su gloria. Y que veas a Jesús como aquel que sufrió por tu bien.

