¿Qué está pasando?
Dios hizo el mundo por medio de palabras (Génesis 1:3). Él habló, y nació todo lo que conocemos. Solo por las sabias palabras de Dios tenemos vida nosotros y nuestro planeta. Y fue por la palabra de Dios que el mundo quedó bajo maldición (Génesis 3:17). Proverbios 18:21 lo dice así: «En la lengua hay poder de vida y muerte». Esto se aplica sobre todo a Dios, pero también se aplica a nosotros. Dios les ha dado a los seres humanos el poder singular de dar vida y muerte por medio de las palabras.
Nuestras palabras tienen el poder de provocar amor o violencia. «Los labios del necio … le acarrean una paliza … y sus labios son una trampa mortal para su vida» (Proverbios 18:6-7). Nuestras palabras pueden avergonzar y juzgar a otros, o pueden ser un medio de misericordia. «Despide al insolente, y se irá la discordia; cesarán los pleitos y los insultos» (Proverbios 22:10). Proverbios entiende que los seres humanos, hechos a imagen de su Dios, llevan un gran poder. De hecho, nuestras palabras no solo afectan las relaciones personales: la seguridad y el éxito de las ciudades pueden depender de las palabras de quienes tienen influencia en ellas (Proverbios 11:11).
Las personas sabias eligen sus palabras con cuidado porque «los labios sinceros permanecen para siempre» (Proverbios 12:19). Las personas sabias también eligen con cuidado el momento oportuno. No importa qué tan hermoso cante alguien, nadie quiere escucharlo a las 5 de la mañana (Proverbios 27:14). La disposición a decir la palabra correcta en la ocasión correcta es sabiduría; así es como tú y tu lengua fueron diseñados para funcionar. Proverbios reconoce el poder de la lengua para dar vida o muerte; las personas sabias eligen usar su lengua para dar vida.
¿Dónde está el evangelio?
Nuestro problema es que nuestra boca nos delata. Igual que enseñó el libro de Proverbios, Jesús dijo que las palabras son todo lo que necesitas para saber cómo está el corazón de una persona (Mateo 15:18). Jesús incluso nos advierte que serán nuestras propias palabras las que se usarán para salvarnos o condenarnos (Mateo 12:36). Todos quedaríamos horrorizados y humillados si cada palabra que hemos dicho se subiera a internet.
Pero la buena noticia es que las palabras de Jesús son más poderosas que las nuestras. Sus palabras son siempre perfectas y siempre dan vida (Marcos 5:41). Y en las últimas palabras de Jesús en la cruz —«Todo se ha cumplido»— toda palabra malvada, frívola o descuidada que hemos dicho queda borrada (Juan 19:30). Para cualquiera que diga «creo», Jesús aparta nuestras palabras de nuestra reputación tan lejos como el oriente está del occidente (Salmo 103:12).
Y gracias a Jesús, las palabras sabias que pronunciaron sanidad sobre manos paralizadas, cuerpos sin vida, mentes endemoniadas y corazones muertos ahora viven dentro de nosotros (Mateo 12:13, 8:16; Juan 14:16-18). Nuestras palabras ya no traen vergüenza, sino que reciben el poder de hablar vida y gracia a quienes nos escuchan (Efesios 4:29).
Ahora podemos orar con confianza en la presencia de Dios sin preocuparnos por decir algo malo. Podemos esperar con seguridad que él responderá nuestras oraciones (Hebreos 4:16). Aunque las palabras «todo se ha cumplido» y «creo» parezcan insignificantes, alabado sea Dios porque está dispuesto a usar palabras sencillas para concedernos su gran salvación.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que hizo brotar la vida y la creación con palabras sabias. Y que veas a Jesús, el Verbo hecho hombre, que nos da vida nueva a nosotros y a nuestras palabras.

