¿Qué está pasando?
Proverbios es un libro de sabiduría. Trata sobre cómo funciona el mundo, cómo evitar sus males y cómo experimentar la bendición de Dios. En los versículos iniciales, Salomón nos dice los dos propósitos de su libro: la audiencia a la que escribe y el corazón de la verdadera sabiduría.
El primer propósito de Proverbios es hacernos reconocer y entender la sabiduría cuando la escuchamos (Proverbios 1:2). Su segundo propósito es enseñarnos qué es sabio (Proverbios 1:3). La audiencia del mensaje de Salomón es todo el mundo (Proverbios 1:5-6), pero está escrito particularmente para los jóvenes e inmaduros (Proverbios 1:4). De hecho, gran parte del libro está presentada como una serie de enseñanzas que un padre da a su hijo.
La “sabiduría” en las Escrituras se define de varias maneras. La sabiduría puede ser el dominio técnico de un oficio, como el que ejercían los sastres que hicieron las vestiduras del sacerdote y los orfebres que labraron los adornos del tabernáculo (Éxodo 28:3, 31:3). La sabiduría también puede ser la capacidad de emitir veredictos justos, como hizo Salomón cuando intervino en una disputa por la custodia materna (1 Reyes 3:28). La sabiduría es incluso la capacidad de dirigir a una nación (Deuteronomio 34:9). En un sentido más amplio, la sabiduría es entender cómo funciona la vida (o las personas, las naciones o las cosas) y luego usar ese conocimiento para responder de manera apropiada, justa o hábil.
Por eso, la primera enseñanza de sabiduría de Salomón no es un dicho sabio; es una declaración acerca de la naturaleza y el corazón de la verdadera sabiduría. Salomón dice: “El temor de Dios es el principio de la sabiduría y del conocimiento” (Proverbios 9:10).
Si la sabiduría consiste tanto en entender como en responder a la manera en que funciona el mundo, no puedes ser verdaderamente sabio sin entender y responder a aquel que creó el mundo y diseñó su funcionamiento (Proverbios 3:19-20). La verdadera sabiduría debe tomar en cuenta al creador y la sabiduría que él usó para formar el mundo y a sus habitantes.
Salomón advierte que cualquiera que rechaza la sabiduría inscrita en el mundo es un necio. Los necios pueden esperar la muerte (Proverbios 1:18). Ser necio trae consecuencias graves porque implica rechazar a Dios. Buscar o rechazar la sabiduría es una decisión moral entre el bien y el mal. El libro de Proverbios nos invita a escoger la sabiduría, adquirir entendimiento y ordenar nuestra vida en armonía con el creador de la vida, aceptando humildemente a Dios y temiéndole.
¿Dónde está el evangelio?
Dios hizo el mundo con perfecta sabiduría (Proverbios 3:19). El Apóstol Juan lo aclara al decir que Jesús creó el mundo y que todo fue hecho por su mano (Juan 1:3). Y el Apóstol Pablo dirá que en Cristo “están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2:3).
Pero la sabiduría de Dios no se ve principalmente en la capacidad de Jesús para crear el mundo. Más bien, se ve en la muerte y resurrección de Jesús. El Apóstol Pablo dice: “nosotros predicamos a Cristo crucificado… poder de Dios y sabiduría de Dios” (1 Corintios 1:23-24). El mundo funciona según los dos principios del poder creador de Dios y la muerte sacrificial de Jesús.
Para muchos, la idea de obedecer o temer a un Dios creador es una locura; para otros, la idea de un Dios que murió y resucitó de entre los muertos es extraña. Pero para los cristianos, Dios es nuestra realidad fundamental; la resurrección es el principio que ordena nuestro mundo.
Lo observamos en la manera en que funciona la naturaleza. Las semillas deben ser sepultadas y morir antes de que se recoja la cosecha (1 Corintios 15:36). El Apóstol Pablo señala que la sabiduría aplicada a las semillas creadas también debería aplicarse a nuestros cuerpos creados (1 Corintios 15:42). ¡Si las semillas pueden ser levantadas de entre los muertos por la sabiduría de Dios, nosotros también!
En cierto sentido, la muerte y resurrección de Jesús deberían ser algo esperado cuando contemplas la manera sabia en que funciona el mundo. Pero, más importante aún, es la garantía de que la vida de resurrección y la sabiduría llegan a quienes temen a Dios, mientras que la muerte y la necedad siguen a todos los que rechazan la sabiduría de Jesús. Si quieres una vida de resurrección, escoge la sabiduría. Escoge a Jesús.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que ordena el mundo con sabiduría. Y que veas la muerte y resurrección de Jesús como el lugar donde la sabiduría de Dios se demuestra con mayor claridad.

