¿Qué está pasando?
En el último capítulo de Proverbios escuchamos al rey Lemuel. Más específicamente, escuchamos la sabiduría de la madre del rey Lemuel. Ella le enseñó a Lemuel lo que significa ser un rey noble y moldeó su comprensión de lo que hace valiente a una esposa.
Aunque los reyes suelen usar su poder de manera egoísta, la madre de Lemuel le enseñó que un rey no debe ser gobernado por sus pasiones. Los reyes no están hechos ni para las mujeres ni para el vino, sino para el servicio. Los reyes abogan por quienes no tienen voz y hacen justicia a los oprimidos. Los reyes nobles también buscan esposas nobles.
No es insignificante que Proverbios comience presentando a la Sabiduría como una mujer y termine con la sabiduría de una reina sabia que describe a una mujer sabia. Pasar de una mujer alegórica a una esposa de carne y hueso nos muestra que la sabiduría no es simplemente una búsqueda mental, sino una virtud concreta. Esta esposa valiente es un modelo a seguir. Las mujeres deberían querer ser como ella, los hombres deberían querer casarse con ella, y todos los que buscan la sabiduría deberían querer encarnar su sabiduría en su propia vida.
Esta mujer es una heroína para su esposo, para su comunidad y para sus hijos. A diferencia de tanta literatura antigua y moderna, no hay preocupación por su cuerpo ni por sus curvas. No se encierran las responsabilidades de una esposa en el silencio y lo doméstico. Al contrario, ella es empresaria, maestra y filántropa. Los estudiosos señalan que Proverbios 31 tiene más en común con los himnos heroicos de Israel que con cualquier otro género.
Aunque en español nos pase desapercibido, el poema está lleno de palabras e imágenes normalmente reservadas para las campañas militares. Esta mujer «extiende su brazo… al huso», tal como se nos dice que los brazos extendidos de Dios salvaron a Israel de Egipto. Esta reina valiente, en las tareas cotidianas de proveer ropa y ganar dinero, es instrumento de Dios para el bien y la justicia en el mundo.
¿Dónde está el evangelio?
La madre de Lemuel esperaba que su hijo fuera un rey desinteresado y que se casara con la reina valiente que ella describió. Si somos solteros, podemos preocuparnos por no ser la clase de persona «apta para el matrimonio» que Lemuel describe. Si estamos casados, tenemos mucha evidencia que muestra cómo no alcanzamos los estándares de Proverbios 31. Pero el Apóstol Pablo nos dice que tanto el deseo de la madre de Lemuel como nuestros sentimientos de insuficiencia se resuelven mejor en la relación de Jesús con su Iglesia.
Pablo les dice a los esposos que el propósito del matrimonio es retratar y simbolizar el amor de Jesús y la manera en que él busca a su esposa valiente, su Iglesia. Como el rey que describió la madre de Lemuel, Jesús no vino para ser servido con vino ni con mujeres, sino para servir y dar su vida por su novia.
Y Jesús sirve a su novia transformándola en la novia que está destinada a ser. Jesús borra la evidencia de todo aquello en lo que ella se queda corta y la hace valiente y sabia. Cuando le decimos «sí, acepto» a Jesús, él nos presenta como personas fuertes, sabias, honestas, compasivas y puras. Nos transforma para que consideremos no solo a nuestra propia familia, sino también a los pobres. Jesús nos fortalece para extender nuestras manos a la dura labor de la justicia y la misericordia hasta que su Reino venga otra vez. Aunque muchas veces nos quedamos muy cortos, como un buen esposo, Jesús perdona lo que hemos hecho. Y se ha dedicado a hacernos reyes y reinas sabios en su Reino.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que es un Rey desinteresado. Y que puedas ver a Jesús como el esposo fiel que busca a su novia y la hace sabia y fuerte.

