¿Qué sucede en el Salmo 1?
El Salmo 1 trata de cómo podemos ser dichosos y cómo podemos tener una relación feliz y correcta con Dios (Salmo 1:1a). Divide al mundo en dos categorías: los justos y los impíos (Salmo 1:6). Los justos son los que están bien con Dios; los impíos, no. La diferencia entre ambos está en el lugar donde han sido plantados.
De los impíos se dice que viven y trabajan en el mal. Andan en la culpa, se detienen en lo malo y finalmente se plantan en el orgullo (Salmo 1:1b). Creen que esa manera de vivir los hará prosperar, pero solo los lleva a marchitarse y morir. Por eso los impíos son descritos como paja. La paja es la parte inútil y muerta del tallo del grano, la que el viento se lleva con facilidad (Salmo 1:4). Son como las semillas de un diente de león, deshechas con un solo soplo.
Pero los justos son retratados como un árbol sano y lleno de fruto, porque están plantados junto a un río de agua (Salmo 1:3a). No andan persiguiendo lo que ellos creen que hará prosperar su vida. Al contrario, descansan en lo que Dios dice que los hará prosperar: la ley de Dios (Salmo 1:2). La palabra “ley” se refiere a la Torá, los primeros cinco libros de la Biblia. Este salmo nos dice que meditar en la Palabra de Dios trae vida y prosperidad.
Ser dichoso —o prosperar, como lo llama este salmo— es estar junto al río. Ese árbol siempre tiene hojas sanas y da su fruto a su tiempo, porque constantemente recibe alimento del río. Esa persona prospera porque vive una vida moldeada por la Palabra de Dios.
Los impíos se marchitan porque no están conectados con la fuente de la vida (Salmo 1:5). Los justos florecen porque están profundamente arraigados.
¿Dónde está el evangelio?
Jesús retoma estas ideas en su famoso Sermón del Monte, en Mateo 5-7. Igual que este salmo, comienza su mensaje con la palabra “Dichosos” (Mateo 5:6). Y también, igual que este salmo, termina su mensaje hablando de los destinos tan distintos de los justos y de los impíos (Mateo 7:26).
Jesús coincide con el Salmo 1 al decir que la diferencia está en que los impíos perecen porque él nunca los conoció (Mateo 7:23). No estaban plantados junto a su río.
Lo que Jesús quiere decir es que él es el río de vida del Salmo 1 (Juan 7:37). La bendición llega a quienes se plantan junto a él. Esto no se logra a base de esfuerzo, como los impíos que andan, se detienen y se sientan. Nos plantamos en Jesús descansando, confiando y creyendo en quién es Jesús (Juan 7:38).
Los orgullosos e impíos se alejan de este río, y por eso se marchitan y mueren. Los justos se plantan junto a él y viven. No andes en tus propias fuerzas. Te marchitarás. Confía en Jesús y prosperarás. No te apoyes en lo que tú puedes hacer. Te secarás. Plántate en lo que Jesús ha hecho por ti, y florecerás. No te sientes tercamente en tu propio orgullo. Morirás. Descansa con humildad en Jesús, y vivirás.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios cuya presencia misma y cuya Palabra son bendición. Y que veas a Jesús como el río pleno y definitivo junto al cual somos plantados y hechos crecer.


